Niels Rosas Valdez - Procesos del Poder

La segunda derrota en Vietnam – Niels Rosas Valdez

Cuando se anunció a inicios de 2018 que existiría una reunión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, tanto la prensa, como la opinión pública y la comunidad internacional, vitorearon al mandatario republicano como quizá nunca antes, pues significaba un paso hacia la posible desnuclearización del país asiático, eliminando el peligro que representa para el mundo en general. El resultado de la reunión, celebrada en Singapur el 12 de junio de ese mismo año, pareció dar camino a mejorar las relaciones entre ambas naciones en miras de un acuerdo que las beneficiaría: el desmantelamiento del programa nuclear norcoreano y, por otro lado, apoyos económicos para Corea del Norte. No obstante, hoy en día, tras la segunda reunión entre ambos representantes, este acuerdo se aleja y cambia la dinámica entre estos países. ¿Qué ocurrió en esta segunda reunión y qué impacto tiene?

El primer día de esta segunda reunión celebrada en Hanói, capital de Vietnam, vio un escenario lleno de comunicación y mensajes favorables para ambos países, elevando las expectativas de la firma del tan esperado acuerdo. Sin embargo, el segundo día mostró una imagen desierta cuando ambos personajes cancelaron su participación al no coincidir en sus puntos de vista en las horas previas. Tras la buena experiencia que hubo en la primera reunión el año pasado, ¿por qué ahora no llegaron a tal acuerdo? Es simple: el problema fue la ambición de los mandatarios. Por un lado, Trump buscaba que el desmantelamiento del programa nuclear norcoreano se tradujera al cierre de no sólo una planta nuclear, como se había expuesto inicialmente, sino de muchas más; y por otro lado, Jong-un pedía que no sólo unas, sino todas las sanciones impuestas a Corea del Norte fueran removidas.

Las expectativas de llegar a un acuerdo eran elevadas, más para Washington que para Pyongyang, pero más allá de esto, y de que ningún país haya conseguido lo que solicitaba del otro, el resultado negativo no recae tanto en Kim Jong-un, como sí lo hace en Donald Trump; para el primero, llegar a tal acuerdo es necesario, mientras que para el segundo es indispensable. En este contexto, Corea del Norte ha sido visto y etiquetado por años como el país dictador, el represor, el malo, pero por el momento no tiene la urgencia de cambiar esa opinión internacional. Es cierto que el líder norcoreano carga con las sanciones económicas impuestas a su país tanto por Estados Unidos, como por la comunidad internacional, pero la necesidad de removerlas no es crucial, finalmente tiene a su gran aliado Xi Jinping, presidente de China, quien le ayuda a aminorar el impacto de dichas sanciones. En contraste, el país de las barras y las estrellas es visualizado como «la nación de la democracia, de la libertad, la buena», y aunque esto no sea cierto, es finalmente el discurso oficial que proyecta y que hace consumirlo –lo consiga o no– a los gobiernos, a la prensa y a la gente, lo que obliga a Trump a solucionar el problema con el país asiático.

Es cierto que Trump fue el primer presidente en llegar tan lejos para reconstruir las relaciones con Corea del Norte, y ello es digno de reconocerse –sobre todo por la amenaza que representa dicha nación–, pero al mismo tiempo implica la obligación de llevar a buen cause y conclusión tal acercamiento, es decir, terminar tanto las tensiones entre ambos países, como el programa nuclear norcoreano. Y es indispensable para él concretar este punto porque significaría haber resuelto un problema mayor para Estados Unidos (y el mundo), lo que ningún presidente estadounidense ha conseguido, y lo que, sin duda, le traería de regreso una serie de reflectores que mejorarían su popularidad y la opinión pública hacia él, llevándolo a mejor posición de cara al 2020. No obstante –y sin mencionar las declaraciones de Michael Cohen hacia él el miércoles pasado ante el Congreso– la realidad, al momento, es otra, y las pláticas rotas que dejó esta segunda reunión con Kim Jong-un sólo significan para él y Estados Unidos una segunda derrota en suelo vietnamita.

Escritor, historiador e internacionalista
[email protected]
@NielsRosasV (twitter)

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