Luis Octavio Vado - Paradojas

Paradoja de los clásicos y las clásicas – Luis Octavio Vado Grajales

Usted se habrá fijado en que hay ciertas figuras del arte a quienes nombramos sólo por su nombre o apellido: Dante, Virgilio, Miguel Ángel, Mozart, Leonardo, Beethoven, Homero. Cuando decimos o invocamos en nuestra memoria esos nombres pensamos en el autor de La divina comedia, o en el escultor del David; sabemos a quienes nos estamos refiriendo.

También se habrá fijado que esos nombres son todos masculinos.

Sin embargo, existen figuras artísticas femeninas que ocupan un lugar preponderante en la cultura; básteme citar a Sor Juana Inés de la Cruz, a Virginia Woolf y a Mary Shelley; si sus obras son tan clásicas para nuestra cultura como la de aquellos a quienes cite, ¿por qué no las mencionamos con su solo nombre o apellido?

Si usted dice Homero piensa en la Ilíada. Si evoca Frankestein, no piensa en Mary, sino en Mary Shelley.

Algo dice de nosotros esa familiaridad con las obras clásicas. No con las que nos mandata ninguna academia sino aquellas que hemos elegido en lo personal y que por tanto nos definen más que nuestras propias obras; y en la cultura occidental en general esos grandes nombres de hombres son evocados con una sola palabra.

Pero no evocamos igual a las artistas. Eso dice mucho del cómo hemos construido nuestra relación con los creadores clásicos de manera distinta que con las creadoras clásicas.

Tal vez llegue el día en que a Sor Juana le llamemos Juana, con esa íntima familiaridad que se tiene con quien nos define a través de sus obras de mejor manera que nosotros mismos. O digamos Mary o Virgina o Elena sabiendo que hablamos de creadoras cuya obra ha contribuido a formar el canon de la cultura occidental.

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