Norman Pearl - Poder popular

¡Los “becarios dorados” terminan sus largas vacaciones! – Norman F. Pearl

Durante la larga noche prianista. En esa emocionante fase previa al inicio de sexenio, eran comunes las “tertulias de reparto”. Es decir, las reuniones de políticos que se asumían como beneficiarios directos del momento, y los menos agraciados que esperaban ser considerados. Por supuesto, todos podrían esgrimir sus méritos y complicidades con el dueño de sus destinos.

La mayoría, ambicionaba un poder que fuera socialmente apreciado, que les pusiera por encima de sus amigos y enemigos, que les permitiera conformar un grupo a partir de la compra de conciencias y voluntades. Si, para ellos no existía un mayor estímulo que el reconocimiento así éste fuera fugaz y de coyuntura, no importaba, querían estar ahí. Secretarías, subsecretarías, oficialías mayores, direcciones, áreas de compras, obra pública, etc.

Otros pensaban, al margen de la aprobación social, en una posición que les permitiera enriquecerse rápido dejando huellas que otros del mismo bando borrarían. Al final, estaban los “bon vivant” de la burocracia, si, aquellos que no aspiraban a “puestos complicados” por carecer de virtudes y capacidad de trabajo, pero eran expertos en socializar con quien fuera necesario.

Como todos sabemos, las familias crecen y las de los políticos no han sido la excepción, de tal manera que el reclamo de espacios en el sector público fue hasta natural. Los presidentes prianistas siempre se solidarizaron con los suyos, y claro, fueron inventando empresas sin grandes justificaciones.

Así nace, entre otras, el Consejo de Promoción Turística de México, S.A. de C.V., empresa de participación estatal mayoritaria que tenía como objeto el diseño y operación de las estrategias de promoción turística a nivel nacional e internacional. Para la promoción internacional abrieron 21 “embajadas” en los más lujosos barrios de 7 ciudades estadounidenses, 3 canadienses, 3 sudamericanas, 5 europeas y 3 asiáticas.

Los juniors “oficiales” estaban de plácemes, esos puestos y sus prestaciones quedaban como “anillo al dedo”; primer mundo,“jugosas becas” por seis años con probable renovación, viajes en primera, gastos ilimitados sin comprobación, elevados viáticos y la fructífera alternancia con futuros socios en el extranjero. La desviación de recursos y robo al patrimonio de la empresa no estaban fijados de forma oficial, pero tal parece acontecieron…

El pasado 30 de abril esta empresa quedó formalmente disuelta por ser un “elefante blanco”, sin resultados, ya que sólo servía para encubrir corruptelas y derroches. Durante el gobierno de Calderón se gastaron 13 mil millones de pesos y en el mandato de Peña Nieto 24 mil millones.

El presidente López Obrador había acusado al CPTM de utilizar sus recursos para pagar publicidad y favores a medios de comunicación y NO para el fomento al turismo. En 2017, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) señaló tímidamente “opacidad” en el ejercicio de más de 4,800 millones de pesos pues no existía evidencia documental para acreditar su uso (sin comprobantes). El actual secretario de Turismo, Miguel Torruco Marqués le llamó en su momento: “la caja chica de los gobiernos en turno”.

Como se esperaba, el día 20 de septiembre, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda encontró un posible desvío de recursos por funcionarios en aquella entidad a cuentas propias y a otras empresas en el extranjero.

Si bien es cierto que adelgazar o desaparecer instituciones públicas fraudulentas, quitar aviadores y atacar la corrupción tiene un costo social en términos de empleos, el Presidente tiene un mandato popular prioritario a favor de la austeridad y el uso justo de nuestro patrimonio.

¡Bienvenidos a la realidad que buscamos los mexicanos!

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