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El Cimatario: nuestro padre protector – Minerva Almazán

Y todo comienza y termina… con un suspiro.

El día, la noche, el amor, las ilusiones, la esperanza, la vida…

Ciudad de Querétaro, Marzo 2019. La noche estrellada, tranquila, apenas algunos autos transitan, las nubes avanzan sin ser percibidas, las aves reposan seguras sobre los contados y demandados árboles citadinos, sus depredadores han quedado lejos o dormidos.

Y así de pronto percibimos aun entre sueños los primeros sonidos del amanecer, el calor de las sábanas sobre la piel, el sonido de los primeros motores que comienzan a andar, las puertas se abren y cierran, el perro ladra, el agua cae en la regadera, el silbido de la tetera. De prisa, un hombre se uniforma para el trabajo en la oficina, una mujer medio se peina y maquilla mientras prepara a los niños los para la escuela, la ciudad, los tacones, las botas, los zapatos brillantes, los comercios, la industria, los mercados, los camiones, los claxons, los semáforos, las voces externas e internas atiborran el ambiente en la ciudad.

Y al fondo, cercano, silencioso, amoroso y siempre presente se yergue desde antes que tu o yo o tus bisabuelos estuvieran aquí, un majestuoso volcán dormido que a veces tímido, se guarece bajo un suave y balsámico mantón tejido de bruma. Nos observa, nos contiene, nos protege y nos sirve como lo hace un buen padre con sus hijos. Pero así, como a veces los hijos llegamos a olvidar nuestras raíces, así los queretanos por nacimiento y adopción hemos hecho con nuestro Padre-Madre Cimatario.

El Parque Nacional El Cimatario

Decretado como Parque Nacional (la segunda categoría en rango después de Reserva de la Biósfera según la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) el 21 de julio de 1982 con una extensión territorial original de 2 mil 447 hectáreas, ha permanecido en último plano tanto por ciudadanos como por autoridades estatales y federales durante décadas. Dando permiso con ello a su progresiva devastación pues para nuestro infortunio, nos relacionamos con él como si fuera un terreno baldío más. Su territorio sigue siendo mermado, sus árboles continúan siendo talados, sus nidos y tierra son saqueados, las personas acceden por cualquier zona de malla ciclónica averiada e ingresan con perros que ahuyentan la fauna nativa, agreden a los animales silvestres en resguardo, tiran basura, su infraestructura está rota, dañada y/o inservible.

Y no es que esta Reserva dependa de nosotros. Podremos destruirlo y terminar de devastar lo que queda de naturaleza para inmolarnos en aras del éxito y desarrollo económico. Y ante nuestra eventual desaparición esa naturaleza resurgirá triunfante. Somos nosotros quienes necesitamos de ella, es lo que olvidamos.


Este Parque Nacional es:

° Gran pulmón, que para nuestra fortuna ya se encuentra ubicado prácticamente dentro de esta bastante contaminada ciudad
° Una de las principales zonas de recarga de nuestros mantos acuíferos en la urbe
° Regulador climático
° Protección contra ventarrones
° Protección contra inundaciones
° Reserva de flora y fauna endémicas desplazadas por el incesante crecimiento urbano
° Área de reposo de la mariposa monarca y un sinfín de especies migratorias
° Referente histórico a nivel estatal y nacional

Quizás este abandono se deba a la ridícula vergüenza histórica que cargamos al reconocer nuestras raíces: indígenas, áridas y humildes como su vegetación. Si tan solo supiéramos cuánta belleza y entrega hay ella. La selva baja caducifolia predominante en esta zona pareciera para muchos sin chiste, chaparra, descolorida, seca comparada con los exuberantes bosques de otros países. Sin embargo, detrás de esta imagen subyace infinito amor, invisible para la mayoría: este tipo de árboles y arbustos tiran sus hojas para requerir lo mínimo y de esta forma permitir que el agua y nutrientes se filtren al subsuelo. Agua que los ciudadanos tomamos para nuestra subsistencia.

Esta austeridad termina apenas las primeras lluvias de temporada hacen su aparición, regalándonos un fantástico espectáculo de verdes centellantes y un siempre necesario recordatorio del valor de la paciencia y la fortaleza en tiempos difíciles.

Su fauna desconocida aun para la mayoría: tlacuaches (marsupiales como los canguros), cacomixtles (de la familia de los mapaches), coyotes y correcaminos (conocidos solo por caricaturas gringas), halcones cola roja, zorros grises etc, son desplazados sin misericordia de su hábitat.

Esto no es un señalamiento contra nadie, es un llamado a voltear la mirada a un TESORO que tenemos frente a nosotros, pero que la cotidianidad y la neurosis en que vivimos nos impide ver, respetar y disfrutar.

Se requiere una obra faraónica para nuestro Parque Nacional El Cimatario; escuché hace un par de semanas en el radio, una obra faraónica para conservar nuestra calidad de vida.

Es tiempo.

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