Andrés Garrido del Toral - Memorias Peregrinas

El Querétaro festivo – Andrés Garrido del Toral

Amigos lectores, en el año de 2021 –-último año del gobernador Domínguez y del alcalde Nava en ejercicio gubernamental (Nava puede reelegirse, Pancho no)– se cumplirán 490 años de la fundación de la ciudad de Santiago de Querétaro y los festejos deberán estar a la altura de la categoría de nuestra hermosa urbe. En 1981 se conmemoraron los 450 años de dicho acontecimiento en una forma digna, sobre todo por el gobierno estatal que encabezaba don Rafael Camacho Guzmán, ya que el Ayuntamiento capitalino presidido por mi amigo Álvaro Larrondo Ojeda era pobre en presupuesto, al no reformarse todavía el artículo 115 constitucional que a partir de febrero de 1983 fortaleció las finanzas municipales.

Don Rafael no se quedó en lo artístico y cultural para tan digno fasto –se ofrecieron cientos de recitales y conciertos y se hicieron y reimprimieron decenas de libros sobre historia de Querétaro–, sino que adoquinó las calles de la ciudad que tenían un feo empedrado como Ocampo norte –-a partir de Morelos y hacia el Río–, las tortuosas calles de La Cruz y La Merced, creó el segundo carril asfaltado de la avenida Universidad, remodeló los principales edificios públicos como la Casa de la Corregidora, el mal llamado Palacio Conín y el Palacio Municipal de Madero 81. Remodeló plazas céntricas y construyó la Plaza de los Fundadores, además de replicar el modelo en las dieciocho cabeceras municipales y asfaltar las ahora carreteras a Huimilpan y Amealco, a Tequisquiapan y de Bernal a Higuerillas. Fue tanta su actividad en favor del Centro Histórico de Querétaro que convenció al líder del comercio informal, don J. Merced Aguilar Trejo, para que la zona céntrica capitalina no fuera más ocupada por puestos ambulantes y semi fijos, alcanzando después de ello el reconocimiento del presidente José López Portillo para darle a la ciudad el título de Zona Monumental en el año de 1981.

Pues bien, ¿qué le propongo a mi presidente municipal Luis Bernardo Nava Guerrero para que el año 2021 no nos agarre desprevenidos? Pues primeramente decirle que el principal responsable de dichos fastos es el Ayuntamiento que él preside, ya que si bien en 1981 el gobierno estatal se encargó de casi todo fue porque el municipio de Querétaro no era tan importante como es ahora, uno de los quince más ricos y desarrollados del país. El gobernador y su gabinete deberán estar cordialmente invitados a sumarse a estos fastos.

Imagino arrancando los trabajos desde el 25 de julio de 2020 instalando la Comisión de Festejos por el 490 aniversario de la Fundación de Santiago de Querétaro, en la que el Francisco Domínguez Servién resalte como presidente honorario y Luis Bernardo como presidente ejecutivo, incluyendo en ese órgano consultivo a fieles representantes de la iniciativa privada, social y pública, en la que no se puedan marginar a las voces del sector cultural e instituciones de educación superior. Veo a mi alcalde arrancando los trabajos desde el primer día de enero de 2021 en medio del fin de los festejos navideños, con un desfile o cabalgata anunciando la fecha del 25 de julio.

También escucho ya a la Estudiantina de la UAQ y a la Estudiantina Femenil de la misma casa de estudios, a su Rondalla Universitaria y a la del Tecnológico de Querétaro dando recitales en el Centro Histórico y en los barrios tradicionales, lo mismo que a la Orquesta Filarmónica de Querétaro y al Coro Monumental y Orquesta Sinfónica del Conservatorio de Música. Contemplo conciertos y recitales de toda clase en los principales auditorios, salas y claustros de nuestra levítica ciudad con un público vibrante. Observo lo mismo a los patios de los conventos de La Cruz y San Francisco rebosantes de conferencias y música que a los claustros de Santa Rosa de Viterbo, San Agustín y Patio Barroco, sin olvidar a la Otra Banda con su magnífica Casa del Faldón.

Imagino simposios, congresos, conferencias y diplomados en que nuestros principales especialistas en queretanidad, historiadores y cronistas ofrezcan sus conocimientos a todas las capas de nuestra sociedad, lo mismo desde el claustro académico que en los atrios y plazas de las delegaciones municipales y barrios tradicionales. Veo a Daniel Cruz Valencia hablando del Querétaro prehispánico, a Ignacio Urquiola Permisán sobre la verdadera fundación queretana, a Lourdes Somohano polemizando sobre asentamientos dispersos en el valle de Querétaro antes de la llegada de los españoles, a Juan Ricardo Jiménez Gómez y a David Wright desbaratando las teorías fundacionales antiguas, al cronista diocesano Francisco Gavidia Arteaga y a Miguel Ferro Herrera disertando sobre la evangelización y sus protagonistas, a José Martín Hurtado profundizando sobre la Independencia, a Gabriel Rincón Frías aleccionándonos en los primeros años del Querétaro independiente, a Ángela Moyano ilustrándonos sobre la Intervención Norteamericana, a Blanca Estela Gutiérrez Grajeda abriéndonos nuevos horizontes sobre la Reforma y el Porfiriato, así como al que esto escribe sobre el Segundo Imperio, el Sitio de Querétaro y el Congreso Constituyente de 1916-1917, además de Francisco Meyer y Oliva Solís recreando la Revolución, con un colofón de excelencia a cargo de David Estrada Correa, Jaime Vega Martínez y Edgardo Pérez Moreno dándonos el Querétaro moderno.

Escucho funcionando todos los relojes públicos como el de la Casa de los Leones, el de Santa Rosa, el de Santiago –que es el más antiguo- el de San Felipe Neri, mismos que ofrecieran conciertos atractivos, nombrándose al talentoso Manuel Escoto Patiño como relojero municipal. Así mismo, echar a funcionar los relojes de sol citadinos a los que en su mayoría se les han arrancado las agujas, participando el especialista tolimanense Ángel Rea para que marquen también las estaciones del año.

Ya siento en mis manos los libros hechos por los principales historiadores queretanos, en ediciones rústicas y de lujo, que serían presentados en los barrios y centro histórico, para ser distribuidos entre la población y no solamente a foráneos y miembros de la clase política. Pero más se me antoja el gran libro de Santiago de Querétaro, en que se toquen las distintas versiones fundacionales de nuestra civitas incluyendo las crónicas tradicionales y los nuevos descubrimientos a partir del testamento de Fernando de Tapia, de los archivos del Pleito Grande entre el Obispado de Michoacán y el Arzobispado de México y entre los caciques de Xilotepec contra el encomendero de Acámbaro Hernán Pérez Bocanegra, además de nuestra participación en la Independencia, Ratificación de los Tratados de Guadalupe Hidalgo, Intervención Francesa y Revolución Mexicana.

Lo que más me desvela es la idea de crear la Biblioteca de Querétaro, misma que no existe a pesar de que ya hay la Biblioteca Michoacana, la Biblioteca de Jalisco, la Biblioteca de México, la Biblioteca Yucatanense. La biblioteca más importante del estado la tenemos en el Centro Cultural Gómez Marín en una colección que abarca de todo, que no es especializada en temas queretanos, además de no recibir más libros –ni en donación- porque ya no hay espacio físico. La Biblioteca de Querétaro tendría como objeto ser un centro de documentación especializado en autores y temas del Estado de Querétaro y albergaría libros, material digital, planos, mapas, fotografías, audios, archivos y cualquier clase de documentos que contengan información sobre nuestra entidad, de cualquier época y especialidad científica y artística, es decir, no es exclusivamente histórica sino multidisciplinaria e interdisciplinaria, donde no solamente se ofrecería la consulta sino que habría además de bibliotecarios varios investigadores científicos para procesar la información allí guardada y publicar libros.

¿Dónde podría instalarse la Biblioteca de Querétaro? Pienso que el lugar más práctico y más barato es la casa de José Guadalupe Ramírez Álvarez, sita en Escobedo 67, misma que tiene en custodia la UAQ pero no en propiedad, ya que el complejo testamento del maestro Ramírez todavía no es desanudado por las partes que conforman la propia Universidad, el Diario de Querétaro y el municipio capitalino. En tiempos del rector Gilberto Herrera Ruiz, éste se acercó al edil Marcos Aguilar Vega para que a cambio de siete o nueve millones las autoridades municipales se quedaran con la casona, le metieran a la remodelación que no va más allá de seis millones (no presenta daños estructurales a decir de especialistas universitarios), pero no hubo decisión del munícipe.

Para mí esta sería la opción de inmueble más afortunada, ya que se crearía un gran centro cultural como lo es el proyecto de Biblioteca de Querétaro y se cumpliría la última voluntad del insigne educador de destinar sus bienes para becas en favor de alumnos pobres.

El acervo bibliográfico y documental se formaría con base en donaciones y excepcionalmente por compra gubernamental, aunque también se firmarían convenios de colaboración y contratos de usufructo. Yo estoy dispuesto a donar mi importante biblioteca personal de historia de Querétaro con tal de que se haga realidad este sueño. Les vendo un puerco queretano y soñador. ¡He dicho!

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