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¿Cuál es el perfil de los agresores sexuales en México?

No hay ningún espacio, ámbito o etapa de la vida en la que las mujeres mexicanas estén a salvo de sufrir algún tipo de violencia sexual. Sus relaciones sociales tampoco les garantizan protección: son violentadas por sus familiares, parejas, compañeros de trabajo o escuela, o simples desconocidos.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) estima que 4,4 millones de mujeres de 15 años y más sufrieron abuso sexual durante su infancia en México. Entre las agresiones reportadas destacan el tocamiento sin consentimiento, la presión para mostrar sus partes íntimas, el chantaje o la amenaza para obligarlas a tener relaciones sexuales, entre otras.

Respecto a la agresión sexual considerada más grave, la investigadora Sonia Frías estima que 2.290.000 adolescentes mexicanas reportaron haber sido violadas o que habían intentado violarlas antes de los 15 años.

¿Quiénes cometen las violaciones?

Aunque no existe un perfil o características que permita identificar a violadores, la académica del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Sonia Frías, refiere que, en el caso de mujeres menores de 15 años, la mayor parte de los perpetradores de violación e intento de violación «son del núcleo familiar».

Con base en la ENDIREH, la investigadora estima que los perpetradores de violación de mujeres en el contexto familiar son: primos y tíos (39,8 %); padre (9,5 %), hermano (8,6 %); y el suegro, cuñado o yerno (7,2 %).

Frías alerta que la violencia sexual que viven niñas y adolescentes en el contexto familiar es especialmente grave porque, al tener a los violentadores cerca, en su núcleo más cercano, las mujeres podrían ser «abusadas en múltiples ocasiones».

Si las mujeres no están a salvo en sus propios hogares, tampoco lo están afuera. Frías detalla que, de acuerdo a esa misma medición de la ENDIREH, a casi 7 de cada 1.000 mujeres que alguna vez han asistido a la escuela las intentaron violar, y a casi 3 de cada 1.000, las violaron. Los principales agresores son: compañeros (34,4 %); maestros (27,7 %); alguien desconocido (24,2 %); el director o trabajador escolar (6 %).

Trabajo y comunidad

Violencia sexual en el hogar, en la escuela y en el trabajo. A 11 de cada 1.000 mujeres que han trabajado alguna vez en su vida, intentaron violarlas en el espacio laboral, y a casi 4 de cada 1.000 las violaron ahí.

En el ámbito público o comunitario, los violadores de mujeres después de los 15 años son en su mayoría desconocidos (43,8%); en menor proporción, personas conocidas (37,4 %); y los amigos o vecinos son responsables en el 18,5 % de los casos.

El temor de acudir ante las autoridades también es comprensible cuando los policías o militares fueron los violadores del 2,3 % de las mujeres entrevistadas en la ENDIREH.

Denuncia

Aunque las apabullantes cifras de violencia sexual causan escalofríos, podrían ser una estimación conservadora por varias razones:

  • Temor de las mujeres a alzar la voz y posteriormente denunciar ante las autoridades, ya sea por miedo o vergüenza en su entorno familiar.
  • Falta de confianza en las autoridades.
  • Por desconocer la vía para denunciar o no tener las posibilidades para hacerlo.

Para la investigadora, vivimos en una sociedad patriarcal en la que se acostumbra responsabilizar a la mujer de interponer una denuncia, sin considerar que «están en una posición de desigualdad de poder» y, que al acudir ante las autoridades, «en ocasiones se produce una revictimización».

«Porque muchas veces, al decirle a una mujer ‘no te calles, denuncia’, estás culpabilizándola de que se queda callada. La situación es mucho más compleja, no todas las personas tienen los mismos recursos para enfrentar un determinado proceso», refiere Frías.

Consecuencias

Además, frente a la agresión sexual hay mujeres que adoptan estrategias centradas en la resolución del problema o en el control de las emociones, dependiendo del proceso que cada una lleve. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que todos los supervivientes de violencia sexual «pueden sufrir consecuencias conductuales, sociales y de salud», pero son las niñas y las mujeres quienes soportan la carga más abrumadora de traumatismos y enfermedades, resultantes de la violencia y la coacción sexuales.

  • Consecuencias en la salud reproductiva: Traumatismo ginecológico, embarazo no planeado, aborto inseguro, infecciones de transmisión sexual.
  • Consecuencias en la salud mental: Depresión, trastorno por estrés postraumático, ansiedad, dificultades del sueño.

Especialistas destacan que las violaciones suceden en un contexto siempre caracterizado por el abuso de poder. Además, a la violencia de género se le suman otras jerarquías de dominio.

«Siempre en una violación hay un abuso de poder, un abuso de poder de género, pero dentro de esa situación puede haber otras jerarquías. Pensemos en un profesor que viola a un estudiante, no solo es una cuestión de género, sino que en esa situación tenemos otra jerarquía de poder que está vinculada con la posición diferencial dentro de la estructura educativa», dice la especialista.

Un aspecto fundamental que dificulta las denuncias por violencia sexual es que las sociedades toleran comportamientos que agreden sexualmente a las mujeres todos los días, y que van desde los piropos en la calle hasta otro acciones más graves.

No obstante, la OMS deja claro que la violencia sexual abarca actos que van desde el acoso verbal hasta la penetración forzada y una variedad de tipos de coacción, desde la presión social y la intimidación a la fuerza física.

«Cuando nosotros estamos en una sociedad que tolera los piropos ofensivos, los tocamientos, las miradas lascivas, estamos generando un caldo de cultivo excelente para que formas más severas y criminalizadas de violencia sexual se produzcan», refiere la especialista.

Aunque hay algunos programas a nivel federal para atender la problemática, los recursos son limitados para atender la magnitud del problema que, según la ONU, afecta a cuatro de cada diez mujeres en México.

Pero mientras la OMS recomienda a los Estados que garanticen una respuesta integral a las necesidades de las personas que viven violencia sexual, desde la atención de la salud hasta servicios jurídicos integrales, en México aún continúa existiendo resistencia al abordaje de la violencia de género en algunas instituciones, lo que tiene al país en una deuda pendiente con gran parte de las víctimas.

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