Juan José Arreola - Código Político

La seguridad es responsabilidad… – Juan José Arreola

…De todos. No lo dudo. Es decir, de las instancias de gobierno, el federal, el estatal y el municipal pero también de los ciudadanos y de los medios de comunicación. Cuando uno o varios de ellos fallan, todo se complica y repercute en el incremento de la percepción de inseguridad; esto es, que la gente considera que vive, trabaja, está o transita por lugares en los que puede ser víctima de la delincuencia, aunque haya o no haya sido blanco de ésta.

Obligaciones compartidas

Uno de los problemas mayores que enfrentamos es la disonancia en estrategias de combate a la delincuencia que persiste entre las tres instancias de gobierno; más ahora que el federal se empeñó en modificar la forma de enfrentarla, apostando por la constitución de una Guardia Nacional conformada por militares y marinos sin prever o programar la depuración y fortalecimiento de las policías municipales y estatales.

Me parece que a pesar de que la Guardia sea lo más eficiente posible, la estrategia no repercutirá en el combate al delito del fuero común y se centrará en la “guerra” contra las bandas delincuenciales que inciden mayormente en delitos del fuero federal.

Esta condición deja en la indefensión a estados y municipios en el combate a delitos como el robo a transeúntes, a negocios, a casa-habitación así como al transporte público, entre otros.

Por eso, es de suma importancia que los ciudadanos, además de exigir -con justeza- protección por parte de los gobiernos, con justeza también es fundamental que hagan algo por implementar acciones de prevención delincuencial.

Popular es el dicho mexicano “la ocasión hace al ladrón”. Quiere decir que no incurramos en omisiones, acciones o decisiones que faciliten la comisión de un delito.

Por eso es que resulta de suma importancia que, más allá de tener la obligación cívica de denunciar la existencia de un delito, ya sea como objeto del mismo o como testigo de su ocurrencia, debemos procurar acciones que reduzcan la probabilidad de su ocurrencia.

Lo que podemos hacer

Con lo útil que resulta la telefonía celular, es posible hacer varias actividades de protección.

Es clave, por ejemplo, que todos los integrantes de la familia estén comunicados; que el papá avise cuando va a casa o al trabajo; que los hijos se reporten a casa de vez en vez en el día, para avisar dónde se encuentran.

Hablando de esta telefonía, ojalá que nos quitemos la costumbre de transitar por la calle con los audífonos puestos pues nos impide escuchar lo que pasa alrededor y nos distrae del camino.

Es bueno no caer en la rutina de recorridos que hacemos rumbo al trabajo, a la escuela o al mercado; hay que cambiar a fin de evitar ser predecibles. No contestar números telefónicos desconocidos; cuando manejamos automóvil no pelearse cuando sentimos que otro conductor nos ha agredido por rebasarnos o por “cerrarse”.

¿Y qué tal las redes sociales? Nos engatusan con fotos de mujeres bellas o de jóvenes fornidos a fin de que demos like y trabemos amistad con desconocidos.

Todos comprometidos

Si la ciudadanía hace su trabajo, aplicando alguna de las recomendaciones señaladas u otras que consideremos viables, tendremos el valor moral suficiente para exigir a los gobiernos que ellos también cumplan con su responsabilidad de protegernos y proteger nuestras ciudades.

Caso contrario, seguiremos viviendo la delincuencia sin hacer nada y, mucho peor, queriendo que el gobierno haga todo… hasta protegernos al interior de la casa.

Ojalá que cambiemos de actitud y asumamos nuestro papel de ciudadanos comprometidos con nuestro entorno.

Por el bien de todos.

(*) Periodista
Lic. en Periodismo Digital
Twitter: @juanjosearreola

¿Quieres dejar algún comentario?

To Top