Norman Pearl - Poder popular

¡Quiero recordar más “gritos” de independencia! – Norman F. Pearl

Era el año de 1962, vivía con mis hermanos temporalmente en la ciudad de Chicago, Illinois, en la unión americana. Se acercaba el 15 de Septiembre y nosotros, que lo habíamos vivido con cierto desdén en Tampico, Tamaulipas, lo encontrábamos con un atractivo muy particular. Todo era nuevo para la familia, otro país, con una universalidad extrema, muchas lenguas, costumbres y culturas diversas. En los días previos, en la casa, había muchos preparativos especiales, había prisas, teníamos apuros.

Yo tenía apenas 10 años y no tenía muy clara la importancia de ese día, tampoco dimensionaba que representaban para la hermana de mi mamá; (Emma Juárez Fregoso, quien era en ese momento la presidenta de la asociación de mexicanos en aquella ciudad) “sus momentos estelares”.

Recuerdo, de alguna manera, el esmero que ponían los adultos para que los niños fuéramos vestidos de manera apropiada para la ocasión con “uniformes” alusivos a la gran fecha con cierta reticencia de nuestra parte.

El gran día llegó, era el 15 de Septiembre, día de la independencia de México, nos trasladamos con mucha anticipación a la “concha” en el viejo Grant Park que sería el escenario para nuestra atípica conmemoración. En nuestro país, lo sabemos, se celebra en todos los palacios de gobierno incluido el palacio nacional. Olvidaba decir mi tía llevaba consigo una enorme campana que había hecho traer de México unos años antes.

Eran puntualmente las 11 de la noche, voltee a ver el escenario y ahí estaba mi tía con una bandera mexicana en la mano empezando su breve discurso con vivas a nuestros héroes y a nuestra patria. Me emocioné con su protagonismo y sensibilidad patriótica, y hay que decirlo, por la circunstancia también de que fuera mi tía quien lo estaba haciendo.

Algunos años después, vi a mi tía por última vez en su casa, recordamos sus “hazañas políticas” y en algún momento desvié mi mirada hacia un rincón de la sala donde permanecía estoica y muda su fiel campana de Dolores.

Al día siguiente, en el desfile correspondiente por las calles del centro de Chicago me montaron al frente de un carro alegórico vestido de charro y Jorge y May, mis hermanos mayores, iban atrás de mí con sendos atuendos veracruzanos.

Como ustedes podrán inferir, ese ha sido hasta ahora el “grito” de independencia más emotivo en mi larga vida, sin embargo, estoy seguro éste día, 57 años después, encontraré un sentido distinto a ese evento solemne porque será en la voz y figura de un presidente distinto, arropado por un pueblo lleno de esperanza y de alegría que vive y disfruta todos los días de un gobierno que trabaja eficientemente para las mayorías con una honestidad irrefutable.

¡Estoy seguro, en próximas generaciones, nuestros gobernantes habrán de hacer un pase de lista y sentidas vivas a nuestro presidente López Obrador junto a aquellos que nos dieron una patria más justa!

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