Rocío Benítez - Zona de la Visión Perpetua

Ticho García, entre versos – Rocío Benítez

Tarsicio García Oliva (1959-2014) fue un escritor, periodista, guionista de radio y músico, originario de la Ciudad de México, que llegó a Querétaro en el año 1990. Recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez (1997) y el primer lugar del Concurso Latinoamericano de Programas de Radio de la UNESCO (1998).

Ticho, como lo llamaban de cariño, es recordado como un gran contador de historias, siempre lleno de humor. Realizó las radionovelas “El cura Hidalgo y sus amigos”, original de Paco Ignacio Taibo II, y “Tres golpes de tacón”, de Rebeca Orozco.

Su obra personal se concentra en los libros: “Hijos naturales y otros cuentos ilegítimos”, “Bisonte fugitivo”, “Los huesos del Centauro y otras piezas anatómicas”.

En este nuevo capítulo de Zona de visión, presentamos dos poemas de Ticho (sí también escribía poesía), publicados en el libro “En voz de sus autores” (Memoria del Segundo Encuentro Estatal de Escritores), Querétaro 2004, en donde se aprecia entre verso y verso el detalle narrativo, esa necesidad de contarlo todo.

EN PRIMERA FILA

Entré al cine
nomás que para verte salir
con otro y, tú lo sabías,
no era precisamente un extra.
Diste un giro
y giraste
como tornillo
con tu pañoleta naranja
dando vueltas
y vueltas
volando presumida la seda
(me hubiera gustado que alguien,
quizá un ángel de atroz indumentaria,
alguien,
te apretara el cuello para que sintieras
que sí existe la asfixia),
pero seguiste rotando,
libélula casquivana
y él tomaba tu cintura
y jugaba besando la pañoleta de seda.
Y se fueron riendo de tu actitud libertina,
hasta el coche.
Era el cumpleaños de tu acompañante
y de regalo le diste,
estoy convencido,
tu cuerpo.

FALL TORONTO DOWNTOWN

El boulevard es extenso y profundo
y tú ensortijas tu sonrisa
en el brazo de una estatua.
Te miro a lo lejos,
desde otra esquina
y te miro tan distante
que empiezo a perseguirte.
El perro que acompaña mis pasos
resbala con las hojas otoñales.
Y el viento me tumba los ojos.
Los arrastra hasta tus pies.
Te inclinas, los observas,
los levantas.
Lo bautizas con un beso
y depositas,
uno en el basurero y, el otro,
otra vuelta entre tus labios.

(Poema de la serie: “Tres pequeños poemas de ojos miopes con título en inglés”)

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