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La CIA quiso convertir a delfines, aves, gatos y perros en espías durante la Guerra Fría

Desde mediados de la década de 1960 hasta la de 1970, la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. tenía varios programas de experimentos y entrenamientos con animales con el objetivo de usarlos como espías en la Guerra Fría con la URSS, de acuerdo con decenas de documentos desclasificados por la CIA este 12 de septiembre.

Los especialistas de la agencia trabajaron con gatos como posibles dispositivos de escucha itinerantes y colocaron implantes eléctricos en el cerebro de los perros para ver si podían controlarse de forma remota, pero ninguno de esos programas fue muy lejos.

Delfines

La CIA hizo un gran esfuerzo para entrenar a delfines como posibles saboteadores y ayudar a espiar el desarrollo de la flota de submarinos nucleares de la URSS, que representaba un gran desafío para EE.UU.

Este trabajo de entrenamiento se llevó a cabo en el marco de los proyectos Oxygas y Chirilogy y tenía como objetivo reemplazar a los buzos para colocar explosivos en embarcaciones amarradas o en movimiento, así como colarse en puertos soviéticos para dejar allí boyas acústicas y unidades de detección de cohetes, o nadar junto a submarinos para recoger sus firmas acústicas.

De acuerdo con los archivos, la CIA luego transfirió esos programas a la Armada de EE.UU., que hasta el día de hoy hace uso de algunos mamíferos marinos con varios fines.

Aves

Durante la Guerra Fría la CIA intentó trabajar con muchos tipos de aves, incluso migratorias salvajes.

La CIA vio a las aves migratorias como “sensores vivos”, que tras alimentarse en zonas de instalaciones químicas, podrían revelar qué tipo de sustancias estaban probando los científicos soviéticos.

Además, la agencia estaba entrenando a halcones, rapaces, búhos, palomas y cuervos para volar largas distancias sobre el territorio enemigo portando cámaras o dejando caer un dispositivo de escucha en el alféizar de una ventana.

Uno de los documentos desclasificados, que data del año 1976, revela que estas misiones de reconocimiento tenían como objetivo la zona de Leningrado (actual San Petersburgo), así como el área de Moscú.

Según otro archivo, en Leningrado las palomas tenían que obtener fotos de alta resolución de los astilleros, donde, según las sospechas de la CIA, los soviéticos construían submarinos nucleares. A partir de los documentos desclasificados no está claro si la operación de Leningrado al final se llevó a cabo.

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