Por el gusto de ser queretanos

José Miguel, el venezolano que encontró en Querétaro una ciudad llena de oportunidades

Historia: Jesús Arriaga/EnLaLupa.com
Fotos: Guillermo González/EnLaLupa.com

José Miguel Escobar Almoguera toma pausadamente su café. Deja el vaso en la mesa y dice: siempre he sido un hombre inquieto. El venezolano de nacimiento, mexicano por adopción y queretano desde hace dos años, señala que no conocía la ciudad, pero encontró un lugar limpio y lleno de oportunidades.

El hombre saluda de manera amable. Pide su café en vaso. Pregunta a la mesera que si sabe por qué. La joven niega saber la respuesta. “Porque le cabe más al vaso”, responde José Miguel mientras ríe.

Desde hace dos años vive en Querétaro, donde es conductor de un auto de alquiler a través de plataformas digitales, porque, dice, le gusta convivir con la gente.

“Estoy en Querétaro porque en el último sismo (en 2017) de hace dos años, cuando la Ciudad de México se movió como una tina, me di cuenta que se volvían a repetir los mismos hechos de 1985. La única diferencia es que hay celulares. En aquel entonces (1985) había radios de banda civil y toda esa vaina. A fin de cuentas, en el fondo de lo que sucedió, nuevamente el pueblo sale al rescate, y no las personas especializadas”, dice.

Sin embargo, aclara que no llegó a Querétaro tanto por el sismo, sino por el Popocatépetl, al que considera el verdadero problema de la Ciudad de México. Cuando el volcán despierte de verdad, señala, eso será muy complicado para los habitantes de la capital del país.

Agrega que no escogió Querétaro, sino que le preguntó a una amiga dónde le recomendaba vivir, a lo que le respondió que San Luis Potosí o Querétaro.

Lugar de prosperidad

Yo no conocía Querétaro. Para mi fue una bendición y un agrado llegar a Querétaro, porque me encuentro con una ciudad limpia, una ciudad amable y una ciudad con una gran oportunidad de trabajo, a todos los niveles. Dije: este es un lugar de prosperidad. Obviamente te sientes feliz por ello, porque me encantan los lugares donde tienes oportunidad de prosperar”, subraya.
Asevera que le hubiera gustado que su madre le hubiera puesto como nombre Miguel Ángel, pero por recordar a San Miguel Arcángel…

Recuerda que su padre, Gustavo Escobar Llamosas, fue un venezolano que nació en 1887 y vio el nacimiento de la Venezuela moderna. José Miguel dice que tiene tres hermanas. Afirma que Marisol Escobar Hernández, artista plástica que falleció hace tres años, es una de las más influyentes en las artes a nivel mundial.

José Miguel dice que como un hombre inquieto se ha dedicado a muchas cosas. Actualmente se dedica a manejar un automóvil de alquiler a través de una aplicación, lo que le permite estar en contacto con muchas personas y conocer mejor a las nuevas generaciones, que son quienes buscan más sus servicios, principalmente los fines de semana, cuando salen a divertirse.

Se olvida del café por unos minutos. Saca una pequeña libreta donde anota todos los números telefónicos. Con una pequeña pluma anota un número. Sonríe y vuelve a la charla.

Narra que llegó a México cuando era niño. Su familia, indica, debió de salir de Venezuela por razones políticas. Su padre, por situaciones políticas en su país, decidió emigrar a México porque las condiciones de su patria, lleno de golpes de Estado, de dictaduras, como un país muy joven.

“Llegué a México a los cuatro años. Luego me fui a Venezuela a hacer mi servicio militar. Estuve varios años allá, en la década de los setenta, y curiosamente Hugo Chávez y yo fuimos compañeros de promoción”, sostiene.

Cercano a la política

Apunta que su niñez estuvo muy cercana a la política. De niño vivió la presidencia de Marcos Pérez Jiménez.

Sin embargo, recuerda más de Venezuela que el petróleo era abundante. El país era alegre, “una Venezuela libre, bochinchera, viva, sensible, alegre. Nuestra música lo ejemplifica, amantes de la naturaleza, de las relaciones humanas”.

De conversación sencilla, José Miguel puede platicar de casi cualquier tema. Desde la historia política del mundo, desde China y los métodos de Mao Tse Tung para “limpiar” a su país de las adicciones, hasta la guerra de las Malvinas y la importancia que tienen esas islas para Inglaterra, a pesar de “no tener importancia”.

También platica de las charlas que tenía con Hugo Chávez, a quien le decía que la izquierda en Latinoamérica no existe.

También tiene tiempo de hablar de Fidel Castro. “Me tachan de anticomunista, pero no. Soy enemigo de las filosofías mal aplicadas”.

José Miguel salta de Fidel Castro a la revolución tecnológica del internet y de las redes sociales, con los jóvenes como parte de ese cambio, no en el futuro, sino en el presente.

Después de estar en la academia militar, José Miguel dice que regresó a México, haciendo su vida en nuestro país. Se dedicó a la construcción, “hasta que se convirtió un problema”.

Señala que construyó un edificio de cuatro niveles en la Ciudad de México, que en los sismos de 1985 y 2017 no sufrió daños. “No sufrió daños porque cuando haces las cosas bien hechas, no tiene porqué pasar nada”, destaca mientras ríe.

Cuando los hijos se van

También recuerda a su madre, quien decía que en el año 2000 se acabaría el mundo “y metía las manos al fuego por eso”. Una mujer que describe como severa, con influencia de Sarita García y la idea de que “los hijos se van y hay que llorar”. Ríe sin parar por un rato.

Luego de hora y media de charla, José Miguel se despide. Toma su vaso de café, que ya se enfrió, y se va hacia su auto. Debe seguir manejando porque así es esta vaina.

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