Gerardo Aguilar - A ojo de pájaro

La Reserva de la Chara Pinta – Gerardo Aguilar Anzures

En la entrega anterior, narré el inicio del viaje intenso pajarero De la Sierra Madre al Pacífico, en su recorrido de Zacatecas a Durango. Dejé la historia al llegar a la frontera entre Durango y Sinaloa, marcada espectacularmente por el Puente Baluarte Bicentenario, que salva una barranca de 400 metros, con el Río Baluarte en el fondo.

Así, entramos a Sinaloa, ganando una hora, por el cambio de huso horario. A pesar de los cambios geopolíticos, no se percibía ninguna diferencia física todavía con el estado de Durango. Muy lejos estaba la Costa, “Donde se rompen las olas”, como dice la canción de “El Sinaloense” y para nuestra percepción, era un poco raro estar atravesando bosques de coníferas y pensando “Esto también es Sinaloa”. De hecho, la población cercana a la Reserva de la Chara Pinta, que era nuestro siguiente destino, se llama “El Palmito”… Si tú escuchas “El Palmito, Sinaloa”, sonríes al imaginar una playa, una palapa, la cubeta de “ampolletitas” de cerveza y un aguachile, pero nada más lejos: este pequeño pueblo está enclavado en la Sierra Madre Occidental, a mil 920 metros de altitud sobre el nivel del mar.

En El Palmito habitan menos de mil personas y no hay propiamente un hotel. En algunas casas hay hospedaje disponible, principalmente “pa los gringos que van a ver pájaros”, en la Reserva de la Chara Pinta. El turismo nacional es escaso, porque los lugares donde se ha desarrollado más la actividad de observación de aves están lejos de esta localidad, cuyo acceso no es fácil. Gracias al Internet, habíamos hecho arreglos con anterioridad y llegamos a hospedarnos y a comer, para preparar la salida del día siguiente, antes del amanecer.

En lugares desconocidos, es eficiente contratar un guía local, que domina el área que uno va a visitar, conociendo sus senderos y sabiendo dónde localizar a algunas especies en particular, a partir de estar familiarizados con los hábitos y con las perchas que más utilizan las aves. Para la Reserva de la Chara Pinta, varias personas por separado nos recomendaron a Don Santos. Le llamamos días antes, avisándole de nuestra visita. Llegando a El Palmito, nos coordinamos con él, para salir de madrugada al día siguiente. Él se presentó en nuestro hospedaje, muy puntual, todavía de noche. Nos condujo hacia la Reserva, que requiere un ascenso por la sierra, adentrándose en el bosque, hasta llegar a un claro donde hay unas cabañas, donde puede se puede dejar el auto.

Don Santos es uno de esos discretos héroes locales, que aman las aves, que están a favor de la conservación y que intentan luchar contra la deforestación, la contaminación y la destrucción del maravilloso hábitat que alberga valiosas e interesantes especies. Desafortunadamente, estas personas van contra corriente y contra los intereses y la idiosincrasia de una explotación caótica de los recursos naturales, provocada por la desinformación e indiferencia de la mayoría de la gente.

Don Santos es un autodidacta, que alguna vez guió a un extranjero, que le obsequió una guía y después él pudo hacerse de unos binoculares y poco a poco se ha aprendido los nombres de las aves (incluso en inglés), para poder hacer mejor su trabajo con los observadores. Todavía lo admiré más, al darme cuenta que ese hombre menudo de alrededor de 60 años camina ágil por las pendientes y tranquilamente soporta el frío de diciembre en la sierra, sólo con una chamarra delgada y ¡calzando huaraches! “Y yo con frío, con mis botas y tres capas de ropa” pensé para mis adentros.

Emplear a los guías locales y generar negocio de hospedaje y alimentos a las comunidades que están cerca de las áreas naturales es importante, para que esa derrama económica sea un aliciente para que la gente local se interese en la conservación y en fomentar la visita de eco-turistas, avi-turistas y similares.

Como llegamos a la Reserva antes de la luz diurna, la actividad de las aves no había empezado y recorrimos parte del lugar, maravillados por su belleza. El paisaje distante de la barranca, las hermosas flores que encontrábamos a nuestro paso y casi cualquier elemento de ese entorno posee belleza y armonía.

Desde el punto de vista fotográfico, tengo que admitir que la salida no fue muy exitosa para mí. El clima invernal, con neblina y poca luz, lo cerrado de la vegetación y la misma conducta de las aves, me impidieron hacer algunas tomas que hubieran sido muy valiosas para mí. Por ejemplo, pude ver el Chipe cara roja y la Piranga cabeza roja, ambos LIFERS, al fondo de los arbustos, pero sus rápidos movimientos en la tupida vegetación, no me dieron oportunidad de encuadrarlos y enfocarlos, ni una vez.

Un avistamiento que nos dejó pasmados fue el quetzal orejón, que en realidad no es un quetzal, pero sí es “miembro de la familia”,puesto que es un trogónido. Nos apareció de frente en un claro, haciendo un vuelo de unos tres segundos sobre nuestras cabezas, dejándonos con la boca abierta y con la cámara en las manos. Estuvimos al pendiente de su regreso, para ver si hacía otro vuelo semejante, estando ya preparados con las cámaras… Pero aguardamos en vano, ya que no volvió a dejarse ver. Si cierro los ojos, aún puedo reproducir en mi mente ese espectacular vuelo, con los magníficos colores del ave, visibles a pesar de la gris mañana.

Pero hubo otras aves que sí permitieron la foto, como el Trogón mexicano, que también es pariente del quetzal y debe su nombre a su llamativo plumaje tricolor, con los colores en el orden correcto en nuestra bandera.

Se hizo presente el Rascador moteado, que es una subespecie diferente a la que normalmente vemos en los alrededores de CDMX.

En lo personal no lo esperaba, pero había varias especies de colibríes, como el Colibrí garganta azul, el Zumbador canelo y el Zumbador cola ancha, que pude fotografiar, además de otras especies, que sólo se dejaron observar.

¿¿¿Y LA CHARA PINTA???? Simplemente no apareció, ni siquiera la escuchamos. La Reserva es su casa y lleva su nombre, pero los animales silvestres (felizmente) no hacen lo que nosotros queremos.

Incluso hicimos algo de tiempo, dentro de la Reserva, pensando que tal vez un poco más tarde y con menos frío podríamos tener más suerte, pero ya estaba escrito que ése día no veríamos al objeto de nuestro mayor deseo.

Un pajarero experimentado acepta este tipo de episodios y debe superar las frustraciones rápidamente, poniendo en la balanza las enormes gratificaciones que esta actividad le brindan. Entonces, maravillados por lo visto pero con una pequeña espina clavada por no haber logrado ver a “la estrella del show” proseguimos con nuestro viaje, hacia la costa.

Mi buen amigo y extraordinario fotógrafo Daniel Garza Tobón hizo un viaje parecido al nuestro, aunque en sentido inverso: desde la Costa hacia el centro del país, para concluir en su amado Saltillo. Él pasó por la Reserva pocos días después que nosotros y sí pudo ver y fotografiar a la Chara Pinta. Le pedí amablemente que me prestara una foto, para que a este relato no le faltara esa imagen. Es una gran fotografía y es un privilegio poder reproducirla aquí. Como podrás imaginar, NO ESTARÉ TRANQUILO, hasta poder regresar a este maravilloso lugar y observar la magnífica especie, esperando tener la oportunidad de fotografiarla.

A sabiendas de que todavía nos quedaban muchas aves maravillosas por ver y sopesando las que ya habíamos visto, nos sobrepusimos del revés de no encontrar a la chara pinta y proseguimos con nuestro viaje, apto sólo para pajareros obsesivos.

Nos encaminábamos a la Costa del Pacífico, pero antes teníamos una escala muy prometedora, en la que tal vez podríamos ver a la Guacamaya verde… Ese episodio ya lo había narrado antes (perdón por el desorden cronológico tipo Star Wars, con dos “precuelas”) Si gustas repasarlo, o no lo has leído, se encuentra en esta misma columna:

La guacamaya verde: La libertad en vuelo – Gerardo Aguilar

Te lo recomiendo, fue un encuentro muy emotivo y espero que te agrade.

C O N T I N U A R Á (En la Costa del Pacífico)…

 

 

CONTACTO:

Correo electrónico: gerasimoagui@gmail.com

Facebook: @GerardoAguilarAnzures

Twitter: @gerasimoagui.

Para consulta de información de aves, se puede acceder a: http://avesmx.conabio.gob.mx

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