Julio Figueroa - Vistas

El regreso del huizache – Julio Figueroa

Regresó el hijo pródigo a su casa de Filosofía en el centro histórico, donde empezó desde su preparatoria en los lejanos 80 del siglo pasado y hoy en plena Edad Luz cierra el ciclo con la licenciatura de Filosofía en sus manos, bien ganada con su sangre y sudor y espinas a lo largo del tiempo inclemente, con sus ideas, pensamientos y reflexiones, con su poesía de hombre del subsuelo y huizache del desierto.

Y todos le dijeron: es muy bueno cerrar los ciclos y luego abrir nuevos.

Y tronaron los aplausos y los abrazos y las risas sobre el huizache.

La lluvia benigna sobre el hombre subterráneo.

Y sus maestros y sinodales y la directora de la facultad le abrieron las puertas y los brazos y lo colmaron de palabras de aliento.

–Ya regresaste, ahora no te vayas.

–No te salgas de la fila.

–Ayuda a construir esta casa de la Filosofía con otra cara con menos egos y más humildad.

–Los escollos y obstáculos son parte de la vida y, aunque hacen el camino más largo y difícil, son necesarios porque enseñan lo que es el mundo y hacen madurar a las personas o las quiebran.

–Con título y sin título, es la hora del nuevo académico y del viejo topo de derramar lo que sabe sobre el mundo que lo rodea, y, con la experiencia acumulada, animar la conversación y templar el debate sobre las ideas y las demás cosas que nos conciernen y nos tocan de cerca: la vida, el amor, la muerte, la política, la poesía, la filosofía…

–Como el mismo titulado lo dijo, sabiendo que lo ordinario y lo extraordinario son parte de la vida cotidiana.

–Y que de las personas más oscuras y apartadas de la tierra, los huizaches a la intemperie en el mar de la soledad y el desierto del amor, pueden surgir obras prodigiosas de amor y comunión.

–Porque el huizache es el espino que da peras increíbles.

–Amén.

¿Cómo mover el mundo con humildad y modestia?

–Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza.

–Un hombre pasa con un pan al hombro.

–Alguien va en un entierro sollozando.

Es bueno “viajar con esperanza”, dijo la lluvia desde arriba, aunque nunca se arribe a la tierra prometida, de pronto cae la lluvia.

Si “el que se va no vuelve aunque regrese”, escribió José Emilio Pacheco en su último libro de poemas, y “los días que no se nombran” no existen y se borran, y “todo es nunca por siempre en nuestra vida”, quede al menos este lunes 28 de enero de 2019 a la una y pico de la tarde este encuentro y reencuentro entre viejos y nuevos amigos. Fue una tarde de afecto y comunión.

Luego siguió un agradable convivio en El Mesón de la Corregidora, con la Corregidora atendiéndonos, sin aspavientos.

Gracias.

Q, Presidentes, martes 29-I-2019.

Foto de Hernando Lozada.

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