Andrea Sosa - Navegando entre Letras

Lo real y la existencia, de Ximena Mendoza –Andrea Sosa

En la tercera entrega de “Navegando entre Letras” presentamos el trabajo de Ximena Mendoza Villegas (Estado de México, 1999), ganadora del Concurso Literario Sejuve 2019 en la categoría de ensayo.

Ximena es un ser que prefiere no utilizar demasiadas referencias ni adjetivos para describirse, pues considera que cada persona ve en ella la parte que desea observar.

Para algunos, Ximena es una estudiante más de psicología, para otros una mujer de 20 años que reside en el estado de Querétaro desde hace siete años. Algunas personas más íntimas podrán ver en Ximena una amiga, alguien que disfruta de escuchar, observar y sentir el momento que vive, y que escribe con el único propósito de compartir la pasión que siente por la vida con más personas.

Sin embargo, ella decide dejar cualquier presentación sobre sí misma a cargo de los ojos del espectador, y cualquier explicación sobre sus escritos al mando de la sensibilidad de cada lector.

Andrea Sosa

 

Lo real y la existencia

Me he sentado en el patio, a observar el transcurso de unas cuantas personas. Le pregunté a quienes se me acercaron, ¿Qué es la existencia?, la misma pregunta que intentaré contestar en este ensayo.

Algunos contestaron simplemente –la existencia es esto, es lo que veo y lo que enfrento día a día–, otros me dijeron que era lo que sentían, como si existir fuese para ellos el dolor, la alegría, y cualquier emoción o sentimiento ligado a un alma que los dota de presencia. Otros más me suplicaron no ponerme “filosófica” porque es muy tedioso pensar en esos temas.

Sin embargo yo me preguntó por qué alguien no estaría interesado en encontrar una respuesta, ¿acaso importarían igual todas sus demás preocupaciones y problemas si descubriera que su existencia es mera fantasía?

Yo vivo todos los días con memorias, a veces extrañando cosas que probablemente ni siquiera ocurrieron como las recuerdo, y todo el dolor o placer que me causaron de alguna forma le dan sentido a lo que soy hoy en día, si no tuviese esta misma historia, probablemente sería distinta. Mas esta historia no es sólo mía, es de miles de personas que estuvieron en aquel pretérito inexacto que como humanidad hemos creado, en aquel pasado que siempre contamos pero nunca conocemos totalmente.

Todo lo que nos rodea tiene una razón de ser que se encuentra en lo pasado, sin embargo, solemos pensar que ese tiempo ya no existe y no se encuentra en esta realidad, dada nuestra visión lineal del tiempo sólo vivimos en el presente, el futuro nos resulta inalcanzable.

No obstante, ese mismo tiempo que siempre usamos de referencia para determinar la sucesión de nuestros hechos es tan sólo una creación del humano. El tiempo no existió hasta que nosotros nos hicimos conscientes de que crecemos, nos desarrollamos, y que por lo tanto, algún día moriremos.

El saber de nuestra transitoriedad y de la de otros seres hace que establezcamos el tiempo, el cual nos dota de una sensación de control en cuanto a nuestra existencia, pero únicamente sobre nuestra existencia física, puesto que no sabemos con exactitud si sucede algo con nuestra conciencia después de morir.

La muerte de todo lo vivo, sólo implica ciertas condiciones materiales que la ciencia ha determinado. Desde esta perspectiva, la muerte no significa más que el cese del funcionamiento de nuestros órganos.

Aunque cualquier otro saber podría definir la muerte de una manera distinta, la mayoría de las personas que me rodean consideran que su existencia depende de tener un cuerpo con varias células que realizan homeostasis, y que esas células existen porque son visibles, como si al final nuestra existencia dependiera justo de eso, de lo que observamos.

Ya lo mencionaría J. Berger en alguna de sus tesis, el humano ha tomado la vista como el sentido más importante, todo se centra en el ojo de algún espectador. Un niño no creería que existe si los demás no le hicieran saber que es visto, que puede ser escuchado, que puede ser sentido.

Nadie existe sin que antes alguien le diga que existe.

De modo que, si la existencia depende de un primer punto de quién nos observa, todo resulta cuestión de perspectiva, pues bien sabemos que nadie ve lo mismo que otro. Esto no significa que la perspectiva sea una cuestión individual que cada ser humano forma por sí mismo, sino que la forma de ver es algo que se desarrolla a partir de lo que otros nos enseñan a mirar.

Y eso que miramos, que está deformado por los propios paradigmas aprendidos, es lo que consideramos fervientemente como realidad. Pero no sabemos nada del objeto en sí, sólo conocemos aquel objeto que nuestra consciencia nos permite conocer.

Es por esto que Kant en su libro Crítica de la razón pura menciona que el sujeto da forma a las cosas, por lo tanto se puede distinguir la realidad en dos conceptos. El mundo fenoménico que se compone de aquello que nosotros pensamos que es el objeto y el mundo nouménico, que es aquello no conocido que va más allá de la experiencia sensible, pues no se trata de la percepción, sino de lo que es el objeto en sí.

Lo que consideramos existente es todo aquello que se encuentra en el mundo de los fenómenos, porque son todas esas cosas que la ciencia puede estudiar, y confiamos ciegamente en esa ciencia que se explica una y otra vez a sí misma, pero que raramente nos llegaría a explicar lo que es la realidad por sí misma.

Por suerte, la ciencia no es la única forma de conocimiento que poseemos, por lo tanto, siempre tenemos la oportunidad de crear nuevos paradigmas que sostengan lo real. Recordando que, lo que consideramos realidad es sólo un acuerdo común de lo que existe, pero no sabemos lo que es la existencia en esencia.

Lo que hacemos con nuestra existencia.

Ahora que sabemos que lo real no es necesariamente lo que existe, y que lo que consideramos real depende en gran parte de nuestra percepción podríamos hacer algo para ampliar esta percepción y modificarla.

Nuestra percepción está mediada por un mundo que nos antecede, como lo diría H. G. Gadamer, pero aquel mundo que nos antecede no tiene sentido en sí mismo. Cada humano crea el sentido desde este mundo, vive según comprende, por lo tanto es fundamental ampliar nuestro horizonte de comprensión abriéndonos a la diferencia, a lo desconocido, al diálogo. Tal vez sólo así nos acerquemos un poco más a comprender la existencia en su totalidad y no sólo una parte de ella.

Ciertamente nuestra libertad puede estar limitada por nuestra condición física, pero nuestra capacidad para comprender es ilimitada. No podemos asegurarnos de lo que es verdad, porque la verdad depende del contexto, no podemos tener certezas sobre objetos existentes, pero siempre podemos comprenderlos de otra forma, confundirnos y perdernos en la inmensidad de la existencia.

Durante miles de años nosotros, como seres humanos, nos hemos considerado atados a un destino, un destino que jamás nos ha pertenecido, puesto que siempre se prefiere que alguna fuerza superior o cualquier Dios explique los acontecimientos de nuestras vida. Y si no fuese algún Dios, podría ser la ciencia para controlar y predecir, y si la ciencia no fuese suficiente, siempre se puede encontrar una pareja, y depender de un supuesto amor.

La mayor parte de la humanidad no ha querido tomar las riendas de su propia vida y hacerse responsable de su propia existencia, porque claramente es difícil pensar que lo que sucede no es sólo cuestión de casualidad, sino que cada acción ha conllevado a una consecuencia que se refleja en la vida que cada uno vive.

F. Nietzsche propone una idea para llevarnos a una reflexión acerca de la importancia de cada instante en la afirmación de nuestra existencia. Mediante un simple planteamiento “Si la vida se repite al infinito ¿La vivirías?”

Podríamos negar el cuerpo y la vida, despreciarlo, como lo ha hecho el cristianismo durante toda la Edad Media, creyendo que sólo estamos en este mundo para sufrir y aceptar el destino impuesto por Dios, y que si logramos hacer todo como ese Dios quiere, recibiremos una recompensa después de nuestra muerte. Eso implicaría vivir abandonando nuestros deseos por someterlos al deseo de un Dios que parece bastante voluble y hasta en ocasiones sádico, pues en lugar de evitar el sufrimiento a sus hijos, constantemente los está probando para confirmar que le son leales.

O podríamos aceptar la vida, con todo lo agradable y desagradable que implica, con esos recuerdos amargos y con aquellos que siempre traen una sonrisa. Podríamos llegar a decir con orgullo que si las cosas han sucedido de esa forma es porque así lo hemos querido, que no hemos dejado nada al destino, que le hemos atado las manos al azar y ahora nosotros llevamos las riendas.

Aunque sea más complicado reconocer que no hay un camino trazado, que el Universo está lleno de infinitas variables, que sólo dependen de lo que cada uno perciba y haga, prefiero esa incertidumbre, prefiero volverme fiel a hacer de mi existencia algo que merezca repetirse eternamente.

Para concluir, sabiendo que como observadores construimos nuestra realidad, la cual es sólo un fragmento de todas las posibilidades de la existencia, este saber nos provee de una enorme responsabilidad, puesto que cada sufrimiento y cada placer no ha sido provocado por nadie más que por nosotros mismos. Hemos de dejar de buscar culpables en nuestras vidas, y entender la importancia de nuestras acciones y sus consecuencias.

A sí mismo ser conscientes del filtro de paradigmas a través del cual vemos la realidad, puesto que sólo percibiremos aquello que estamos condicionados a percibir, pero sino ampliamos nuestro horizonte, difícilmente dejaremos de repetir los mismos patrones; no sólo como individuos, sino también como sociedad.

Considero que lo más significativo es dejar de etiquetar y categorizar nuestra realidad, puesto que ya está suficientemente limitada por nuestra situación física. En lugar de aferrarnos a una sola forma de conocimiento siempre debemos estar abiertos a nuevas opiniones y saberes.

Bibliografía:

  1. Echegoyen. O. J. (s.f) Superhombre. Filosofía Contemporánea. Nietzsche. Torre de Babel. Recuperado de: http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-lafilosofia/Filosofiacontemporanea/Nietzsche/Nietzsche-Superhombre.htm
  2. Gadamer. H. (1960) Verdad y Método. Fundamentos de una hermenéutica filosófica. Alemania
  3. Berger. G. (1972) Modos de Ver. Gustavo Gili.
  4. Feinmann. J.P. (14 de marzo de 2013) Filosofía aquí y ahora –Kant, la experiencia posible y la experiencia imposible. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=Iv9fPe7tfPw

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