Norman Pearl - Poder popular

“Este no es un cambio de gobierno, es un cambio de régimen…” – Norman F. Pearl

En el año 2005, los grandes empresarios vividores del sistema, veían con estupefacción la aparición de un precandidato atípico a la presidencia de la República, un político contestatario, de izquierda, que creía en la justicia y sólo entendía su encomienda con una amplia justificación social. Esto, significaba romper con un pasado de ignominia hacia un pueblo sumido en el desprecio lacerante y la desigualdad que sólo a algunos favorecía. El futuro candidato por el PRD, había sido jefe de gobierno del Distrito Federal y en todo momento asumía su proclividad hacia los desposeídos. La pensión hacia los adultos mayores era una sensible carta de presentación.

Los empresarios, que desde los años “veintes” del siglo pasado encontraron una sociedad conveniente con los políticos eternos, conformaron con éstos una grotesca cofradía que decidían los destinos del país y sus habitantes. La elección de 2006 no fue la excepción, tenían en la presidencia a un sujeto incondicional del poder compartido que cumplía con diligencia sus encargos.

Para combatir las opciones de cambio se sumaron las utilidades fáciles de los empresarios y los hurtos de la presidencia foxista para descarrilar las expectativas de un pueblo. Vicente Fox después diría con un cinismo ingenuo; “Soy el único presidente en México que ha ganado la presidencia dos veces”.

En 2018, durante el proceso electoral, a pesar de la terrible guerra sucia y la permisividad del gobierno en la participación ilegal de asociaciones disfrazadas, empresarios identificados, dinero sucio oficial, medios de comunicación vendidos, “fakenews”, “memes”, historias falsas, y calumnias sistemáticas al candidato López Obrador, éste, arropado por un pueblo impaciente de una trasformación radical, arrasó de forma contundente en las urnas.

Antes, los cambios de gobierno, -sin importar las marcas o los colores- con ofertas de campaña populistas que nunca se cumplían, se fueron sucediendo uno a uno sin que representaran para la mayorías cambios apreciables. La pobreza deambulaba entre porcentajes más altos de lo oficialmente aceptado y el desencanto por los políticos y asociados crecía hasta el hartazgo.

El 1º. de diciembre de 2018 se inicia una nueva era, un parteaguas histórico, una ilusión fundada. Nace la certidumbre de tener un gobierno diferente, cercano, incorruptible, austero, un gobierno para todos que pondera el “primero los pobres” en virtud de su abandono. Surgen iniciativas largamente contenidas que abatirán las injusticias, la corrupción, el saqueo institucional. Se da “banderazo” a distintos programas sociales que están revirtiendo la capacidad de consumo y la desesperanza acumulada. Las grandes obras dejan de ser bardas de refinerías abandonadas, construcciones de hospitales a medias, carreteras no terminadas, vías de trenes inconclusos y estelas de luz consu podredumbre. Empiezan obras con sentido social y económico que detonan el empleo, la inversión y la confianza.

Es justo reconocer que el país estaba ciertamente en ruinas y que caminamos “cuesta arriba” en una pendiente pronunciada. El esfuerzo es sobrehumano pero optimista. Hay resultados tangibles en lo inmediato y certidumbre en el futuro.

¡El Presidente tiene razón éste no es un cambio de gobierno más, es el camino hacia un régimen largamente esperado con el mejor rostro humano!

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