Tania Palacios Kuri - Voz en Acción

Es tiempo del presente, “hoy” no es ayer ni es mañana – Tania Palacios Kuri

“No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro”.
Jean Paul Sartre

Hemos sido testigos y protagonistas de una misma historia, el tiempo nos ha visto pasar de la conservación a la revolución, de la izquierda a la derecha, de ida y vuelta, de un color a otro, de sabores, modas, costumbres y momentos. Así también hemos visto pasar el tiempo, de reojo o con vista de águila según la voluntad personal y colectiva.

De la voz de Benjamin Franklin: “¿Amas la vida? Pues si amas la vida no malgastes el tiempo, porque el tiempo es el bien del que está hecha la vida”.

Y a todo esto, ¿Qué es el tiempo? De nada nos sirve si no nos preguntamos ¿Qué hace el tiempo? ¿Qué estamos haciendo con el tiempo que tenemos? ¿De qué es tiempo?

Nos dedicamos a estudiar la historia muchas veces sin construir o influir en la historia misma. Escuchamos a políticos culpar a otros del pasado y vemos en pocos discursos declararse responsables del presente. Basta con ver las permanentes ruedas de prensa matutinas en la prensa nacional para preguntarnos si vivimos en el presente o en el pasado.

Vivimos en un gerundio nostálgico que habla del pasado y en un futuro que depende de un presente automático. Porque, en muchos sentidos, en el presente de nuestro país, o más aún, de nuestra vida, estamos ausentes.

Y antes de que sigas leyendo quiero desengañarte sobre la edición de la semana. Ésta, no es una colaboración de promoción optimista, en realidad lo que busco es generar conciencia.

Quisiera hablar por una generación que tiene una meta ambiciosa: trascender el tiempo, transformar su propio tiempo, optimizar sus propios talentos, con una mente disruptiva y pasión en el corazón pero siempre fieles a lo que nos ha enseñado la historia sobre nuestros valores y principios, esos que no cambian.

Es tiempo de parar un poco. De poner pausa y darnos cuenta de que la vida pasa y no se detiene por nada ni por nadie. Reflexionemos sobre lo mucho que hay que agradecer al tiempo, al pasado.

Agradezcamos esa posibilidad que nos da el presente de hablar y actuar con la certeza de planear nuestro futuro sin los errores o vicios del pasado y siempre con mejores herramientas.

Todos representamos una esperanza, una promesa de humanizar cualquiera que sea nuestra labor y tarea, de recuperar la credibilidad en nosotros mismos, hacer que cambie lo que deba cambiarse y que permanezca lo invaluable.

México se ha gestado con el esfuerzo, de ciudadanos, de gobiernos, de sociedad civil organizada, de jóvenes que han hecho historia, de adultos mayores que nos recuerdan de dónde venimos, de niñas y niños que buscan transformar.

Todos formamos parte de una fuerza que nos lleva a la evolución política, social, económica, pero el tiempo no es recurso renovable y el reloj no puede ir para atrás.

Pero a veces parecería en el pulso social, que el paso, va en sentido contrario. Se ha creado mucha desconfianza entre unos y otros; nos escupimos y dividimos esta sociedad entre “chairos” y “fifis” y no vemos el reloj de arena de frente que nos dice que es momento de unir, no de dividir.

México es el país del folclor, de la danza, de los colores, de la diversidad de tradiciones y de la comida. Es un país donde hay magia.

La reflexión es para nosotros, quienes habitamos México, para hacerle honor a su imagen, para acompañar las quejas que ensucian su nombre, de propuestas que enaltezcan su orgullo.

Que si escuchamos palabras lacerantes como corrupción, inseguridad, miedo, incertidumbre, impunidad, seamos conscientes de que hay todavía jóvenes que no se han convertido en políticos que desilusionan o en artistas que inspiran, son todavía proyectos en potencia. El mejor deportista y el peor delincuente siguen definiendo su destino en las aulas o en la calle. Así que no malgastemos el tiempo.

“Malgasté el tiempo. Ahora el tiempo me malgasta a mí.”(William Shakespeare)

Una sociedad organizada e informada no ofende, no busca hacer daño, no divide, no clasifica, una sociedad es fuerte cuando hay acuerdos, cuando exige a sus gobiernos pero también cuando compromete buenas prácticas ciudadanas.

Todo cambia menos el cambio.

El mundo evoluciona pero hay principios y valores que siguen vigentes. La sociedad evoluciona, crecen los retos, pero hay algo que permanece.

Permanece la dignidad, el humanismo, la solidaridad.

Creo en el ser humano, en los ciudadanos éticos y comprometidos, y estoy segura de que México como nación, cree también en su ciudadanía en su juventud y en su fuerza.

Pueden cambiar los tiempos, pero si ponemos a la persona en el centro de las decisiones entonces tendremos la certeza de la permanencia del humanismo, del sentido social.

Hagamos un alto, y regresando al famoso tiempo, no lo veamos pasar de reojo, seamos el tiempo, el tiempo de la transformación en casa, de la participación, de la igualdad sustantiva y real. Evoquemos al pasado para aprender y mejorar nuestro presente. Trabajemos juntos, sin divisiones nominales o sustanciales. Preparemos este presente como la mejor herencia para las generaciones que vendrán después.

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