Josué Quino - Bitácora de VIHda

Morirse debe ser una decisión libre – Josué Quino

La historia ha cambiado.
Ha llegado el momento en que el VIH
ha dejado de ser un referente de muerte y
se ha convertido en una afortunada oportunidad
de vida, emergiendo en nosotros lo positivo de ser positivo.

Marzo 07
Querido Diario:

9:40 horas. Miércoles de ceniza. Saliendo de Querétaro. Voy a reunirme con mis tíos para irnos. En el último día del Carnaval de Veracruz celebrando sus 500 años, mi Mami Quetta falleció.

10:50 horas. Después de ocho años de recibir hemodiálisis tres días a la semana y padecer azúcar, su cuerpo ya estaba demasiado cansado, muy desgastado y tenía poco control sobre el. Todas las noches que charlaba con ella por teléfono, en un principio surgió como una idea vaga, como un comentario aislado que fue tomando fuerza poco a poco, hasta convertirse en una necesidad: ya quería morir.

11:10 horas. Hace muchos años yo le había dicho que no iba a asistir ni a su velorio, ni a su entierro, porque ella ya no iba a estar ahí, ya que solamente se encontraría ese viejo y cansado cuerpo en el que vivió casi 78 años, porque ella, la verdadera Mami Quetta, ya iba a estar en el cielo, o por lo menos en un lugar mucho mejor a éste, donde ya no sufriría más. Escuchar eso le causaba mucha tristeza.

11:30 horas. Ella sabía que no iría, sin embargo su hija Mayra, con quien me crié como hermanos, me pidió que cuándo eso ocurriera, fuera a acompañarla porque se iba a sentir muy triste y necesitaría de mi apoyo. He llegado. Me voy a ir en Metro, afortunadamente está a unos pasos de la terminal del norte.

11:40 horas. No puedo creer que esté tan vacío. Afortunadamente sólo es un transborde y siete estaciones para llegar a la colonia Roma.

14:20 horas. El auto de mi tío Javier es muy amplio, pero me siento sumamente incómodo, y aunque atrás solamente vamos mi tía Anita y yo, mi cuerpo no encuentra la forma adecuada de sentarse. ¡Me dan ganas de salir corriendo por la carretera! Dentro del auto ha comenzado la cascada de recuerdos, iniciando desde que se peleaba a puñetazos de niña, hasta que me benefició con una inesperada herencia.

21:21 horas. Se que ella no está en esa hermosa cajota, a la cual nunca pensé en asomarme, y a la que todo el mundo que se acercaba a verla, regresa comentando que está igualita. No pueden entender que mi Mami Quetta no está ahí.

23:00 horas. Suena mi alarma recordándome que tengo que tomarme mis antiretrovirales y descansar. Me despido hasta mañana, y me retiro tragándome mis palabras: ¡mi Mami Quetta sí estaba ahí! Ella siempre adoraba las fiestas, le encantaba recibir gente y divertise charlando, riendo, cantando y bailando, y salvo estas dos últimas cosas, lo demás sucedió: todo el mundo estábamos contentos de reunirnos en su nombre por última vez, gracias a ella alegremente adoloridos. Estaban sus hermanas y hermanos, sobrinas y sobrinos, compadres, hijas e hijo, nieta y nietecito. Pero más que nada, ¡estaban las flores que había sembrado! Una muy buena cosecha que había levantado.

Marzo 08
Querido Diario:

Día de la Mujer. Mi familia me obsequió el honor de ser el único en viajar en la carroza fúnebre junto a una gran mujer. El chofer me comentó que casi nunca, en 12 años que él tiene de trabajar ahí había visto que el velatorio 2, se llenara con tanta gente. Recuerda que sólo una vez se llenó, pero de flores, porque no llegaban a la docena de personas.

Me pidió que le contara quién era ella y porque había venido tantísima gente a su velorio y más aún a su entierro, y le conté.

Mi Mami Quetta fue la tía que cuando mi mamá Eva me dejó a su cargo, por la noche lavaba mi ropita y al otro día en la mañana la planchaba, para llevarme después a comer taquitos de picadillo y horchata al mercado. Era la tía que en todos los cumpleaños de todos los sobrinos, nos hacía nuestro pastel del tamaño de la mesa de comedor, y nos regalaba montones de cosas.

Antes de que descubriera que la mentira es una forma de defensa, ella me enseñó que la verdad siempre saldría a flote, y que entonces yo quedaría muy mal, por lo cual era mejor no mentir y afrontar las consecuencias. Me defendía de las mega golpizas con las que mi mamá de crianza me educó.

Cuando se enteró que vivía con VIH, me fue a ver al hospital La Raza en 1990. Para entrar a verme, en la sala de deshauciados en la que me aislaron, la obligaron a vestirse como astronauta, igual que los doctores y las enfermeras que entraban a revisarme sin tocarme: Gorro, mascarilla, guantes, bata, cubre zapatos y gafas apretadas), cosa que me hacía sentir peor que un apestado. Cuando salió el personal médico, ella se quitó todo, lo tiró en el piso y corrió a darme la mejor medicina del universo: mil besos y abrazos, mientras me juraba que nada me iba a pasar porque ya me había ofrecido con la virgencita de Guadalupe, para que siempre me cubriera con su manto.

Ella al igual que todas las mujeres de mi familia hacen, muy bien tres cosas: cocinan, cosen y gritan diciendo groserías. Mi Mami Quetta me hizo ¡en una semana ¡todo el vestuario de la obra de Moliere “Médico a la palos”! El de mejor vestuario, fue uno de los 4 premios obtenidos.

Cuando mi conteo de CD4, que debería ser de 1000, resultó ser de 06, me fue a cuidar junto con Yolotxin y Benja, durante tres meses, hasta que ya pude volver a respirar y moverme por mi mismo por toda nuestra oficasa de Teatro & SIDA en la colonia Roma.

Mami Quetta, gracias por enseñarme a coser, guisar y miles de cosas más, entre ellas dos imprescindibles para quienes vivimos con VIH:

1.- Morirse debe ser una decisión libre, una elección pesonal en la cual no debe interferir ni el Estado ni mucho menos la Iglesia, ya que ¡de ninguna manera les pertenecemos a ellos! Suspender nuestra vida debe ser una determinación totalmente respetada, ya que se trata de nuestro cuerpo, de la misma forma en que se debe respetar la decisión de ser o no, madre, y

2.- El regalo por vivir, es morir.

Marzo 11.
Querido Diario:

¿Hasta cuándo podré asimilar que ahora, la única manera de ver a mi Mami Quetta, es en una foto­?

Amorosamente agradecido: Josué

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