Juan José Arreola - Código Político

Amor y desamor por Elena – Juan José Arreola

Siendo un adolescente, cayó en mis manos el libro La noche de Tlatelolco, escrito por Elena Poniatowska. Prácticamente “lo devoré”. No tengo muy claro el recuerdo pero creo que no pasó de un fin de semana para que lo concluyera.

“Elenita” realizó un excelente trabajo periodístico al recopilar centenas de testimonios de quienes estuvieron en la Plaza de las Tres Culturas aquel 2 de octubre de 1968, de sus amigos, familiares o de personas que atestiguaron los hechos al ser habitantes de la Unidad Nonoalco-Tlatelolco.

Además, la escritora rescató decenas de fotografías de los hechos de esa tarde y de días posteriores, dejando al descubierto la viva imagen de la represión del gobierno que en ese entonces encabezaba Gustavo Díaz Ordaz.

Con mi familia, vivía en el departamento 207 del edificio Ignacio Zaragoza, en la segunda sección de Tlatelolco. Desde ahí, recuerdo que escuchamos el paso de los soldados, el lento avance de las tanquetas; los golpes y ataques feroces de los que fueron objeto los manifestantes que corrían por jardines y las escaleras de los edificios.

Una bala entró a la casa paterna por la ventana de la sala, afortunadamente sin consecuencia alguna más allá del cristal roto y la pared perforada.

Es decir, todo fue real, tan real que sigo considerando que Poniatowska reflejó con claridad, en su libro, lo sucedido esa ocasión (ejemplar que, por cierto, conservo con mucho aprecio, entre mis tesoros personales). Que su prosa logró trasmitir las sensaciones y pensamientos que circularon esa tarde-noche fatídica para México.

Literariamente me enamoré de “Elenita”. Me pareció -y sigo apreciándolo así- una gran escritora, sensible y comprometida con las causas sociales de México.

Desamor por ella

Y aunque mantengo mi idea de que es una gran narradora que estuvo comprometida socialmente con el país, el lunes antepasado esa visión se derrumbó. No quedaron ni los cimientos de lo que había construido en torno a su persona.

Ni su presencia en la conferencia de prensa del presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, ni la posible utilización que de su figura hace el gobierno federal, me causaron tal reacción como lo expresado por la escritora.

“Mira mamá: creo que somos muy felices aquí”, dijo Elena Poniatowska, en un diálogo ficticio con su progenitora; mirando hacia arriba y entrelazando la manos, en alusión a la administración federal lopezobradorista, a la que considera como un buen gobierno.

Quiero quedarme con la idea de que fue un arrebato de emoción (más allá de un posible acuerdo contractual entre ella y el gobierno federal) la que la llevó a esa expresión.

No creo, ni por tantito, que tenga razón. Creo que Elena se obnubiló; está cegada (políticamente) por su aprecio por Andrés Manuel, pues a pesar de que pudiéramos pensar que el presidente sacará al país de las condiciones en que se encuentra, hoy no caben expresiones de ese tipo.

Lo dijo exactamente el mismo día en el que cientos de madres marcharon en reclamo de la presentación de sus hijos desaparecidos; el día en que se registraron nuevos asesinatos en varios rincones del país. Lo dijo un día en que la economía mexicana dio signos de debilidad.

Corazón partido

Entiendo que Elena se expresó así porque es simpatizante de López Obrador, pero no porque haya realizado un análisis concienzudo de la realidad mexicana, como solía hacerlo.
Su comentario fue producto de sus emociones, no de su pensamiento; de su corazón, no de su cerebro

Ella, que con sus libros formó a una generación de universitarios que los leímos con avidez y admiración, hoy nos ha entristecido pues por primera ocasión dejó de lado su experiencia y seriedad para cambiarlas por el arrebato y la simpatía.

Periodista
Lic. en Periodismo Digital
Twitter: @juanjosearreola

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