Héctor Parra - Análisis y Reflexiones

Entre fiascos y desencuentros – Héctor Parra

Continúan los desencuentros entre funcionarios del gobierno federal, también entre la militancia de Morena. Todo es un desorden. Entre la aparente falta de liderazgo de López Obrador, hay servidores públicos que emiten declaraciones que, posteriormente tienen que ser desmentidas a bote pronto por el mismo Presidente de la República, para no ver comprometidas sus promesas de campaña.

Claro que López no todo está cumpliendo, como eso de sacar al Ejército y la Marina de las calles; ahora tiene autorización constitucional para que el personal militar siga en las calles durante todo su sexenio, lo que resultó una verdadera contradicción entre la ofrecido y lo realizado.

Hay tres casos más que evidentes, entre muchos otros, que en los últimos días han confirmado los fiascos y desencuentros entre la clase política y gobernante. Primero fue el desencuentro entre Ricardo Monreal y Yeidckol Polevnsky, por la candidatura de su partido al gobierno del estado de Puebla; se impuso el capricho de la dirigente de Morena, ante el dirigente de la coordinación de senadores; vuelve a repetir como candidato espurio Miguel Barbosa.

Otro caso. Por segunda ocasión Andrés Manuel López Obrador, deja en vergüenza al subsecretario de Hacienda, al novato de Arturo Herrera Gutiérrez (o tal vez esa sea la perversa idea del mismo Presidente). La primera vez fue cuando este servidor público se encontraba de viaje por Inglaterra, allá afirmó que no había dinero para la refinería de Dos Bocas, Tabasco. De manera por demás molesta, López Obrador categóricamente dijo lo contrario: sí hay dinero para la construcción de la refinería. Por segunda ocasión, surgió la diferencia de criterios sobre asuntos de suma importancia, que implican la inversión de miles de millones de pesos, y no hay acuerdo entre estos servidores públicos.

Otra desavenencia de “opiniones”. El subsecretario deja abierta la idea de volver a la vida el impuesto federal sobre tenencia de vehículos, impuesto que surgiera en el sexenio de Díaz Ordaz, y que hoy pareciera resurgir debido a la necesidad de incrementar los recursos financieros del gobierno federal por el excesivo gasto social de los programas electorales de Andrés Manuel y la nula creación de empleos, más bien desaparición de miles de fuentes de trabajo, a pesar de tanto recorte presupuestal por aquello de la austeridad y despido de personal, sumado a los gastos imprevistos del desordenado gobierno, como la compra de “pipas” para el transporte de combustibles o los obsequios a los huachicoleros para que dejen su “actividad profesional” delincuencial y vivan “honestamente” de las becas económicas que otorga el gobierno que encabeza López Obrador.

Sin embargo, visiblemente molesto el Presidente de la República volvió a revirar al subsecretario de Hacienda, diciendo que no habrá nuevos impuestos como lo ofreciera en campaña. Simplemente no hay la jerarquización en el mando de los acuerdos, de ahí emanan las diferencias y desencuentros. El secretario de Hacienda, con aquel fiasco al eliminar las estancias infantiles y que los abuelitos cuiden a los nietos, literalmente ha desaparecido; vamos, el subsecretario es su subordinado. ¿Qué está pasando?

Otro tema de suma importancia fue lo relativo a la iniciativa de reforma a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, presentada por el coordinador de la bancada de Morena en el Senado, Ricardo Monreal Ávila. Este pretende con la reforma crear una nueva Sala en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, conformada por cinco Ministros, para atender los delitos de corrupción. El mismísimo Presidente de la República avaló la iniciativa de su coordinador parlamentario y en una de sus homilías mañaneras, expuso argumentos para ello. Hasta aquí todo parecía “normal”. De pronto salta a la escena de las declaraciones encontradas la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, ministro en retiro (que cobra sin trabajar), afirmando que no era necesaria la creación de esa nueva sala, que un tribunal administrativo ya se hacía cargo del desahogo de esos trámites de impartición de justicia administrativa ¿Qué pasó entre ellos? Simplemente no hay orden, no hay acuerdos, no hay coincidencias en la gobernabilidad del país; el caos es evidente y patológico entre los servidores públicos. En esta ocasión coincido con la ministra en retiro, no es necesaria la creación de una nueva sala y, ciertamente, existe la estructura administrativa dentro del Poder Judicial de la Federación que ya atiende y desahoga los asuntos jurisdiccionales de corrupción. La finalidad de aquellos era tener el control de la SCJN, lo que pareció no entender la ministra. O ¿tal vez lo entendió muy bien y no quiere intromisiones absurdas, indeseables, aborrecibles, desvergonzadas y patéticas del Presidente de la República, en la toma de las decisiones del Poder Judicial de la Federación, lo cual vulnera la autonomía y equilibrio de poderes. Visión totalmente diferente de los otros avezados y abusivos funcionarios.

Creo entender, al menos, un aspecto importante para la toma de estos acuerdos de corte eminentemente político; la ministra no ha navegado en aguas profundas y, tanto López como Monreal son unos tiburones que desean “tragarse” todo; vamos, tener el control político de los tres poderes públicos. Estos van sobre la permanencia en el poder y para ello también necesitan el espacio que resuelve las controversias electorales, juicios de inconstitucionalidad, amparos de trascendencia, etcétera.

Estos asuntos evitan los abusos de poder, y, es evidente, Andrés Manuel quiere el terreno libre para no tener obstáculos. Monreal y López sí entienden de política y ahora que tienen la Presidencia de la República y el control del Poder Legislativo, su pretensión es conservarlos y fortalecerse; de ahí tanto “programa social” que no es más que la disfrazada compra anticipada de votos, obsequiando dinero en manos de los beneficiarios del Estado asistencialista, dinero otorgado a los supuestamente más pobres y desvalidos. No hay pues entendimiento en las altas esferas de la gobernanza; sí en cambio, evidencian los fiascos y desencuentros.

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