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Entre aplausos y lágrimas despiden a Fernando del Paso en Bellas Artes

Socorro está conmovida por la ovación que recibe el amor de su vida, Fernando del Paso. Murió hace tan sólo dos días. Y hoy ella está aquí, sin él, a lado de sus hijos, con las cenizas de su padre en las manos. Fueron 60 años de amor. De esos que sólo son posibles en el universo de un ser que pudo engrandecer a la cultura mexicana al dejar como legado obras como «José Trigo», «Palinuro de México» y «Noticias del Imperio».

Al Palacio de Bellas Artes han llegado los amigos, Adolfo Castañón, Vicente Quirarte, Gonzalo Celorio, José Carreño, José Sarukhán, Homero Aridjis y Enrique Florescano. Todos montan guardia de honor mientras el Cuarteto Ramos toca algunas de las obras favoritas del escritor que nació en la Ciudad de México y se afincó en Guadalajara.

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La lista de temas la armó Alejandro Del Paso, pensó en todas las que le gustaban a su papá, La Traviata, Carmen; piezas de Mozart, Massenet, Händel. La música resuena en unas cuerdas dolorosas que interpretan, paradójicamente, sonidos festivos.

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Alejandro Del Paso lleva un saco rojo, chillante, como los que le gustan a su padre. Y lee «Allí está todo el año»:

«Cuando yo me muera, allí está todo el año: tómalo. Cuando yo me muera, cómprate un calendario y por cada mes que todavía me quieras, deshoja la hoja, arráncala, arrójala: A enero, mándalo al cielo. A febrero, con mis camisas. Con marzo, envuelve una rosa. Y hazte con abril un barco que navegue despacio, hasta mayo. A junio dile que me salude a julio y mándalos a los dos por un embudo.

«Y con agosto, amada mía, cubre tus pechos para que se incendie el día. Cuando yo me muera, allí está septiembre: bésalo. Con octubre, haz un cometa y con noviembre, su cola. Y a diciembre deshójalo y jura que al mismo tiempo si me quieres, no me quieras, si me olvidas, no me olvides».

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En Bellas Artes hay más aplausos y más lágrimas. Los lectores de Del Paso caminan frente a la urna. Socorro y sus hijas, Paulina y Adriana, piden un pañuelo. La primera lee un fragmento de Palinuro de México, la segunda agradece todas las muestras de amor a Fernando del Paso, que amaba tanto leer y escribir y pintar y amar y vivir.

María Cristina García Cepeda y Quirarte, hablan sobre las virtudes del hombre y de su obra.

Es un triste y amoroso adiós a Don Fernando, el genio que nos enseñó a amar a las letras y a la historia de México.

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