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Un ingrediente que todos tenemos en la mesa podría haber engendrado la vida en la Tierra

Cómo empezó la vida es una de las cuestiones fundamentales para las que la ciencia aún no tiene respuesta. Una de las hipótesis por la que apuestan los científicos es la del caldo primordial, una mezcla de aminoácidos, nucleótidos y otros elementos básicos que aparecieron en los océanos tras el impacto de rayos cósmicos y las altas temperaturas.

Esta teoría fue apoyada por el famoso experimento de Miller y Urey, que demostró que las moléculas orgánicas necesarias para engendrar la vida pueden formarse de componentes inorgánicos. El experimento mostró que las descargas eléctricas que imitaban los rayos contribuyeron a la creación en los tubos sellados con agua, metano, amoniaco e hidrógeno de elementos orgánicos como los aminoácidos, considerados los principales pilares de la vida.

Los poderes inesperados de la sal de mesa

Un nuevo estudio, liderado por los científicos del Instituto de Ciencias de la Vida en la Tierra (ELSI, por sus siglas en inglés), del Instituto de Tecnología de Tokio, contribuye al entendimiento de cómo el ácido ribonucleico (ARN), considerado una molécula clave en la formación de la vida, podía aparecer en la Tierra de manera abiótica. Los investigadores descubrieron que el elemento que resultó ser crucial en la creación de los componentes básicos que forman el ARN resultó ser el cloruro de sodio, o en otras palabras, la sal común.

Su trabajo, publicado en la revista Chemistry Select, ha mostrado que una serie de componentes necesarios para la síntesis del ARN se forman cuando un elemento simple, combinado con el cloruro de sodio, está expuesto a los rayos gamma.

Los químicos no suelen atribuirle mucha importancia al cloruro de sodio en las reacciones, pero los autores del estudio sostienen que es precisamente la sal de mesa la que, una vez expuesta a la radiación gamma, ayuda a crear compuestos de alta energía que pueden ayudar a construir las complejas moléculas de ARN.

«Ahora la pregunta no es tanto sobre cómo hacer todos los elementos principales para crear el ARN, sino cómo combinarlos en un ‘pequeño estanque tibio’ para crear los primeros polímeros del ARN», afirmaron en el comunicado del instituto japonés. «Uno de los principales desafíos en ello es comprender cómo otras moléculas, no aquellas que son importantes en la creación del ARN, podrían afectar a este proceso», agregaron.

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