Amílcar Salazar - Filo Rojo

El feminicida más joven de Querétaro 3/3 – Amílcar Salazar

Texto: Amílcar Salazar /Enlalupa.com
Fotos: Guillermo González y Obture Press

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La semana anterior, el lector de este espacio periodístico de Enlalupa.com pudo leer cómo los padres del joven feminicida Mane buscaron protegerlo del ojo de la justicia –desenterrando del patio de la casa el cadáver de la niña Dulce Cecilia y llevándolo a ocultar en lo alto de un cerro, entre ramas y basura–.

Era casi la medianoche del 17 de marzo de 2018 cuando el matrimonio compuesto por Everardo y Carmen, de 46 y 36 años, volvió al domicilio familiar una vez que ejecutó su clandestina faena, encontrando ya dormida a su hija de 11 años, mientras que al aparentemente despreocupado Mane, de 14, mirando la televisión.

“TE PONES A HACER COSAS”

Fue entonces cuando se dio una segunda discusión, ahora más ríspida, entre padre e hijo.

–Voy a creer, Mane; te pones a hacer cosas y no piensas a quién te llevas entre las patas. Ponte a pensar, vas a dejar a tu mama y a tu hermana solas. A ti te van a llevar a la cárcel, o por ser menor de edad, también me van a llevar a mí…

–Ya te dije que yo no hice nada, no estés jodiendo…

La discusión familiar fue descrita ante la Fiscalía de Querétaro por la propia Carmen, quien apunta:

“Mientras mi esposo le decía a Mane esas cosas, de lo que le había hecho a Cecilia, mi hijo se molestaba mucho, negándolo todo. Y así se siguieron, pero en un arranque mi hijo ya le dijo a su papá que él no tenía de qué preocuparse; que él aceptaría lo que había hecho; es decir, que confesaría haber matado a Ceci.

“Quiero agregar que cuando regañamos a mi hijo Mane, él se altera, se pone muy agresivo. Incluso se ha llegado a agarrar a golpes con su papá cuando lo está regañando.”

“MI ESPOSO, DE TEMPERAMENTO FUERTE”

En una parte previa de su confesión, la madre reconoce haber sido quien originalmente encontró el tenis de la niña, así como otras prendas, mismas que, según reconoció, ella misma fue a ocultar entre las dos bardas.

“De los tenis no le dije nada a mi esposo, porque como ya dije, me dio mucho miedo. Me preocupaba la reacción que pudiera tener mi esposo, porque es de temperamento fuerte”.

El propio Everardo también habla de los alegatos que llegaba a tener con su hijo:

“Después de reconocer que había matado a Ceci, mi hijo se fue a su cuarto, y ya no le dije nada porque íbamos acabar mal. Él tiene reacciones muy arrebatadas, no le puedo llamar la atención porque se altera, nos hacemos de palabras y posiblemente hubiéramos llegado a los golpes.”

LA FRIALDAD DE MANE

Mane gustaba de vestir una playera verde con figuras de calaveras. Una prenda que el 18 de marzo sirvió para delatarlo, al llevarla puesta tanto cuando se acercó a la víctima el día del crimen como el día en que rindió testimonio ante la fiscalía queretana.

Según versiones recabadas por Enlalupa.com entre vecinos de la población de El Blanco, donde se suscitaron los hechos, Mane tuvo la frialdad de participar activamente durante los diez días que duraron las jornadas de búsqueda de la entonces sólo “extraviada” Dulce Cecilia.

“Yo mismita lo vi al Mane, platicando con los policías que andaban con los perros, oliendo y buscando por todos lados. Pero quien iba a imaginarse que él era el matón, por Dios”, dijo a este medio una comerciante de la calle colonense de 16 de Septiembre.

Un taxista que conoce bien esta comunidad colonense asegura a este medio que tras sepultar a la pequeña en el patio doméstico, el joven Mane tuvo la “astucia” de regar un poco de gasolina y carbón sobre la tierra que ocultaba el cadáver y prenderle fuego. Ello, a fin de que los perros no olfatearan adecuadamente el área.

“LE TAPÉ LA BOCA PARA QUE NO LLORARA”

De acuerdo con la Fiscalía, el misterio de la desaparición de la niña llegó a su fin cuando el propio Mane –“de manera serena, fluida y teniendo a su lado a un defensor de oficio especializado en adolescentes”–, hizo constar en actas su confesión.

Esta es la narración resumida del crimen, en palabras del propio Mane:

“Cuando la vi afuera de su casa, Ceci traía un pato de plástico de color amarillo. Fue a las 16:30 horas, más o menos, cuando le dije que se metiera a mi casa.

“Nos fuimos hacia el tejabán, donde hay una hamaca. Yo me subí y luego ella se subió, pero yo luego la comencé a mecer muy fuerte y se cayó. Se pegó en el piso y empezó a llorar.

“Le tapé la boca con la mano derecha para que no llorara, la llevé a un carro Jetta de color negro que es de mi papá, la metí en el asiento de atrás y fue cuando sentí atracción por ella y la violé.

“Recuerdo que duré como unos 20 minutos penetrándola, y durante todo ese tiempo le estuve tapando la boca, pero recuerdo que durante los últimos cinco minutos ella dejó de moverse…

“Me salí del carro y bajé toda la ropa de ella y la metí a una bolsa que estaba por ahí, con envolturas de galletas, y esa bolsa la escondí debajo de un montón de olotes.

“Después agarré un costal que estaba en donde se deposita la basura. Luego fui al Jetta y metí a Cecilia dentro del costal, la saqué del carro y amarré el costal con un alambre.

“Me fui a un costado de la casa para cavar un hoyo con un machete que estaba por ahí. Estuve cavando el hoyo como una hora, el cual quedó como de unos 35 o 40 centímetros de profundidad.

“Luego la metí al hoyo. La acosté de su lado derecho y fue cuando le amarré el cuello con el mismo alambre del costal. Le di como cuatro vueltas para confirmar que no respirara.”

AL DÍA SIGUIENTE… PASEO FAMILIAR

El desapego emocional con el que Mane hizo constar los hechos corresponde –de acuerdo con un especialista consultado– con la simpleza con la que durante su declaración el chico comunica que al día siguiente del crimen… toda la familia salió de paseo.

“El domingo, como a las seis y media de la mañana, me llamó mi papá y me dijo que me cambiara para ir a ver a mi abuelita. Cuando nos fuimos en el Jetta, íbamos mi hermana, mi mama y yo.

“Mi papá iba manejando y me dijo que no le fuera a decir nada de lo que pasó a mi abuelita.

“Yo les dije que no se preocupara, que no iba a decir nada y que además me iba a hacer responsable de las acciones que cometí. Cuando volvimos de la casa de mi abuelita ya no hablamos del tema.

“El lunes ya todo fue normal: mi papá se fue a trabajar, porque él entra a las ocho y sale a las cuatro. Mi mamá se puso a lavar ropa, mi hermana y yo a mirar la televisión”.

“VÍNCULO PATERNO CONFRONTADO”: PSICÓLOGO

–Estamos ante el caso de un adolescente que tiene un vínculo muy confrontado y violento con su padre. Asimismo, un vínculo materno muy débil, donde la mamá apenas figura o parece ser una mera extensión de la fuerza familiar del papá.

A petición de Enlalupa.com, el psicólogo Juan Carlos García Ramos expone posibles escenarios de interés sicológico que pudieran haber influido en Mane para atentar contra la vida de su prima Dulce Cecilia.

Psicólogo del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y presidente del Colegio de Psicólogos Clínicos de Querétaro (Coepsique), García Ramos dice que para entender el caso, basándose sólo en las declaraciones dadas a la Fiscalía por los protagonistas, “resulta necesario diseccionar por separado el acto de la violación y el del homicidio.”

“La intención del chico no fue matar a la prima, sino violentarla sexualmente, incrementando ese deseo primero como juego erótico y después impulsado por el forcejeo”, dice el experto, quien prosigue: “el homicidio surge como accidente, mientras que sepultarla en el patio se da como un medio de protegerse a sí mismo contra el castigo.”

Para García Ramos, el juego de la hamaca iniciado por el chico “le sirvió para resolver su irritabilidad interior, pero al verse confrontado por el llanto de la niña, la violación surgió a manera de castigo para la niña, como una catarsis emocional para dar salida a lo que este muchacho pudiera traer consigo”.

García Ramos destaca no percibir signos de arrepentimiento o sentimiento de culpa en la declaración de Mane, algo que suele ser común en chicos que “tienen una infancia alterada, violenta o abusada”, razón por la cual, añade, “actúan violentamente como una manera de sacar un enojo contenido.”

“En estos casos, un joven victimario sería, a su vez, en víctima de circunstancias violentas que pudo haber enfrentado en el pasado o presente. Con este tipo de disposición, los actos violentos operan como una forma de resolución de conflictos, a manera de catarsis.”

Por lo que toca a la confrontación que, de acuerdo con las actas, tiene Mane con su padre, García Ramos es enfático:

“No sería difícil pensar que la violencia descargada por el chico no fuera interiormente aplicada contra la niña, sino contra el padre y quizá también contra la madre. Porque es muy probable que su conflicto básico sea con los padres.”

Por último, el experto anhela que dentro de su actual internamiento judicial el adolescente esté recibiendo un adecuado tratamiento sicológico, dado que “me llama la atención el tema de la falta de sentimientos de culpa y la frialdad con la que se toma sus actos”.

“De no considerarse un buen tratamiento clínico para este joven, socialmente estaríamos en riesgo de contar en el futuro ya no con un chico enojado, sino con un potencial delincuente”, concluye García Ramos.

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Las tres partes de esta historia las puedes leer aquí

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