Mundo

Decomisan en Perú el cargamento «más grande» de aletas de tiburón que se enviaría a Asia

La Aduana de Perú realizó un mega operativo de control la semana pasada en la ciudad portuaria de Callao, al oeste de Lima (capital del país), donde dio con varios cargamentos sospechosos —cuyo destino era China— y decidió examinar: en el interior de varios contenedores se encontraban entre 100 y 150 sacos con miles de aletas de tiburón, informó Ojo Público.

La Brigada de Operaciones Especiales, perteneciente a la Aduana y encargada de combatir a las organizaciones dedicadas al tráfico de especies acuáticas en peligro de extinción, llevó adelante la requisa de los contenedores.


Luego de un estudio preliminar, las autoridades identificaron más de 25.000 restos de especies marinas como el tiburón azul y el tiburón zorro, entre otras incluidas en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Los funcionarios de la aduana concluyeron que los animales fueron sacrificados en los mares del norte de Perú y Ecuador.

La investigación señaló como dueñas del cargamento a las compañías Angaff SAC, Huiman SAC, Lamarqocha Inversiones SAC, con sede en Lima; Inversiones Perú Flippers de Callao EIRL; y Marea Blue EIRL de Tumbes.

Según su información financiera, estas empresas se crearon en los últimos cinco años y realizan importaciones desde Ecuador y exportaciones a China y Hong Kong, mercados que comercializan las aletas de tiburón en el negocio gastronómico o las industrializan por sus supuestas propiedades afrodisíacas.

El organismo de control portuario emprendió una investigación para establecer la procedencia real de la carga, la más grande de los últimos años, y podría llegar a permanecer inmovilizada hasta por 30 días.

El comercio ilegal de las aletas

En la actualidad, Perú es el tercer país exportador de aletas de tiburón a nivel global y el mayor proveedor latinoamericano de este producto hacia China, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

El comercio en el país no está prohibido —salvo la del tiburón martillo— y por lo tanto se ha convertido en la ruta de salida de países como Ecuador, donde no se permite su venta al exterior. Dentro de las cargas de las especies autorizadas, se esconden también aletas que provienen de tiburones con restricciones comerciales.

Sebastián Hernández, experto en biología marina y en el estudio de aletas de tiburón, asegura que el comercio aumentó de manera drástica en las últimas tres décadas —principalmente por su alto precio en el mercado internacional—, pero la problemática cobró relevancia pública cuando varias especies ingresaron a la Convención Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES).


«El kilo de aletas puede costar 10, 20 o hasta 30 veces más que el precio por kilo del resto del cuerpo del animal. Esto se debe a la alta demanda que tienen hoy en el mercado asiático. Se utilizan para una sopa que se sirve en banquetes y en restaurantes como una demostración de prestigio. Un plato puede costar entre 100 y 200 dólares», afirma el especialista, en diálogo con este medio.

Hernández asegura que el ascenso social y económico de Asia, especialmente de China, fue clave para que más personas empezaran a consumir estos platos, considerados «lujosos».

«En los ’80 comenzaron a importarse con mayor volumen las aletas, dado el estatus social que te proveía consumirlas. Durante los últimos cinco años se trabajó bastante con diversos proyectos en la sociedad civil de Hong Kong para que ellos sepan de dónde vienen lo que consumen», explica.

Pero no es un problema que solo incumbe a Perú y Ecuador. Países como Brasil, Uruguay y Argentina (con salida al océano Atlántico) también comercializan esta especie. El biólogo apunta a Brasil como potencial destino de la carne de tiburón que luego se exporta a otros países.

«Es necesario revisar los acuerdos de protección en Latinoamérica para frenar esto. Muchas especies corren gran peligro de extinguirse por completo. Es deber de las autoridades dar la trazabilidad que requiere el comercio legal, pero ponerse completamente estrictos con lo que está prohibido», recomienda Hernández.

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top