Norman Pearl - Poder popular

¡Un militante de Morena entre dos fuegos! – Norman F. Pearl

Quien fuera el presidente del Comité Ejecutivo Nacional de Morena y posterior candidato a la presidencia de la República, insistía una y otra vez en el carácter plural e incluyente del partido. “Aquí cabemos todos” decía en cada discurso para que se entendiera y NADIE pensara que el partido era privativo de algún segmento de la población. “Morena no tiene dueño, es de todos”. Muchos, la mayoría, no entendieron…

Morena está constituido por una rica amalgama en su militancia, hay pobres, ricos, obreros, empresarios, campesinos, católicos, ateos, judíos, indígenas, mestizos, blancos, analfabetas, intelectuales, estudiantes y profesionales de todas las áreas del conocimiento. Nadie tiene por sus características, preponderancia alguna para ejercer su militancia. Varios, pocos, cuentan con el perfil necesario para entender una dirigencia y sus objetivos. Sin embargo, surge en nuestro partido/movimiento algo tan inaudito como indeseable, la tentación de “mayoritear” a todos aquellos que no cumplan con el estereotipo que perversamente algunos crearon.
Pondré, como parte del contexto, mi propia experiencia personal para ejemplificar este fenómeno de “linchamiento dual”.

Hace 25 años llegué a Querétaro procedente de la ciudad de México, entre mis maletas se encontraba una larga formación ideológica en la izquierda que iniciara en el Partido Mexicano de Los Trabajadores hace más de 40 años.

Entré al club de golf Juriquilla y pronto estaba en un amplio grupo conformado por 25 jugadores que se sorteaban cada fin de semana en grupos (fivesomes). La duración del juego y sus características hicieron que rápido advirtieran mi “despreciable” posición ideológica que se agudizaba en época de elecciones. Con el paso del tiempo, descubrí tenía con la mayoría escasas afinidades pero grandes simpatías. Sin embargo, en el inicio de 2017, con mi ingreso a Morena, pasé de ser un lúcido asesor cultural del grupo para convertirme en un lastre social incontrolable.

El arribo a Morena fue muy agradable, me sentí arropado de inmediato por la militancia y formé los primeros comités de base en Juriquilla. Unos días después, fui invitado a firmar con el Lic. López Obrador el “Acuerdo político de unidad por la prosperidad del pueblo y el renacimiento de México”, me sentía contento, asimilado, en el entorno que me correspondía.

Un tiempo después participé en el proceso de selección de coordinadores organizacionales (candidatos) para 2018 y fui el aspirante más votado en todo el estado por los consejeros. Más tarde, decidí renunciar a la candidatura y aceptar la honrosa posición que me concediera el Lic. Horacio Duarte como representante propietario ante el Consejo General del Instituto Electoral del Estado de Querétaro (posición que mantengo).

Un día, a pregunta expresa por parte de los medios, acepté me gustaría presidir el Comité Ejecutivo Estatal del partido, y eso fue suficiente para que surgieran “militantes” y “simpatizantes” que despreciaban mis “características”; empresario, “rico”, “blanco”, “culto” y otras aberraciones propias de un partido “fifí”. Me empezaron a “golpear” en redes con calumnias y difamaciones asegurando era un advenedizo que no cumplía las condiciones mínimas de sufrimiento, pobreza y abnegación. Este grupúsculo una vez más ignoraba que “Pueblo somos todos” y en Morena combatimos la discriminación en cualesquiera de sus formas.

El doble linchamiento no me inmuta ni me sorprende, somos un país sumido en la hipocresía social y un bestial racismo que busca frenar nuestras legítimas aspiraciones. No me presto a ello y sigo adelante cosechando anécdotas…

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