Josué Quino - Bitácora de VIHda

“Gané un amparo y me darán mis antirretrovirales, pero la contingencia me impide ir a CDMX” – Josué Quino

La historia ha cambiado.
Ha llegado el momento en que el VIH
ha dejado de ser un referente de muerte y
se ha convertido en una afortunada oportunidad
de vida, emergiendo en nosotros lo positivo de ser positivo.

Mayo 15
Querido Diario:

Hoy he estado recibiendo varias felicitaciones por el día del maestro, y me han hecho recordar cuando era yo quién debía emitirlas. No recuerdo los nombres de las monjas de kinder que me enseñaron a leer, a escribir y hacer mis primeras cuentas. Sin embargo recuerdo muy bien todas y todos los de primaria. En primero de primaria, en 1964 la maestra María Luisa, fue quien me hizo notar que era el más avanzado de la clase, porque mis compañeritos apenas estaban aprendiendo las letras.

El método con el que aprendí era muy fácil, ya que usábamos los sonidos de cada letra, y al irlas juntando, íbamos develando poco a poco la palabra. No era por el nombre de la letra, sino por su sonido. Mira, por ejemplo, no decíamos “eme”-“a”, decíamos “mmmm”-“a”: “ma”, no decíamos “erre”-“i”-“ese”-“a”, decíamos: “rrrr”-“i”: “ri”; “ssss”-“a”: “sa”, “ri”-“sa”: “risa”: ¡risa!
Y de esa manera pude leer todos los cuentos que quise, y que me alejaban del mundo real en el que vivía. No me gustaba vivir así, no me gustaba vivir ahí. Por eso, cuando aprendí a leer a los cinco años, no paraba de leer todos los cuentos que mi tío Javier me guardaba después de que él ya los había leído, además de que era bien fácil porque tenían “muñequitos”. Así leía “Superman”, “Batman”, “Marvila”, “Aquaman”, “Kaliman”, “Santo, el enmascarado de plata”, “Periquita”, “Archie”, “Lágrimas y Risas” (que en realidad era “Lágrimas, risas y amor”, pero nadie, por flojera, decía el nombre completo), “Memín Pinguín” (que siglos después mi amigo Pancho me hizo reflexionar en que, aunque todo el mundo le decíamos “Memín Pingüín”, en realidad no llevaba diéresis, por lo que lo correcto era “Memín Pinguín”, de pingo, no de pingüino).

A los siete leí “Robinson Crusoe”, y ¡enloquecí! Tenía la capacidad de crear en mi cabeza imágenes para palabra que iba descubriendo, para cada situación que ocurría, y para historia que iba leyendo. ¡Era hermoso leer! ¡Y leía lo que fuera! Aunque a veces no comprendiera mucho de qué se trataba, como el documento que me envió la licenciada Andrea Rocha, de la Ciudad de México, en el cual ella me aseguraba que decía que había ganado mi amparo y que ¡ya me iban a dar mis medicinas!

“Suspensión de plano”, decía en letras adultas, y continuaba así “en otro orden de ideas, atendiendo a que en el cuerpo del ocurso que se provee, se reclamas actos que ponen en riesgo la salud de los quejosos, a efecto de conservar la materia del amparo, de conformidad con lo previsto por el artículo 26 de la Ley de Amparo, (comienzan las negritas) se concede de oficio la suspensión de plano… Josué Alberto Quino Andrade (se acaban las negritas), por propio derecho, para el efecto de que las autoridades responsables (otra vez en negritas) Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y Secretario de Salud (se acaban las negritas) realicen las acciones necesarias a fin de proporcionar o suministar (luego busco la diferencia, porque según yo son lo mismo) a los quejosos el (otra vez negritas) medicamento denominado “Antirretrivirales” (terminan las negritas), de acuerdo al virus que presenta (entre paréntesis y con negritas) Virus de Inmunodeficiencia Humana (terminan las negritas), siempre y cuando el médico tratante lo indique por estimarlo favorable a la salud de los pacientes, (inician nuevamente las negritas) en el entendido de que, (aparte de negritas, inicia un subrayado) aun cuando haya desabasto, se proporcionen los medicamentos correspondientes; por lo cual deberá tomar cualquier medida necesaria para combatir y mitigar dicho desabasto (termina el párrafo, concluyen las negritas y finaliza el subrayado).

Amparadamente… Josué

Mayo 16
Querido Diario:

Estoy sumamente agradecido con la licenciada Andrea Rocha (que por cierto, con ella eso de “muda y bonita ella, como una estrella”, nomás no va. Es súper inteligente, súper amable, súper chida y súper guapa). También tengo que agradecerle a mi amigo Toño Medina, por haberme invitado a entrar en este primer paquete de quejosos, porque ambos han logrado obtener para mi beneficio el otorgamiento de mis medicinas, ¡en menos de 48 horas! ¡Y todo los pagaron ellos! Aunque, al mismo tiempo me siento triste porque somos muy poquitos quienes obtuvimos este beneficio legalmente, no somos ni tan siquiera el 0.0001% de quienes estamos sufriendo desabasto, ¡y peor tantito quienes, por una u otra razón, niegan que haya desabasto en sus centro de salud!

¡Bendiciones para ambos!

Agradicidícimamente… Josué

Mayo 17
Querido Diario:

Tenía que haberme ido desde ayer a la ciudad de México para que me dieran mi resolución e ir al Seguro Social más cercano por mis medicamentos, además de estar listísimo para participar en el Curso “Historia del Movimiento LGBTI: derechos de las poblaciones de la diversidad sexual”, sin embargo me ha dado mucho temor viajar allá en estos días, ya que la contingencia ambiental está tan terrible como nunca antes lo había estado. De hecho, por primera vez, que yo recuerde, desde guarderías hasta universidades has vuelto a suspender las clases. Las partículas suspendidas en el aire, me pueden hacer terminar hospitalizado, dado mi estado de vulnerabilidad y poca resistencia bronquial, pulmonar, respiratoria que tengo.

Obviamente no le han hecho mucho escándalo a esto de la contingencia, para no poner más nerviositos (de lo que de por si ya andan) a la Sheimbaum (o como se escriba) y a Lópitoz, que ya no le saca a lo fuerte, si no a lo tupido de todos los reclamos que enviamos, a pesar de la potente, casi impenetrable ola de protección que de manera gratuita recibe permanentemente por parte de sus chairos en las redes sociales. Justo el haber ganado este bendito amparo, me pone en condición de emitir airadamente mis molestas observaciones, que además ¡son ciertas!, ante este tipo de acciones sin sentido, que sin ton ni son, le ha dado por hacer.

En verdad, y con todo el cariño y admiración que le tengo a muchísima gente que ahora trabaja con él: ¿no existe alguien a quién él escuche, sin que imponga su no-razón? ¿No hay alguien que, en súper buena lid, le haga entender que esa absoluta necedad que comienza a caracterizarlo (que según yo era mínima), puede traer consecuencias negativas? Y es muy claro, con los medicamentos para el VIH, ¡que juran ya compraron!, pero que ¡no vemos! Todo lo avanzado en esta materia, puede quedar en dos lugares: tres metros bajo tierra o en cientos de urnas para cenizas.

¡Que alguien le haga entender que no tiene la razón absoluta, por favor!

De plano no voy a ir, le saco a enfermarme. Le explicaré a Eugenia Gutiérrez y le ofreceré disculpas. Se que comprenderá mi estado de precaución.

Disculposamente… Josué

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