Eric Rosas - La onda plana

El dragón de Troya – Eric Rosas

Desde su campaña por la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump insistió en que revertiría el enorme déficit en la balanza comercial de su país, e hizo especial énfasis en México y China, dos de sus principales socios comerciales. Ya como presidente se concentró en China acusándola de no respetar la propiedad intelectual de las empresas estadounidenses y a la fecha le ha impuesto aranceles por 250 mil millones de dólares, pero que podrían escalar hasta alcanzar los 600 mil millones. A unos meses del inicio de este intercambio de golpes arancelarios, el verdadero trasfondo en la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha comenzado a develarse y el pretexto del desbalance en las exportaciones e importaciones con el dragón asiático ha resultado ser sólo la punta del iceberg. Lo que en realidad le quita el sueño al inquilino de la Casa Blanca, son los enormes riesgos que suponen para su país, las disruptivas ventajas que el gigante de Asia ha logrado en el desarrollo de la fotónica.

La tecnología fotónica permite la manipulación y el control de la luz, por lo que actualmente habilita ya a numerosos sectores industriales: agricultura, manufactura avanzada, petroquímica, electrónica, dispositivos médicos, automotriz, energético, aeroespacial, etc. La fotónica es la tecnología que sirve de base para productos como: los leds en los que se basa la iluminación de estado sólido; las celdas fotovoltaicas que permiten generar electricidad a partir de la energía solar; los láseres de alta potencia que asisten todo tipo de procesos de manufactura -entre ellos la fabricación de los microchips de todos los dispositivos inteligentes, como los que comercializa Huawei en numerosos países-; la fibra óptica que soporta las telecomunicaciones basadas en redes como la 5G, que eventualmente operará mundialmente otorgando enormes ventajas competitivas al milenario país; y tantos otros. En 2018 el valor del mercado mundial de la industria fotónica superó los 630 mil millones de dólares y las predicciones más conservadoras prevén que de 2019 a 2024, mantendrá tasas compuestas de crecimiento anual promedio del 7.89 %, lo que le permitirá iniciar el 2025 con un valor superior al millón de millones de dólares.

Desde hace algunas décadas los tecnólogos chinos comenzaron a inundar las revistas especializadas en fotónica, con numerosos artículos que inicialmente reproducían los trabajos de sus colegas occidentales, acaso con ligeras mejoras. Sin embargo, poco a poco estas mejoras incrementales se convirtieron en innovaciones tecnológicas en el diseño y fabricación de materiales especiales que están elaborados con tierras raras o metales preciosos; compuertas lógicas grabadas en las componentes ópticas de los microchips de nueva generación; leds capaces de fungir como antenas emisoras y receptoras de señales ópticas de Li-Fi – el sucesor del actual Wi-Fi -; fibras ópticas con caprichosas estructuras micrométricas grabadas en su núcleo; etc. Avances todos que en conjunto constituyen un arsenal que otorga significativas ventajas en la capacidad de manejo y en la velocidad de transmisión de la información. Y, además, con el potencial para encriptarla cuánticamente a fin de mantenerla segura o controlarla a enormes distancias durante valiosos instantes, antes de que pueda ser decodificada.

Con toda esta tecnología, que tomará a Estados Unidos algunos años en replicar, los chinos pretenden deslizar un auténtico “dragón” de Troya en el sistema mundial de telecomunicaciones a través de la nueva 5G. De esta manera tendrían la posibilidad de controlar la transmisión global de datos, voz y video, y con ello se harían del dominio de aplicaciones comerciales tan lucrativas como los actuales servicios de información y entretenimiento; tan importantes como el manejo financiero global y el control del tráfico aéreo; o tan críticas como el geo-posicionamiento de las naves militares marítimas y aéreas, y el guiado de misiles balísticos. En el futuro tendrían también muchas posibilidades de mantener bajo su control los vehículos autónomos, las ciudades inteligentes, las fábricas basadas en la Industria 4.0, los hogares habilitados con Internet de las Cosas; etc.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

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