Julio Figueroa - Vistas

Las trampas de la fe política – Julio Figueroa

Si ellos son los buenos, nosotros los otros somos los malos.
Los malos entre ellos no existen. Entre nosotros no hay buenos.
Es la simplificación perfecta para no darle armas al enemigo.
La guerra entre absolutos, perdida de antemano por ambas partes.
No es que todo sea relativo, es que los absolutos se mueven y cambian de lugar en la historia y en la vida chiquita.

Como durante la guerra fría, después de la segunda guerra mundial, especialmente en los años 50-60, los años leídos y recordados en estas memorias intempestivas.
Eran los tiempos del conflicto entre el bloque occidental capitalista y la Europa socialista del este, entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, la dictadura revolucionaria y la libertad capitalista, la revolución y la democracia, el bien total contra el mal absoluto.
Naturalmente narro los hechos desde el bloque occidental y desde México, una periferia de occidente. Y desde el pensamiento de izquierda.
Poco se podía decir entonces del imperialismo soviético y sus campos de concentración, “para no darle armas al enemigo / para no hacer propaganda a favor del enemigo identificado: / el imperialismo Norteamericano”.
Estados Unidos y Rusia como los dueños del mundo.

¡Ninguna crítica a los nuestros para no darles armas a los otros!
Y tarde o temprano acabamos reproduciendo lo que condenamos.
Ninguna crítica es infalible, pero al menos sostiene la libertad de hacer la crítica al poder sin ser aplastados por el poder. Si en verdad hay libertad democrática e igualdad socialista.

Entre nosotros siguió la década de la revolución cubana y la guerrilla del Che Guevara. Casi toda la izquierda mexicana de entonces creía que el camino de México era el de la revolución cubana. Muy pocos hablaban y apostaban por la democracia capitalista. Entre ellos Paz, en su libro Posdata (1970).
En nuestros días, a pesar de todas sus faltas, fragilidades, contradicciones y malentendidos, nuestro camino sigue siendo el de la democracia, no el de la revolución y menos el de la dictadura.
Andrés Manuel López Obrador es un presidente legítimo y democrático, no un líder revolucionario.

Parece estar acabando un régimen y empezando otro. El que acaba es fácil definirlo como autoritario, corrupto, desigual, injusto y lleno de impunidad. Y sin embargo tiene muchos logros positivos. El que empieza no es fácil definirlo, porque apenas es el embrión. Si hablara menos el presidente y esperara él mismo a presentarnos los resultados de las acciones hechas, en vez de servirnos todos los días un plato de palabras ardientes, tal vez todos seríamos más reflexivos y mesurados. Pero la virtud de AMLO puede ser su mayor lastre: un hablador más.

¿No estar con Obrador es ser de derechas?¿Criticar a Obrador es ser reaccionario?¿Diferir de Obrador es ser conservador?
¿Para no dar armas a sus poderosos enemigos que son los enemigos de México, es preciso callar y aplaudir al presidente?
¿La crítica debe estar del lado de Obrador, no en su contra?
¿La libertad debe estar del lado del presidente, no delos ciudadanos?
¿No hay más ruta que la de Andrés Manuel López Obrador?

En suma, ¿no criticar al amigo público para no darle armas al enemigo común? ¿Pasar sus faltas? ¿Guardar silencio? ¿Desviar la mirada? ¿Aplaudir? ¿Elevar sus aciertos, no sus errores y contradicciones? ¿Cerrar filas contra el enemigo identificado?

Ese puede ser tal vez el papel de los militantes partidistas, morenos, azules, rojos, blancos y negros. No el de los ciudadanos de la sociedad abierta. Lo acaba de decir muy bien un amigo poblano: la sociedad civil no es un partido político (Juan Carlos Canales). La sociedad plural es la conjunción y convivencia de miles y millones de ciudadanos de diferentes colores, posturas, actitudes, acciones.
Si se habla de transición y cambio, hagamos la que está en nuestras manos hacer como ciudadanos libres: una nueva forma de apoyar al gobierno en turno e igual una nueva forma de hacer la crítica al poder actual. Bajo los criterios de la verdad, el conocimiento y la vida, la lucidez y la mirada crítica que es también solidaria. Sin miedo a la crítica, hacia uno y otro lado.

MIEDO A LA CRÍTICA

–Qué miedo a hacer la crítica al presidente Andrés Manuel López Obrador, por miedo a ser calificados de conservadores, reaccionarios, de derechas. Fifís, dice el presidente.
–El diálogo y la solidaridad no excluyen la crítica al poder. La crítica es parte de la comunión. No son relaciones de sociales, son las difíciles y tensas relaciones entre ciudadanos y autoridades.
–Los testigos sociales de calidad no los pone el gobierno; se ganan su lugar en la sociedad por su función y su prestigio empeñado.
–Pasión crítica. No empedrar el camino con grandes verdades ni absolutos;levantar acta y hacer lo que nos toca hacer.
–El diálogo democrático es abrazo y pelea, comunión crítica.
–Las trampas de la virtud son religiosas y políticas, a izquierdas y derechas.

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