Ivonne Olascoaga - Expresiones

Mercados y ambulantes – Ivonne Olascoaga Correa

Estimados lectores: han pasado tantas cosas que no sé qué compartir con ustedes esta semana; bueno… continuaré con el tema de los mercados en el municipio de Querétaro. Otro de los mercados que visité fue el mercado de Hidalgo y Tepetate.

Esta semana también visité el mercado Hidalgo, es un mercado limpio agradable y según me comentaron la mayoría de sus clientes son personas adultas.

Yo creía que el mercado del Tepe, por ser el de mayor atención, no tendría alguna necesidad; pues me equivoqué. Resulta que durante el recorrido por este mercado, lo locatarios me contaban sus experiencias. No todos tenían la disposición de conversar conmigo, algunos me decían volteando su mirada para otro lado o agachando la cabeza, “todo está bien, no tengo nada que decir”.

Otros de manera gustosa me platicaban que si estaban a gusto con sus locales. No obstante, tanto los que no quisieron hablar mucho y los que platicaban con agrado de compartir, coincidieron en no había señaléticas para el mercado, que las ventas habían bajado, que sus clientes más antiguos dejaron de ir, porque ya no era lo mismo.

Y me parece que es comprensible en las personas adultas mayores; ellas crecieron con el mercado y ahora miran un lugar que no se parece al de sus recuerdos ni les evoca la historia de cada una de ellas, lo sienten lejano y extraño. Otras tantas ya no visitan el área de comida, porque “sus piernas ya no les da para subir”.

Algunos coincidieron en la falta de seguridad, “las cámaras no sirven de nada, necesitamos a un policía que esté aquí, porque de qué sirve ver al ladrón que asalta y se va corriendo”, me comentaba una locataria.

En lo que todos coincidieron tanto del mercado Hidalgo como del Tepe, fue en la iniciación de una campaña publicitaria y con esto rescatar esta tradición.

Otro punto en común también fue la necesidad de un estacionamiento, las particularidades del cómo, tienen una gran diferencia, pero la necesidad es la misma.

Por ejemplo, fue en el mercado del Tepetate, donde pude observar que los peatones no pueden hacer uso de las banquetas, porque están ocupadas por vendedores ambulantes; lo primero que vino a mi mente es “esto no puede ser, hay que solicitar que se les retire y ubique en otro lugar”.

Pero me llamó la atención acercarme a un puesto que estaba ocupando todo el ancho de la banqueta. Buenas tardes, “doña Juanita” le dije. Ella giró su cabeza de cabello entrecano, su ojos rodeados de arrugas y su piel lastimada por las quemaduras del sol y me platicó que tiene 30 años acudiendo a ese lugar, para sacar adelante a su hijo, ella sola. Su marido toma mucho y ha tenido que buscar el sustento para ella y su hijo. Compra la verdura allá en su pueblo y su hijo le ayuda… “antes lo hacía sola, ahora él ya es grande y tiene un lugarcito allá, por donde está el triángulo.”

Ha sido usted muy valiente y fuerte –le dije- ha sabido criar a un hijo y enseñarle una manera de trabajar. Su rostro se sonrojó y sus ojos se cristalizaron, me miró brevemente y volteó su mirada en otra dirección.

Le agradecí que me compartiera su historia y me quedé mirando las caras de esas señoras que estaban sobre la banqueta… ¿Cuántas de ellas tienen una historia similar? ¿Qué será de ellas si se les retira de este lugar donde han trabajado durante 30 años? ¿Es justo que se quite a todas por igual?

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