Norman Pearl - Poder popular

Ganar, ganar, para todos, único motivo de cualquier acuerdo – Norman Pearl

Terminaba el invierno pasado, cuando en una breve noche, Donald Trump, decidía iniciar su marcha anticipada hacia una potencial reelección presidencial. ¿Cómo hacerlo?, muy simple, Con aquel discurso de odio en contra de los mexicanos que había utilizado en su primera campaña y que tan buenos resultados le había reportado. Resulta irónico que en un país de inmigrantes haya tenido tanto éxito un repudio selectivo en los ahora ciudadanos y residentes que vivieron condiciones similares. Anécdotas insuperables para sus pobres conciencias.

El 27 de marzo pasado, el presidente estadounidense amenazó que si México no detenía a todos los migrantes indocumentados cerraría buena parte o toda la frontera. La respuesta no se hizo esperar en el interior de su país y pronto olvidó sus amagos.

El 30 de mayo pasado, consideró que era momento de revivir su carrera electoral, y “tuiteó”, con desparpajo y grotesco lenguaje, un chantaje alterno con proporciones peligrosas para las economías de ambos países, pues éste exabrupto implicaba la decisión de fijar aranceles a todos los productos mexicanos si no se detenía el flujo migratorio. El habitual pragmatismo estadounidense surgió de inmediato en voz de sus representantes demócratas, e inclusive republicanos, oponiéndose sutilmente a tan absurdo, como costoso, desatino.

El gobierno de México solicitó reuniones de emergencia buscando un acuerdo que evitara una catástrofe binacional, encontrando una obvia disposición de sus pares que entendían el capricho presidencial y sus objetivos personales.

El viernes pasado, Estados Unidos y México alcanzaron un acuerdo que suspendía “indefinidamente” los aranceles previstos para este día, y nuestro país se comprometía a tomar “medidas fuertes” para contener el flujo migratorio, y EU renunciaba a considerar a México “tercer país seguro” aceptando apoyar el plan de desarrollo para Centroamérica propuesto desde su campaña por muestro actual presidente López Obrador.

Las negociaciones fueron arduas pero generosas, ambas representaciones lograron para sus países acuerdos que les beneficiaban y, por lo tanto, se justificaba el dicho de nuestro canciller: “No se ganó todo, pero salimos con la dignidad intacta”.

Las felicitaciones del mundo no se hicieron esperar, en México las personas que pudieron dimensionar el alcance del acuerdo fue unánime; un pueblo orgulloso de su gobierno, empresarios, políticos racionales, religiosos, analistas, etc. Sólo hubo un grupúsculo que lamentó profundamente el éxito, pues ellos apostaban por el fracaso, la anarquía, el rompimiento social y el deterioro de la economía, me refiero por supuesto a un partido político sumido en la derrota y frustración permanente, sÍ, estoy hablando del PAN y su descortés dirigente que entre otras linduras aseguraba que “la soberanía y la dignidad de México habían sido lastimadas” y que por ello prohibía a “sus” militantes acudir a la manifestación por la dignidad de México en Tijuana. ¡Así fue, ellos se perdieron la fiesta!

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