María Alemán - Punto y Coma

La otra cara de la moneda – María Alemán

Después de tanta controversia, un ejercicio de parlamento abierto y un amplio debate entre quienes estábamos a favor y aquellos que decían no, pero sin propuestas y en la mayoría de casos con argumentos vacuos, el Senado de la República aprobó por unanimidad el proyecto para crear la Guardia Nacional que la Cámara de Diputados envió para su revisión, no sin antes hacer un par de adecuaciones pertinentes que enriquecieron el dictamen; entre ellas se fijó como plazo, un máximo de cinco años para que el Ejército regrese a cuarteles.

Ahora bien, que nadie se cuelgue la medallita: la aprobación de la Guardia Nacional pudo ser posible gracias al intenso debate y al intercambio de ideas en el ejercicio de Parlamento Abierto que enriqueció en gran manera la propuesta inicial, y sí, la cereza en el pastel fue el consenso unánime en la Cámara de Senadores, pero la Guardia Nacional la hicimos todos, es una herramienta que dimana del Poder Legislativo para el aprovechamiento e implementación del Poder Ejecutivo en beneficio de los mexicanos, ahora sólo falta que por lo menos 17 congresos locales la aprueben.

En días pasados tuve el honor de regresar a la Facultad de Derecho de la UAQ y platicar con alumnos sobre este tema, al terminar conocí a Ulises, alumno a punto de egresar de esta facultad, quien me externó su interés en el tema, con conocimiento de causa hizo comentarios muy atinados y me regaló otra perspectiva del tema, muy interesante y que difícilmente hubiese podido contemplar de no ser por la charla que tuvimos. Ulises fue miembro de las fuerzas armadas, me contó, entre otras cosas, la precariedad y las jornadas de trabajo extenuantes a las que son sometidos, considera urgente la creación de un organismo interno de control de derechos fundamentales, así como de prerrogativas laborales, “…si bien es cierto que la eficacia de las fuerzas armadas radica en su forma de templarlos y formarlos, no debemos pasar por alto que ésta tiene que ser razonable y justa”. “…ya no alcancé uniformes, tuve que comprarlos de mi bolsa y no son nada baratos, también me tocó comprar botas, las que te dan deben durarte un año o más, el equipo de sanidad en su mayoría no alcanza o simplemente no llegan, los botiquines tácticos en ocasiones están caducados, también me tocó pagar la reparación de un vehículo y hasta cartuchos” rememora y da la impresión de que ni el mismo puede creer lo que me está contando.

También me dijo que un soldado, un cabo, un sargento segundo, y un sargento primero perciben un sueldo que en promedio va de los 10 mil 500 a los 14 mil 800 pesos, contrastado con el sueldo de un general brigadier que puede llegar a percibir entre 88 mil y 100 mil pesos al mes, esto, sin salir en ningún momento a operaciones, trabajo que según el reglamento de deberes militares, puede hacer un coronel que percibe la mitad del sueldo. «…en alguna ocasión cierto comandante de la región ordenó el despliegue de un operativo por presuntas agresiones contra elementos de la policía de x estado, nos dieron la orden de colocarnos en cierto punto estratégico y que no nos moviéramos hasta recibir una orden distinta, fueron tres días y dos noches a un costado de la carretera, sin comida, ni agua, estábamos en dos camionetas, hacíamos guardias para dormir o descansar por periodos de dos horas al día, éramos diez elementos ¿te imaginas?” me pregunta con impotencia.

Ulises está contento porque ahora las fuerzas armadas podrán operar con un marco regulatorio, sin embargo abre la puerta a un tema delicado ¿Cómo operarán al interior las fuerzas armadas? esto, visto en un sentido de respeto a los derechos fundamentales, no perdamos de vista que también son seres humanos arriesgando su vida en todo momento. Sin duda, disfruté y aprendí mucho de la charla con Ulises y no tengo duda, que aún queda mucho por agregar al tema de la Guardia Nacional, ya les iré contando en las siguientes entregas de “Punto y Coma”.

María Alemán

Diputada Federal por el PRI

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