Luis Octavio Vado - Paradojas

Desde la calle y desde la oficina – Luis Octavio Vado

Conocer la realidad de un país es un objetivo incumplible si la consideramos como la suma de todas las pequeñas realidades de cada persona; sobre todo si estimamos que cada una es en su singularidad un mundo per se. Tal vez conocer una nación es generalizar, lo que como ya he expresado es a la vez una necesidad y un error.

Dado que no se puede gobernar un país sin conocer su realidad (ni hablar de él o pensar acerca de él) la pregunta sobre cómo se conoce es pertinente, y pareciera que tiene dos posibles respuestas, opuestas en inicio: o se conoce recorriéndolo o se le aprecia por medio de las estadísticas y los informes.

La primera respuesta exige movilidad física, la segunda intelectual.

Conocer un país recorriendo sus calles y caminos, bajo el sol o en la lluvia, en las partes ricas y en las pobres, permite conocer a sus habitantes y reconocer esas realidades personales de las que hablé; las necesidades, gustos, fatigas, triunfos de cada quien y que va moldeando no solo su forma de ser sino sazona el sabor particular de cada región; al palpar el día a día se tiene la impresión de que la nación tiene un rostro y un afán, el mismo rostro y el mismo afán de aquella humanidad frente a nosotros.

Pero esa acumulación de individualidades es engañosa porque jamás se podrá conocer a todas, y no toda experiencia humana es generalizable incluso con quienes son más cercanos a quien la ha vivido.

Concentrar la realidad en cifras tiene la facilidad de lo general, de lo clasificable, de aquello que puede aprehenderse de una sola vista. No requiere mayor movimiento el de pasar las páginas o mover el cursor; así podemos ver números que pueden sumarse o restarse, servir de base para calcular las ventajas o el impacto de una medida gubernativa, con la virtud de no exigir los riesgos o incomodidades del viaje.

Pero esa colección de cifras es engañosa, porque jamás un número podrá cifrar la experiencia humana ya que un dato no es una vida.

Conocer un país a nivel de calle da sensibilidad, estudiar las estadísticas otorga perspectiva. Tal vez la clave de un buen gobierno esté en la adecuada solución de esta paradoja ineludible.

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