Norman Pearl - Poder popular

¡El “intachable” ministro a modo y sus diversos “pecaditos”! – Norman F. Pearl

El artículo 95 constitucional establece seis requisitos básicos para poder ser elegido ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El 10 de marzo de 2015 el Senado pasó por alto cuando menos tres de ellos para aprobar la propuesta/designación que hiciera el entonces presidente Enrique Peña Nieto en la persona de Eduardo Medina Mora…

Como una herencia de la perversión salinista, en el año 2000, Vicente Fox recibe a Medina Mora y lo incorpora al temible y ya desaparecido Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen). Desde ahí, en poco tiempo se constituye como el “espía oficial”, en especial de aquellas “voces” discordantes con el gobierno. Estos actos, eran realizados sin ningún tipo de autorización judicial y en franca violación al artículo 16 de la Constitución.

En el último año del inoperante gobierno foxista, Medina ocupa la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) y prepara su despedida ordenando un operativo policiaco y militar en San Salvador Atenco, atacando una manifestación que terminó en un brutal atropello a los derechos de los manifestantes y periodistas. El saldo fue de dos muertos, cientos de detenciones arbitrarias y una feroz agresión sexual contra 26 mujeres. Por supuesto, Medina nunca fue sancionado por tales hechos.

Como premio a su gansteril actuación, Felipe Calderón lo incorpora a su gabinete como Procurador General de la República. En 2008, “nuestro personaje” reservó pesquisas en contra de los funcionarios implicados en delitos relacionados con la guerra contra el narcotráfico. El caso Florence Cassez y los burdos montajes realizados en torno a este hecho. El financiamiento ilegal por los amigos de Fox. Y las investigaciones contra Elba Esther Gordillo y Rosario Robles envueltas en desvíos de recursos. Siempre contó con la anuencia de un Presidente tan irresponsable como permisivo.

De 2009 a 2015 fue ocultado por el “maridaje prianista” en las embajadas mexicanas de Londres y Washington.

Como podemos observar, el “halcón” Eduardo Medina Mora no cumplía con la característica primordial para cualquier juzgador: gozar de buena reputación. Otros requisitos que incumplía era tener la residencia mínima de dos años anteriores al día de la designación y el no haber sido secretario de Estado en virtud de la equivalencia que la PGR tenía. Además, el fugaz ministro de la Suprema Corte tampoco tenía experiencia previa en la impartición de justicia. Todas estas condiciones están consignadas en el artículo 95, fracciones IV, V, VI y sus consideraciones finales.

Durante su gestión como ministro, Medina Mora respondió a las expectativas de sus impulsores y otorgó una “lluvia” de amparos blindando a Enrique Peña Nieto y su gabinete. Estos abusos en la ley de amparo permiten que se alargue la violación de los derechos del imputado durante toda la vida del juicio y en ocasiones que el daño no se repare.

Tal parece que la impunidad eterna en que se movió “nuestro protector del delito”, tarde, muy tarde, ha llegado a su fin. Este día, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo: “…La renuncia del ministro Eduardo Medina Mora es para atender las denuncias que hay presentadas en su contra por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) por depósitos de dinero en el extranjero…”

¡Suponemos que pronto llegarán a la fiscalía denuncias por delitos varios!

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