Jorge Luis Montes - Psique Parlamentaria

El papel del ciudadano en el ejercicio de los derechos humanos – Jorge Luis Montes

En una de mis columnas anteriores hablaba de la relación simbiótica que existe entre la democracia y los derechos humanos, del cómo la suerte de una sigue a la otra, ello, en términos de modelo de Estado y de la importancia de proteger y fortalecerles.

Si los derechos humanos son inherentes al ser humano, su protección, entonces, es obligación estatal. La violación de los derechos humanos, de manera general, sólo puede darse por instituciones gubernamentales, lo que significa que el sujeto activo en la trasgresión de dichos derechos es el Estado, luego entonces, su garantía sólo es exigible por el ciudadano a los poderes estatales.

Los derechos humanos son una herramienta que tenemos los gobernados frente al poder del gobierno, como dique a la tentación del abuso del poder. Lamentablemente nuestras instituciones públicas aún nos quedan a deber en esta materia. Así lo demuestran las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en contra del Estado Mexicano.

Sin embargo, en esta oportunidad quiero hacer la reflexión del papel del ciudadano en el ejercicio de nuestros derechos constitucionales y de la responsabilidad que tenemos en la construcción, conservación y fortalecimiento de la democracia.

En el caso específico, quiero referirme a la libertad de expresión, consagrada en la Constitución Política como un derecho humano. El derecho a la libertad de opinión y de expresión tienen aparejado el derecho a su difusión por cualquier medio, además, del derecho a recibir información verídica y oportuna. Sin tratar de ser absolutamente negativo, es necesario advertir la falta de un mecanismo eficiente que garantice definitivamente este derecho.

La práctica común en nuestro sistema político era el de cooptar algunos medios de comunicación o, en su caso, de algunos comunicadores e intelectuales, disimulando así el pleno derecho a la libertad de expresión y desde luego que quebrantaba el derecho a la información.

La primera apariencia que da nuestro país en materia de libertad de expresión, pareciera ser la de una nación respetuosa de dicha libertad, sin embargo, basta con abrir la caja de Pandora, para darnos cuenta que la simulación es una constante.

No son ajenas para el lector las evidencias de gastos descomunales en materia de “comunicación social”, de los gobiernos en turno de todos los niveles, desde los municipios, las entidades federativas y ni qué decir del federal. El control sobre los medios de comunicación, mediante contratos suntuosos y la falta de eficacia en los mecanismos de protección del derecho a la libertad que ha cobrado la vida de decenas de periodista muestran la fragilidad de nuestras instituciones democráticas.

No todas son malas noticias, también debemos reconocer que existen espacios públicos que permiten el libre debate de ideas; y con ello, también, es necesario un examen del cómo los ciudadanos respondemos en el ejercicio de nuestras libertades.

Un ejemplo son las redes sociales que por su naturaleza son una buena herramienta de comunicación, ya que permiten la interacción de cientos de miles de personas simultáneamente y en tiempo real, que resulta relativamente económico, con una capacidad de impacto en la población muy significativa. Basándonos en datos del Inegi, en 2017 casi 71 millones de mexicanos tenían acceso a internet, de los cuales, cerca del 77% de ese universo, son usuarios de redes sociales.

Por su alcance, estas plataformas digitales son muy útiles en el proceso de comunicación; sin embargo, los puntos débiles de éstas son, por un lado, las noticias falsas que con facilidad se difunden y, por otra, igual de grave, es la violencia verbal que priva en los debates. Ambos fenómenos definitivamente contrarían el espíritu de la libertad de expresión, pero que, además, son responsabilidad directamente del ciudadano.

Desde mi opinión en nada abonan a la democracia, por el contrario, los discursos de odio en las redes sociales, pues sólo contribuyen a la división. Los ciudadanos también salimos debiendo en el proceso de fortalecer nuestras instituciones democráticas, es necesaria una reflexión si el discurso violento y la falta de reflexión en las noticias falsas, nos define como mexicanos; yo diría que no.

Diputado Federal por Morena
Twitter: @jorgeluismn

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