Gerardo Aguilar - A ojo de pájaro

Cormorán neotropical: el pato, que no es pato – Gerardo Aguilar Anzures

En la entrega anterior escribí acerca de la Matraca del Desierto. Sin pensar mucho en ello, la ambienté en la Presa “La Estancia” cerca de San Juan del Río, marco que tal vez no era el idóneo para un ave que habita en zonas áridas. Sin embargo, ahí fue dónde tuve el encuentro y mi intención con esta columna es transmitir la vivencia de la observación y fotografía de aves, más allá de proporcionar datos interesantes, pero que sin un contexto personal, están a un clic de distancia en Google* o Wikipedia*.

Así que siguiendo ubicados en la Presa La Estancia, te compartiré mi visión personal del Cormorán Neotropical, uno de los inquilinos de este cuerpo de agua y que me parece un ave acuática notable, como lo podrás constatar más adelante.

Las aves acuáticas –en general– son “amigables” para los observadores, por varios motivos: Muchas de ellas son grandes, fáciles de identificar y están en espacios abiertos que facilitan su observación… Como aguzado lector, podrás intuir que por contraste, muchas de las aves terrestres son pequeñas, elusivas, y rápidas, por lo que son excelentes para desaparecer en los pastos o en el follaje de los árboles, o simplemente para volar fuera de tu campo visual, sobre todo en el momento en el que finalmente los has ubicado con los binoculares, o que las has logrado encuadrar y enfocar con la cámara. Por esto, entre los principales atributos que requiere un observador de aves, se encuentran la perseverancia y la paciencia. Así que para iniciarte en la observación de aves, sin obtener muchas frustraciones en el intento, es buena idea buscar un cuerpo de agua en el que haya actividad de aves acuáticas y así disfrutar de avistamientos relativamente fáciles.

En una visita que hice a la Presa la Estancia el año pasado, hacía precisamente eso: Disfrutar de las aves acuáticas, que afortunadamente estaban cerca de la orilla, pudiendo ver varias especies de garzas, gaviotas, patos y playeros. Uno puede darse cuenta cuando se está en un sitio donde las aves son molestadas por la plaga humana. Por ejemplo, existen lagunas o ciénagas que son frecuentadas por los cazadores y en ellas, apenas las aves detectan la presencia humana, huyen y se ponen fuera del alcance de los disparos… Desafortunadamente, eso incluye también a las cámaras fotográficas, aunque sus tiros sean inofensivos, así que en estos sitios el avistamiento no es muy satisfactorio, puesto que las aves están muy lejos. Sin embargo, en la Presa la Estancia al parecer las aves no tienen miedo de la gente. Por supuesto que guardan una distancia de seguridad y eso varía de especie a especie, pero en general es posible verlas y fotografiarlas con muy buenos resultados.

Siguiendo con la narración, en mi recuento mental de especies observadas, de pronto eché en falta a los cormoranes y buscando a lo lejos con un barrido de los binoculares, pude ver que había una buena cantidad, pero estaban en unos islotes con árboles secos, prácticamente al otro lado de la Presa. También había abundantes patos migratorios flotando en el agua, demasiado lejos para verlos adecuadamente desde la orilla.

Todavía me estaba preguntando cómo acercarme a esas aves, cuando escuché el ruido del motor de la lancha de un pescador, que venía hacia la orilla, ya casi para detenerse en el pequeño muelle donde había otras lanchas atracadas. Era todavía temprano y no se veían otras lanchas de tipo recreativo disponibles, que supongo que entrarán en actividad más tarde, cuando la gente normal visita la Presa.

El pescador traía una carga de peces, recién salidos del agua, muchos de ellos aún saltando. Lo abordé pensando que tal vez me mandaría muy lejos, pero él se quitó la capucha de la sudadera que vestía y al mirarlo a la cara, era un muchacho que respondió a mi saludo con una sonrisa amable. Cuando le propuse que nos llevara a dar una vuelta para ver las aves, se mostró un poco sorprendido y ni siquiera sabía cuánto era apropiado cobrarme, pero rápidamente acordamos el pago y el tiempo de recorrido y subimos a la pequeña lancha.

La aproximación inicial la hicimos con el motor de la lancha, pero para los últimos metros, le pedí al pescador que usara los remos, para no espantar a las aves. Por el mismo motivo, nos acercamos sólo lo suficiente para tener buen alcance con la cámara y los binoculares. El no espantar a las aves no debe obedecer solamente a nuestro interés por observarlas bien, sino también por evitar perturbarlas, lo cuál siempre debe estar presente en la actuación del observador.

Y entonces pudimos verlos: Los cormoranes estaban a sus anchas, algunos en los árboles secos, otros en la orilla de los islotes y los demás en el agua. Enseguida me enfrasqué en un frenesí de disparos de la cámara y de seguir con la mirada sin necesidad de binoculares a los que volaban, o se zambullían en busca de alimento, al parecer indiferentes a nuestra cercanía. Hicimos lo propio con los patos que al encontrarse mucho más cerca que desde la orilla, nos fue posible distinguir con más detalle e identificar claramente las especies.

Al principio de este relato mencioné que los cormoranes me parecen aves notables y lo digo por los siguientes motivos:

Con el fin de ser nadadores más eficientes, evolutivamente han perdido el asombroso impermeabilizado natural, tipo Scotchguard* que tienen las plumas de otras aves acuáticas y que podemos notar si vemos un acercamiento de un pato o un zambullidor recién salido del agua y cómo las gotas de agua resbalan, como perlas por la superficie exterior de las plumas, sin que el agua llegue a la piel del ave. Al no contar con este aislamiento, después de una sesión de pesca por zambullida, los cormoranes se posan fuera del agua, exponiéndose al sol y al aire para secar sus plumas, lo cual es muy llamativo a la vista y característico de esta especie.

Su vuelo se lleva a cabo con el cuello y la cola extendidos, aleteando rápidamente sin planear. Se aprecia por lo tanto como si fuera un vuelo nervioso y apresurado, que permite distinguirlo, aún a distancia y a contraluz.

Tiene una envergadura de un metro, con un peso de 1 a 1.5 kg. Se alimenta principalmente de pequeños peces, pero también consume renacuajos e insectos, capturando su alimento por zambullida.

Son monógamos, sin dimorfismo sexual y ambos sexos comparten la responsabilidad de la incubación de uno a cinco huevos durante 25 a 30 días y de la alimentación de las crías durante las primeras 11 semanas… ¡Bravo por la equidad de género!

“Pato buzo” es uno de los muchos nombres comunes que recibe el cormorán en su amplia distribución que va desde las costas y cuerpos de agua de nuestro país, hasta el Cono Sur (Para detalles del área de distribución, por favor checa una ficha técnica). Y por eso es “un pato que no es pato”. Vale la pena mencionar que se le llama “pato” popularmente a muchas otras aves acuáticas, como las gallaretas, zambullidores y casi cualquier ave que se impulse nadando con sus patas palmeadas.

Más allá de todos estos datos cuasi-objetivos, no me puedo resistir de comentar que sus ojos color azul claro brillante en mi imaginación, son como unos caramelos azules marca Laposse*, que tienen una uva pasa en el centro y que recuerdo desde mi infancia. Esos ojos son muy inexpresivos y aunados a su pico ganchudo con un borde aserrado, en lo personal me parece que le confieren a este animal un aspecto robótico o alienígena… Espero que no me tildes de loco por esto.

En fin, el Cormorán Neotropical (Phalacrocorax brasilianus) es un ave que a pesar de poderla encontrar con cierta facilidad, siempre me resulta agradable verla y por eso quise compartirlo en este espacio.

Culminando el relato: Una vez que se agotó el tiempo acordado para nuestro paseo, nos dirigimos de regreso al muelle y nos despedimos de nuestro guía improvisado, el pescador, para quién el pequeño ingreso adicional y el ver a dos loquitos emocionarse viendo pájaros, le cayó muy bien.

Antes de cerrar esta entrega, tengo que confesar que te mentí: también hay aves acuáticas que juegan malas pasadas para identificarlas, como son las gaviotas, cuyo plumaje es muy variable en los primeros dos años de vida o algunos playeros pequeños, que presentan diferencias muy sutiles de especie a especie y es preciso verlas con detenimiento. En estos casos, las fotografías pueden ser de gran ayuda, para ver los detalles o marcas de identificación, que dan la clave para determinar con seguridad la especie que se está observando.

Bueno, pero si la observación te interesa, no te quiero desanimar con las dificultades que presenta, por el contrario: Es algo que produce una enorme gratificación y aunque no lo creas, es altamente adictivo. En general la comunidad “pajarera” (como se conoce coloquialmente) es amigable y siempre hay gente dispuesta a acompañar a nuevos observadores y a enseñarles sobre la marcha en el campo, por el placer de compartir y hacer crecer esta actividad. En lo personal, yo me pongo a tus órdenes, a través de los siguientes medios de contacto.

Para más información:

Mi dirección electrónica es: [email protected]

En Facebook, mi perfil es prácticamente una galería y crónica de avistamiento de aves: @GerardoAguilarAnzures

Para consulta de información de aves, se puede acceder a: http://avesmx.conabio.gob.mx

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