Niels Rosas Valdez - Procesos del Poder

¿Por qué legalizar otras drogas y no la marihuana? – Niels Rosas

Actualmente tenemos conocimiento de una gran variedad de drogas, hay unas muy «fuertes» y otras muy «suaves», como comúnmente decimos para referirnos a la dificultad o facilidad que hay en ellas, así como su grado o rigor, para alterar nuestro sistema nervioso. Algunas de estas drogas son legales, lo que significa que pueden consumidas bajo un esquema de regulación establecido por el Estado, como por ejemplo el tabaco, el alcohol y la cafeína, por nombrar algunas. Paralelamente existen otras drogas cuyo grado de alteración del sistema nervioso es mucho mayor que las ya descritas, como lo son la cocaína, la heroína y el crack, entre otras, por lo que son catalogadas por el Estado como ilegales para su comercio y consumo. Pero, ¿qué hay de la marihuana?

Desde hace unos años para acá se ha hablado mucho acerca de la legalización de la marihuana, conformando entre sociedad y gobierno un debate político al respecto. Grupos de ciudadanos y de políticos se han mostrado a favor de hacer el consumo de la marihuana algo legal, mientras que otros grupos más se han mostrado en contra, satanizando el tema y afirmando, por ejemplo, que no resuelve nada. En este sentido, hemos visto que en otros países existe permisión para el consumo de marihuana, ya sea para consumo personal, o bien, uso medicinal, como Uruguay, Canadá, Países Bajos (Ámsterdam) y Estados Unidos (Colorado). ¿Por qué en México no? ¿Por qué legalizar otras drogas y no la marihuana?

El consumo de sustancias psicotrópicas y de drogas en general no es una práctica nueva en nuestra sociedad, en cambio, data de tiempo atrás. El uso de sustancias alucinógenas ha sido una práctica que realizaban diversas civilizaciones a lo largo y ancho del planeta. En el caso de México, muchas culturas prehispánicas usaban dichas sustancias, como diversas variedades de hongos, tabaco, y una muy famosa: el peyote, entre otras. A partir de las expediciones de ultramar realizadas por las potencias europeas, como España y Portugal inicialmente, y Reino Unido más tarde, varias plantas y sustancias se transportaron del Nuevo Mundo a los continentes europeo y asiático en mayor medida. Así, el tabaco fue introducido a varias sociedades, siendo cada vez más conocido y buscado entre los comerciantes de cada país. Algo similar pasó con el opio, otra droga famosa en su tiempo.

La historia del opio se remonta a la China del siglo XVIII. Para ese momento la dinastía Qing, gobernante del territorio chino, se mostraba reacia a permitir que su pueblo consumiera tal sustancia, por lo que impidió su cultivo y comercio. Gracias a las exploraciones de ultramar, el Imperio Británico tuvo gran esplendor y era poseedor de colonias como India, lugar de donde cultivaba el opio para comerciarlo con China. Una vez que el emperador se negó a importar esta sustancia, los británicos libraron una guerra, denominada la «Guerra del Opio», que tuvo dos escenarios: de 1839 a 1842, y de 1856 a 1858. Al final, los chinos tuvieron que ceder, legalizando y expandiendo el comercio de opio del Reino Unido e India. Si el hecho de que hubo dos guerras no es suficiente para expresar lo significativo que fue este comercio británico, quizá mostrar cifras sí lo sea, y es que de 1839 a 1879 las utilidades aumentaron un 150%, es decir, de 6 millones de libras esterlinas pasó a 15 millones, y aún así no superaban las 32 millones de libras esterlinas de producción local que se hacía en China para el resto de sus habitantes.

El mundo entendió rápido las bondades económicas del comercio de las drogas, pero comprendió los daños que éstas representaban para la salud. Así, fue en 1907 que se celebró entre el Reino Unido, India y China el primer acuerdo para terminar las exportaciones de opio, y a partir de esto más Estados se unieron a lo largo de los años, desarrollando convenciones y organizaciones de trabajo para reducir y controlar el comercio de drogas en general. El tema pasó a ser inclusive desarrollado por las Naciones Unidas, que dado el panorama creciente de este comercio, creó en 1972 el Fondo de las Naciones Unidas para el Control del Abuso de Drogas, que posteriormente se transformó en la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Drogas como el opio, la amapola, la cocaína, la heroína, la marihuana, entre otras, fueron prohibidas por las Naciones Unidas, no obstante, otras drogas se mantuvieron legales, como el tabaco y el alcohol. ¿Por qué sucede esto? Desde su introducción en Europa, el tabaco fue muy popular entre la gente, aumentando su consumo de manera exponencial, lo que significaba un comercio enorme. De ahí que tanto la Corona Española y la Corona Británica crearan monopolios de tabaco en sus colonias. En la Nueva España existían los estancos reales, que eran dichos monopolios, como el de la sal y el del tabaco (inclusive en Querétaro existía una fábrica de cigarros y puros). Las utilidades que se generaban en estos espacios eran exorbitantes, no por nada las Trece Colonias, entre otras razones, buscaron independizarse del Reino Unido y quedarse con este monopolio.

Ahora, con el alcohol sucede algo muy similar, es decir, es una industria que está en todos lados, inclusive en países en donde a causa de religión mayoritaria se prohíbe su consumo (países musulmanes). Esto significa que genera grandes cantidades de dinero, por lo que prohibirlo implicaría un combate de grandes proporciones entre diversos intereses, además de que – junto con el tabaco, pero aún más que él – ha formado parte de la vida cotidiana de las civilizaciones por siglos en unos casos, pero por milenios en otros, es decir, los ingleses bebían su ale (un tipo de cerveza) durante la Edad Media, pero los egipcios producían y bebían su cerveza mucho antes de que existiera Roma y sus emperadores. Se sabe que tanto el tabaco como el alcohol producen en conjunto decenas de miles de muertes al año en México, a diferencia de la marihuana (quizá «a diferencia» porque al no ser legal no hay un registro oficial de muertes producidas por esta sustancia), entonces, ¿por qué son legales a diferencia de la famosa hoja verde? La razón es la economía tan extensa que mueven estas dos drogas legales, a diferencia de lo que podría generar la marihuana. Por otro lado, tras cientos de años con el tabaco y el alcohol en nuestra vida cotidiana, sería difícil determinar estas drogas como ilegales, pues significaría un cambio social de gran magnitud, es decir, hemos estado en contacto con ellas desde hace mucho tiempo, tanto que representan una cuestión inclusive cultural, por lo que cortar su circulación y comercio tendría graves consecuencias sociales y culturales que dudo mucho que un Estado se anime a enfrentar.

Niels Rosas Valdez
Escritor, historiador e internacionalista
[email protected]
@NielsRosasV (twitter)

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top