Luis Octavio Vado - Paradojas

Paradoja del partido-movimiento – Luis Octavio Vado Grajales

En la política actual se presenta un fenómeno muy interesante: los partidos-movimientos. Grupos de personas que, agrupados inicialmente a partir de la lucha por una causa, se van sumando hasta conformar una fuerza política estructurada, que pretende competir políticamente a la vez que mantenerse como una fuerza social ajena al gobierno.

Un partido político aspira a ganar el poder y ejercerlo conforme sus programas y principios. Para hacerlo cuenta con una estructura permanente que le permite estar presente en todo momento en la vida de la sociedad; cuenta también con una estructura jerárquica y métodos reglamentados para la toma de decisiones. Es una estructura que aspira a la permanencia.

Por su parte, un movimiento es un conjunto de personas que se agrupan en un momento concreto para conseguir un fin determinado. Pueden ser agregados multitudinarios que incluso consigan derribar gobiernos o forzar un cambio en las políticas públicas. No vayamos muy lejos, el ejemplo más actual son los llamados “Chalecos amarillos” en Francia.

Si queremos representar en algo visible un partido y un movimiento, el primero sería un edificio, el segundo un río. Sin embargo hoy alrededor del mundo hay quienes intentan un edificio fluido, o un torrente estacionado.

En Grecia, así como en España y en México, se busca lograr ese partido-movimiento que en el gobierno ejecute los proyectos prometidos y en las calles mantenga la fuerza y la emoción de una marcha o una protesta; es sin duda una apuesta alta pero de la que nadie puede afirmar que sea imposible.

La política está llena de sorpresas, de amigos sinceramente mortales y enemigos ocultamente aliados; tan cierto es que en este difícil arte de gobernar dos más dos rara vez son cuatro, y el aceite se mezcla gozosamente con el agua.

Por eso creo que el reto es difícil pero no imposible. Si hemos encontrado la manera de gobernarnos mediante la voluntad popular (democracia) a la vez que permitiendo a las minorías que se defiendan exitosamente de las mayorías (derechos humanos) no me extrañaría tanto que se logre contar con ese híbrido que compita en elecciones, tenga estructura y solidez; al mismo tiempo que marche en las calles y sea capaz de corregir el rumbo de la dirigencia desde la plaza pública.

De reclamar en una manifestación una salida única, y negociar en la mesa política la salida posible.

El tiempo y la habilidad humana nos mostrarán si el proyecto fue posible, o en qué país y hasta dónde puede realizarse. En todo caso, estos son momentos interesantes de vivir.

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