Niels Rosas Valdez - Procesos del Poder

Una política trumpista en México – Niels Rosas Valdez

El lunes pasado, la Alta Comisionada de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, manifestó su inconformidad y preocupación por la política migratoria implementada por varios países, entre ellos México y Estados Unidos (EU). Según su opinión, tales políticas exponen a las personas migrantes a un mayor riesgo de violaciones y abusos de derechos humanos. ¿Cómo incide esta opinión en el escenario internacional y particularmente con ambos países? ¿Acaso dichas políticas representan un severo problema como lo apunta su declaración?

Una cosa que hay que comprender es que declaraciones de esta índole que enfatizan un error en el procedimiento de cómo resolver un problema y de qué política aplicar para solventarlo, se reciben e inciden de manera diferente dependiendo del Estado al que va dirigida tal declaración. En este caso los agentes involucrados son EU, como potencia mundial, y México, como un país semiperiférico de mediana relevancia a nivel internacional.

Siendo EU una hegemonía lo pone en un pedestal diferente con respecto a nuestro país en el sentido de que es más difícil que la opinión internacional, incluso la de un aparato como la Organización de las Naciones Unidas, lo pueda doblegar. Situación diferente sucede con México, pues al ser un Estado de mediana influencia política y menores capacidades en relación al vecino del norte, es más propenso a tener que seguir las recomendaciones internacionales. Esto, sin embargo, no significa que sólo por el hecho de ser poderosos, o no, pueden hacer lo que sea, o bien, seguir a rajatabla las indicaciones.

Ahora, entrando a los cuestionamientos, el interés del presidente de los EUA, Donald Trump, por la expansión y aplicación de esta política migratoria responde a meras cuestiones electorales, y no hay duda al respecto, desde su campaña presidencial en 2016 y a lo largo de sus años en el poder Ejecutivo así lo han evidenciado sus discursos y acciones. Es una tónica que el gobierno estadounidense va a seguir por lo menos en los siguientes 13 o 14 meses hasta que se llegue la votación presidencial en 2020, por lo que no hay que sorprendernos si en este periodo surge otro incidente que involucre o que ponga de por medio la política anti-inmigratoria trumpista en nuestros asuntos.

Por otra parte, con respecto a México, es triste, pero es cierto: el gobierno de nuestro país tuvo que alinearse a las exigencias de EU pues el costo de la ejecución de los aranceles habría dañado la economía mexicana, y considerando la campaña de Trump al año 2020 sería difícil poder modificar esta política anti-inmigratoria sin que recibamos alguna represalia del mandatario estadounidense. Eso, sin embargo, no nos quita la presión internacional de que la implementación de tales políticas y medidas hacia las personas migrantes no es la mejor manera de atender esta eventualidad. Entonces, si nosotros como país aplicamos la misma política agresiva anti-inmigratoria, ¿qué diferente somos del gobierno trumpista de EU?

Lo declarado por Bachelet es, en mi opinión, algo totalmente certero, y lo mencioné en previas entregas de esta columna «Procesos del Poder». Inicialmente el actual gobierno mexicano buscaba una integración de las personas migrantes, pero la amenaza de los aranceles de Trump hace unos meses nos puso entre la espada y la pared, acatando y extendiendo la política anti-inmigratoria Republicana. Al desplegar la Guardia Nacional en la frontera sur de nuestro país con la intención de frenar categóricamente el flujo migratorio, lo único que iba a provocar era la generación de flujos clandestinos por parte de las personas migrantes, lo que más que ayudar para culminar su éxodo, aumentaría las posibilidades de riesgo en su trayecto. Este riesgo significa transitar por vías alternas seguramente despobladas y no necesariamente seguras, lo que las pondría en riesgo ante el crimen organizado, o de manera simple, las sometería a condiciones críticas en su viaje.

La respuesta no es «tolerancia cero», como lo quiere enfatizar Trump, sino dedicar recursos humanos y económicos – que pueden venir de fondos internacionales – para acelerar el registro de solicitudes de asilo, y con ello paralelamente evitar la separación de hijos y padres al momento de llegar a los centros de detención, lo que es inhumano, pues provoca un daño psicológico sobre todo a los infantes. Una posible respuesta para la migración, a la que yo particularmente apoyo por la proyección positiva a largo plazo, es la entrega de un fondo internacional para la generación de empleos y la reactivación económica de varios países en Centroamérica, como lo es el Plan de Desarrollo Integral, en la que México y otros países han puesto su apoyo en aras de la estabilización centroamericana. Esperemos que dé frutos para que se concrete como una solución ante esta problemática.

Escritor, historiador e internacionalista
[email protected]
@NielsRosasV (twitter)

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