Josué Guerrero - La Forma es Fondo

Guardia Nacional, un tema que se remonta a 1824 – Josué Guerrero

Vivimos tiempos de cambio político y social en México. Cambio que no necesariamente tiene que ser para bien, o hacia adelante. Estamos en los primeros meses de gobierno, del primer régimen de izquierda en nuestro país, que llega con un amplísimo margen de votos a favor respecto de su competidor más cercano, con la enorme legitimidad y capital político que ello representa.

El nuevo régimen, representado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, impulsa en el Poder Legislativo, la creación de una Guardia Nacional con el propósito de hacer frente a los graves problemas de inseguridad que enfrenta el país. Su partido y sus aliados, argumentan en los debates la necesidad de dotar a esta guardia de mando, disciplina y administración militares, estando formada sin embargo por civiles. La oposición, compuesta por un bloque de partidos de distinta ideología (PAN, PRD, MC, PRI, PVEM) han argumentado la necesidad de retirar el mando y la influencia castrense en el cuerpo que pretende crearse. El tema ha generado polémica y ha sido el centro de la discusión política en prácticamente todos los foros, sin embargo no es un tema nuevo en nuestro país.

La guardia nacional tiene un antecedente lejano en México; se contempla por primera ocasión dentro de la Constitución de 1824, la primera Carta Magna que organiza políticamente a nuestro país en una República Federal es de inspiración casi total en los ordenamientos máximos de los Estados Unidos de América, que hasta la fecha cuentan con una guardia nacional. ¿Cómo era esa primera guardia nacional? Se trataba de un cuerpo civil armado, al mando de los gobiernos de los Estados (19 y un Distrito Federal, en ese entonces) que buscaba dotarlos de una fuerza civil y popular destinada a resguardar la soberanía y seguridad dentro de sus límites territoriales. Resulta curioso conocer opiniones de militares de la época como Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y el propio Guadalupe Victoria que veían con reserva y recelo estos cuerpos civiles; sabían estos hombres de armas del riesgo de dotar a las entidades de milicias, mismas de las que podían echar mano caudillos con proyectos políticos propios y levantarse contra la República, algo que finalmente sucedió en varias ocasiones.

Posteriormente, de 1836 a 1846, viene un régimen centralista que elimina la guardia nacional y concentra el poder militar en el ejército permanente. La invasión estadounidense de 1847, obliga a decretar la creación de una guardia nuevamente, sin embargo la falta de unidad e identidad nacional (citada por historiadores y por personajes de la época) provoca que los cuerpos de milicia no lleguen a las batallas relevantes e incluso otros, como el comandado por Juan Álvarez (después Presidente de la República) no entren en combate por diferencias políticas.

Las consiguientes constituciones (1857, 1917) y regímenes políticos (Juárez, Díaz y post revolucionarios) contemplaron una guardia nacional sólo en caso de emergencia, sabedores del peligro que representaba contar con milicias al mando de las entidades federativas.

El planteamiento de la oposición en nuestra actualidad, propone dotar de certidumbre legal al Ejército para que continúe con tareas de seguridad en tanto la guardia nacional se consolida. La vocación del Ejército Mexicano fue clara tras el establecimiento de la Constitución de 1917 y lo ha sido en lo que lleva el siglo XXI: lealtad a la Constitución y a sus instituciones. El de México, ha sido el único ejército de América Latina que no estuvo involucrado en golpes de Estado o cuartelazos en todos estos años, deben pues nuestros legisladores, asegurar que puedan continuar con sus labores y vocación, sin acercarlos a límites peligrosos, que tantas veces hemos visto repetirse en otras latitudes.

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