Gerardo Aguilar - A ojo de pájaro

En la Costa del Pacífico, entre jejenes y cocodrilos – Gerardo Aguilar Anzures

Por principio de cuentas, recapitularé la serie de relatos “De la Sierra Madre al Pacífico” basados en un viaje pajarero que realizamos la última semana de 2018. Empezamos por Zacatecas y Durango, buscando especies de montaña y acuáticas que no llegan al centro del país. Después nos detuvimos en la Reserva de la Chara Pinta, cerca de la frontera Sinaloa-Durango, sin encontrar la emblemática ave y después pasamos por el Pánuco, Sinaloa, para contemplar a la guacamaya y otras especies más tropicales. Después de esos tres días en los que predominó el bosque y la montaña, el cuarto día nos abrimos paso hacia la costa y el calor.

Salimos de Escuinapa, Nayarit, camino a un pueblo llamado Singayta y en ese trayecto hay varios puntos de interés, donde pueden verse muchas aves interesantes.

Nada más llegando al primer sitio, nos recibió el Tecolote Bajeño (Glaucidium brasilianum), lo cuál fue curioso, puesto que el día anterior lo habíamos cerrado con el avistamiento del Tecolote Colimense (Glaucidium palmarum), ambos “primos” dentro del género Glaucidium y que se distinguen entre sí primordialmente porque el colimense tiene puntos blancos en la cabeza, mientras que el bajeño presenta un patrón de rayas. El Tecolote Colimense es especie endémica de México.

Todavía temprano y bajo la hermosa luz dorada de la mañana pudimos disfrutar de la Coa Citrina (Trogon citroleus), que generosamente nos regaló un avistamiento cercano y sin obstáculos, permitiéndonos obtener las fotos que quisimos.

Miguel Ángel es un planeador casi obsesivo, que recorre a detalle cada tramo de las rutas que proyecta, revisando las especies reportadas, la orografía, la vegetación y la presencia de cuerpos de agua. Por tal razón, aun en territorio que no ha explorado, tiene un alto nivel de éxito en las especies que “promete” encontrar, lo cual es un gran logro, considerando que hay muchos factores de incertidumbre para poder encontrar las aves. Pero a veces, vale la pena improvisar.

Avanzando en los alrededores de Singayta, Nayarit, encontramos una laguna con manglares, que no estaba en el itinerario, además nos encontramos con unos pescadores y su lancha y así improvisamos un paseo por la laguna, que fue muy productivo en avistamientos. La visita de avituristas claramente no era frecuente para ellos y hubo cierta vacilación, para acordar el costo y el tiempo de recorrido, ya que ellos no tenían experiencia. A final de cuentas, el paseo salió muy bien y esperamos que haya sido provechoso para ellos y que en el futuro estén en disposición de recibir nuevos visitantes.

En el manglar pudimos ver varias especies interesantes, como el ibis blanco (Eudocimus albus), que me da la impresión de ser un “Ibis güerito”, comparado con el Ibis Ojos Rojos (Plegadis chihi), ya que el primero es blanco, con ojos azules, mientras que el segundo es pardo con verde, con los ojos rojos, como indica su nombre. Bueno, decir que su color es “pardo” no le hace justicia, debido a la iridiscencia, los colores de Ibis ojos rojos van del morado al café, tonos azulados y verdes, cuando el sol les favorece.

También nos dio espectáculo la Anhinga americana (Anhinga anhinga), o Pato Aguja Americano, otro “Pato, que no es pato”, puedes ver mi columna del Cormorán, si no la has leído:

Cormorán neotropical: el pato, que no es pato – Gerardo Aguilar Anzures

Se trataba de una bella hembra que nos sobrevoló varias veces nuestra lancha y perchó cerca de nosotros, de manera que pudimos tomarle buenas fotos.

También vimos Pelícano Pardo (Pelecanus occidentalis), Garza Morena (Ardea herodias) y Águila Pescadora (Pandion haliaetus) entre otras especies acuáticas. En la orilla de la laguna, pudimos ver al Chipe charquero (Parkesia noveboracensis), que para mi gusto es un ave muy bella, a la que le encantan las aguas someras y los tules, entre los cuáles vive feliz.

No dejó de sorprendernos un cocodrilo de tamaño respetable, que indolente y con el hocico abierto, tomaba el sol sobre un tronco que sobresalía del agua. Aun en esa pose tan relajada y a una distancia considerable, el prehistórico depredador resulta impresionante.

Cuando empecé a pajarear, alguien me dijo que a las aves les gustaba la porquería y a mí me pareció un comentario malicioso… Pero en cierta medida es cierto, puesto que nuestros desperdicios –punto y aparte de ser dañinos–, muchas veces llevan alimentos, que los animales pueden tomar con facilidad. Pero esa “comida fácil” puede resultar letal, si el animal se atraganta una tapa de plástico o se asfixia con una bolsa.

Por lo anterior, se pueden encontrar coloridas charas o cuervos en los basureros, o bien elegantes playeros cerca de un estanque que huele a caño. A veces me pregunto cómo pueden mantener albeando las partes blancas de sus plumajes, cuando andan chapoteando en un charco inmundo.

Y así fue que Miguel Ángel nos llevó a pajarear la planta de tratamiento de aguas en San Blas, Nayarit, cuando yo me esperaba que iríamos a una linda playa… Me reía de mí mismo, porque no podía dejar de tararear “En el muelle de San Blas” de Maná, mientras andábamos por el lugar menos turístico de toda la región. Sin embargo, la pajareada en ese lugar fue “muy rentable”, en la calidad de las especies avistadas. A fin de cuentas, en ese entorno poco agradable, encontramos a la Jacana Norteña (Jacana spinosa), la Garza Tigre Mexicana (Tigrisoma mexicanum) y el Perico Frente Naranja (Eupsittula canicularis).

El Cuervo Sinaloense (Corvus sinaloe) y El Periquito Catarino (Forpus Cyanopygius) fueron especialmente significativos, por ser especies endémicas de la región y LIFERS para mí. En particular, el Periquito catarino es aún más relevante, puesto que se encuentra protegido por la NOM 059 y su estado de conservación es NT (Near threat= casi amenazada). Desafortunadamente la falta de una educación ambiental y de conciencia, se combinan negativamente con la belleza de la especie, para que ésta sea muy codiciada y esté sujeta a las presiones que provoca el tráfico ilegal de especies.

Después de la Planta de Tratamiento, finalmente nos dirigimos a la playa. El mar casi siempre garantiza una experiencia pajarera agradable, con hermosas vistas, que te transmiten una sensación de paz interior. Empezaba a caer la tarde y el calor cedía, pero justo en la medida que la temperatura se hacía más agradable… De pronto, sentí un doloroso piquete y rápidamente una secuencia de más ataques, provocados por un enemigo invisible. Empecé a darme palmadas con rencor, provocando un pequeño dolor que me distraía del piquete, que se sentía como si me pincharan con un pequeño alfiler, mojado en jugo de limón. Los furiosos bichitos que causaban tanto malestar, apenas eran visibles. Después supe que eran jejenes, los cuáles había oído mencionar… ¡Pero no me había tocado aguantarlos! ¡Hasta ahí llego la paz interior!

Lo más prudente hubiera sido dejar de fotografiar aves en ese momento, subir al auto y huir de la tortura… Ah, pero la codicia pajarera pudo más que el sentido común y seguí disparando a pesar de los piquetes. Más tarde, ya de camino a dónde íbamos a pernoctar, nos curamos las picaduras de jején con pomada de caléndula, un remedio naturista bastante efectivo, que a fuerza de estar frotando, va disminuyendo la inflamación, el ardor y la comezón.

Aguantar los piquetes valió la pena: En la playa había unos 20 Chorlos Pico Grueso (Charadrius wilsonia), que parecía que los hubieran sembrado en la arena, ya que estaban un poco hundidos en ella. Esta especie está emparentada con el Chorlo Tildío (Charadrius vociferus), que es mucho más frecuente en los cuerpos de agua del centro del país, pero el Pico Grueso, sólo lo había visto un par de veces con anterioridad.

Entre tantos chorlos, había un par de Playeros blancos (Calidris alba), un ave tan adorable, que un polluelo de esta especie dió vida a “PIPER”, el protagonista del corto animado de Disney-Pixar.

A unos 200 metros de la playa, había un islote, que por todo su perímetro tenía riscos escarpados. En la meseta que coronaba el islote había una cantidad enorme de bobos cafés (Sula leucogaster). Es un poco extraño cuando un no-pajarero te pregunta: “Y esa ave grande con su picote, ¿Como se llama?” y tú le contestas “Bobo. Se llama bobo”. Se te quedan viendo unos segundos, preguntándose si les estás tomando el pelo… Hay que poner la cara seria y decir “en verdad, así se llaman” y mostrarles una guía de aves. Ese islote con los bobos, es la imagen de portada de esta columna.

Y también tuvimos oportunidad de ver a dos aves de diferentes especies, que iban por la playa muy cerca una de otra, como si fueran amigas. En lo personal, son dos especies que me gustan bastante: el Playero pihuhui (Tringa semipalmata) y el Zarapito trinador (Numenius phaeopus). En la foto, puedes distinguir al Zarapito por tener el pico curvo y el plumaje más moteado. Fue curioso, porque avanzaron una buena cantidad de metros, como si se fuerab haciendo compañía.

Esa noche, llegamos bastante tarde a El Tuito, Jalisco, al único hotel disponible, que realmente no fue el mejor de los hospedajes de ese viaje. De hecho, todo el viaje se hizo con presupuesto austero y no esperábamos suites de lujo, pero en este caso hubo problema con la reserva, con el baño y con otros detalles. Fue un pequeño inconveniente, que retrasó nuestro ingreso a las habitaciones, pero ya llevábamos cuatro días de trayectos largos y noches de sueño breve y nuestra (mi) paciencia no era la óptima. Había poco tiempo para descansar e incluso para cargar las baterías de cámaras y celulares. La mañana (madrugada) siguiente, no fuimos tan puntuales en estar listos y fue el día menos oportuno para eso, puesto que habíamos quedado de encontrar a dos pajareros gringos en un rancho, donde estaban hospedados y nos iban a invitar muy amablemente a pajarear ahí.

Sobra mencionar que los gringos fueron puntuales y nosotros no tanto. Pero el sofocón inicial se fue diluyendo y ellos en realidad son excelentes personas, así que pudimos disfrutar el resto de la pajareada en ese sitio especial, que tiene especies muy valiosas, para después volver hacia las playas y buscar las aves acuáticas y de humedal que nos faltaban.

Pero esa narración corresponde a la quinta y última entrega de esta serie, por lo que esta historia…

C O N T I N U A R Á …


CONTACTO:

Correo electrónico: gerasimoagui@gmail.com

Facebook: @GerardoAguilarAnzures

Twitter: @gerasimoagui.

Para consulta de información de aves, se puede acceder a: http://avesmx.conabio.gob.mx

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top