Por el gusto de ser queretanos

Robert Harmsen, el holandés que come picante “sin hacerle gestos”

Historia: Jesús Arriaga/ EnLaLupa.com
Fotos: Guillermo González/ EnLaLupa.com

Robert Harmsen, profesor holandés en el Tec de Monterrey, señala que México es un buen país para vivir, aunque lo que más le ha costado para adaptarse es el concepto de “ahorita”. “Para mí, ahorita puede ser en unos minutos, pero ahorita aquí puede ser el día después o nunca, es algo diferente”.

Especializado en derechos humanos y derecho internacional, llegó a Querétaro gracias a que en Holanda conoció a muchos mexicanos que habían estudiado en el Tec, y le hablaron mucho de ella. Un día vio una convocatoria para ser profesor extranjero, para la cual aplicó, que era en un inicio para dos años, pero lleva ya cuatro en el país.

Dice que se imaginaba a México diferente, pues las noticias del país en Europa son negativas, siempre están relacionadas con carteles de droga y violencia, y muchas personas en Europa piensan que es una nación peligrosa.

La concepción del tiempo fue algo que también le costó adaptarse, pues para los europeos los horarios establecidos son más respetados.

En Holanda, apunta, los traslados se realizan en transporte público o en bicicleta. “Extraño mi bici porque aquí no hay una cultura grande de respetar a los ciclistas y cuidarlos. Algo que me encanta es que los mexicanos son muy amables, pero cuando se ponen atrás de un volante se convierten en personas muy raras y muy agresivas. No entiendo porque los mexicanos son muy amables, pero cuando manejan son muy agresivos”, indica.

Su gusto por la comida mexicana

Robert saca un cigarrillo. Pregunta si puede fumar, al tiempo que ofrece la cajetilla. Los cigarrillos se encienden y el olor a tabaco impregna la conversación. Recuerda que cuando era más joven vivió un tiempo en India, donde la comida también es picante.
Dice que cuando va a comer con mexicanos ven con sorpresa que él prueba de buena manera lo picante, “sin hacerle gestos”, pues los años en India le dieron esa facilidad.

La variedad de la comida en México es muy grande, hay mucha variedad y eso me encanta. En Holanda no hay mucha variedad de platos tradicionales. Casi todo está basado en papas. Papas fritas, papas en puré, acompañadas con un poco de vegetales y quizá con un poco de carne. Pero muy básico, sin sabor. Aquí todo tiene sabor”.

Como estudioso del derecho internacional, comenta que una diferencia que existe entre México y Holanda es la confianza que existe en el sistema. Mientras que en México la mayoría de la gente no confía en, por ejemplo, los policías, en Holanda si se necesita ayuda en la calle, pueden estar seguros que si se acercan con un oficial de policía éste les ayudará. En Holanda se tiene mucha confianza y respeto al Estado de derecho.

País paradójico

No sabe cómo entender que en México no se respete tanto a la autoridad y las leyes, pues hace dos años, con el terremoto del 19 de septiembre, la sociedad demostró que pueden ser solidarios y ayudarse mutuamente en casos de emergencia. Eso le dice a Robert que el pueblo y las personas pueden crear redes de ayuda, por lo que se pregunta cómo si pudieron hacer eso en caso del terremoto, porqué no se unen para acabar con los problemas sociales de todos los días.

Asevera que una buena parte de los problemas del país pasan por la educación, pues quienes no conocen sus derechos no los pueden exigir. Añade que mientras en Holanda quienes no tienen educación son un minoría, en México aún hay muchas personas que no saben leer y escribir. La educación es unos de los puntos más esenciales para una nación., enfatiza.

Robert pone el termo con una bebida en el suelo, mientras enciende otro cigarrillo. Explica que en la universidad están iniciando un método de estudio donde los jóvenes están más cercanos a la sociedad, donde tienen que acercarse a los problemas de la sociedad, con los jóvenes saliendo a las calles, a las comunidades, para conocer de cerca los problemas sociales.

Pone como ejemplo el proyecto que tiene con sus alumnos, donde tienen que visitar y apoyar a gente que ha sido violentada en sus garantías individuales, brindando acompañamiento y asesoría, lo que acerca a los jóvenes universitarios a realidades muy lejanas de su realidad.

El propósito, dice, es que estas situaciones violatorias de los derechos humanos tiendan a desaparecer y que los universitarios sean conscientes de su papel con factores de cambio.

Señala que luego, al final del semestre, espera ver cómo ha cambiado su percepción de la problemas como migración y género. Este trabajo, dice Robert, tiene que ir de la mano con la sociedad civil.

Resalta que la gente en México no conoce cuáles son sus derechos humanos. Pone como ejemplo los niños que están en las esquinas pidiendo dinero en lugar de asistir a la escuela. Se está violentando su derecho a la educación. La obligación de las autoridades es poner a esos niños en las escuelas.

“Ellos son la nueva generación. Los jóvenes pueden hacer los cambios en el sistema”, enfatiza.

Robert se siente a gusto trabajando con los jóvenes, enseñándoles cómo ser factores de cambio en la sociedad mexicana. Por el momento no concibe su futuro fuera de Querétaro y de México. Su proyecto con los universitarios apenas inicia. Pues el Tec abrió apenas la carrera de Derecho, y está interesado en ver el desarrollo de la carrera. “No tengo ningún pensamiento en irme”, puntualiza.

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas noticias

To Top