Juan José Arreola - Código Político

Discrepar no es discriminar – Juan José Arreola

¿Cómo reaccionaría si, caminando por la Plaza de Armas o por el Jardín Guerrero, escucha a una persona decir que no está de acuerdo con la homosexualidad? ¿Qué haría si ve a un grupo de muchachos vestidos como militares nazis? O ¿Qué diría si alguien le dice que no está de acuerdo con la forma en que gobierna Andrés Manuel López Obrador?

De mi parte, estoy convencido que todas las personas tienen el derecho irrestricto de pensar como mejor crean pertinente, no importa si su pensamiento lo consideramos retrógrada, derechista, ultra, conservador e incluso si creemos que es discriminatorio aunque, en los hechos, no lo sea.

Del decir al actuar

El punto definitorio es cómo se reaccione a estas hipotéticas condiciones o situaciones (que pueden ser reales) para poder entender la distancia que hay entre la discrepancia de opiniones y la discriminación o represión hacia otros puntos de vista.

Quien no esté de acuerdo con la homosexualidad, lo dice sin que de palabra o acción brinde un trato desigual a quien sí lo acepte, lo comparta o lo sea, entonces tiene todo el derecho a decirlo y no por eso se le deberá de acusar de discriminar o de ser homofóbico.

Una persona que piense así no debe ser condenada o atacada. ¿O qué? ¿Todos debemos pensar igual y asumir que estamos de acuerdo con la homosexualidad? Si esa es la lógica, entonces lo que estamos haciendo es reprimiendo a los que piensan diferente.

Otra cosa, insisto, es que esa forma de pensar conduzca a ese ciudadano a insultar, golpear u ofender a otro por el hecho de ser homosexual.

Algo parecido puede suceder con el segundo ejemplo que he planteado. De manera personal, no comparto la ideología ni el actuar de la gente que simpatiza con el nazismo. Eso no quiere decir, sin embargo, que los ataque o los insulte. Mi pensamiento no es argumento válido para ir tras ellos… a menos de que en nombre de su ideología causen daño a cualquier ciudadano, de palabra o de acción.

Y por supuesto, el tercer ejemplo que cité al inicio es más que ilustrativo, pues justo en estos tiempos hay quienes discrepan de la forma de gobernar del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador y del actuar de su partido, Morena, han sido agredidos por algunos de los seguidores del Presidente.

Un linchamiento en redes sociales (a través de grupos de bots o trolles creados por algunos morenistas) o en la vía pública (como acostumbran a hacer personajes como Gerardo Fernández Noroña o la mismísima Yeidckol Polevnsky Gurwitz).

El mismo Presidente de la República ha incurrido en esta práctica con sus reiteradas referencias de fifís, conservadores, mafia del poder, vendidos y otras lindezas dirigidas a políticos, personajes críticos e incluso a medios de comunicación con los que no está de acuerdo.

Ni discriminación ni intolerancia

Discriminar significa dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental o por otro motivo. Aplica tanto para quienes odian la homosexualidad como para quienes odian a los que odian la homosexualidad.

Podemos pensar como queramos y lo que queramos; estar en contra o a favor de un sinfín de comportamientos, políticas, acciones o personas. Eso no quiere decir ni que actuemos en su contra pero tampoco que seamos atacados por la manera diferente de pensar.

Ojalá que el proyecto del actual gobierno mexicano, de fomentar la formación de valores en la educación básica se ponga en marcha y brinde resultados en las próximas generaciones de mexicanos, para que desde niños traigan la firme percepción de la tolerancia, la diversidad de pensamiento, la aceptación y la convivencia pacífica.

Periodista
Lic. en Periodismo Digital
Twitter: @juanjosearreola

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