Niels Rosas Valdez - Procesos del Poder

Convulsiones y destellos en América Latina – Niels Rosas Valdez

Octubre para América Latina fue un tiempo de real paroxismo. Desencantos, protestas, luchas, elecciones y demás acapararon el panorama social, político y electoral en Sudamérica. De los 14 países que conforman el subcontinente americano del Sur, al menos la mitad estuvo envuelta en una turbulencia de menor o mayor medida, experimentando escenarios pacíficos como elecciones, hasta sucesos controversiales y polémicos, así como protestas y manifestaciones severas. ¿Qué marca dejó el décimo mes del año aquí?

La controversia empieza en Perú donde su presidente, Martín Vizcarra, decidió disolver el poder legislativo ante la desconfianza de éste hacia el gabinete presidencial. Mucho se habrá podido decir, pero básicamente lo hizo por temor a un escrutinio profundo que expusiera la red de corrupción heredada de las anteriores administraciones y continuada en relación al escándalo magno de la constructora brasileña Odebrecht. La jugada sólo levantó más sospecha en vez de calmar las aguas políticas peruanas. Y hablando de errores, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, tuvo uno peor. Ante el desbalance económico en su país, solicitó un préstamo de cuatro mil millones de dólares a la sanguijuela conocida como Fondo Monetario Internacional, medida impopular pues significa que el pueblo ecuatoriano va a pagar literalmente a la larga las erradas políticas económicas de sus gobiernos.

Pero encima de eso, Moreno suprimió el subsidio a los combustibles, impactando en el precio de la gasolina, lo que genera graves problemas ya que es un país con limitado poder adquisitivo que depende ampliamente del uso del transporte público (y privado, claro) para realizar sus actividades, por lo que el incremento en los hidrocarburos significa un golpe para la economía de las personas, además de extender de nuevo la brecha entre los que tienen y los que no tienen, materializando un panorama de desigualdad y luego pobreza.

Pero vamos de mal en peor, pues en Bolivia ocurrió una catástrofe para la democracia, y lo explico. Con poco más del 45% de los votos, Evo Morales consiguió su tercera reelección presidencial. ¿Cómo sucedió esto si sólo se permitía una? En su primer mandato de 2006 a 2010 se reformó la constitución permitiendo una reelección (2010), no obstante, en medio de este segundo periodo se consideró que el primero “no contaba”, pues pertenecía a otro régimen constitucional, por lo que el segundo periodo fue considerado el primero. Desde aquí uno entiende lo ilegítimo que es la administración de Morales, pero ahí no acaba; a inicios de 2016 se hizo una “consulta popular” (¿coincidencia en México?) para “preguntar al pueblo boliviano si deseaba tenerlo de nuevo como presidente”, pero perdió.

Sin embargo, a pesar de ello, organizaciones sindicales y campesinas presentaron varias solicitudes para que esa “consulta” no tuviese efecto y que pudiera participar en las elecciones de 2019. Aquí cabe destacar la naturaleza de las organizaciones que presentaron tales solicitudes, que se podría entender como sectores que tienden a ser controlados, por no decir “maiceados”, por el gobierno. Así, el Tribunal Constitucional de Bolivia permitió la participación de Morales en las urnas presidenciales, venciendo por cuarta vez. Y bueno, aquí no importa qué tan izquierdista sea uno, es decir, en primera, alguien de izquierda sabe bien del respeto hacia las instituciones y procesos democráticos, y por consiguiente, en segunda, el verdadero izquierdismo no tiene deseos incontenibles de mantenerse en el poder, eso déjenselo a la derecha, a los que les importa el grupo y no la sociedad.

Ahora, los que tuvieron elecciones fueron Colombia, Uruguay y Argentina. En la tierra de los gauchos se decidió regresar al Krichnerismo que tanto mal le hizo al país, marcando, desde mi opinión, un retroceso, como lo señalé en la anterior entrega de esta columna en EnLaLupa.com Por la parte colombiana, tuvo elecciones de gubernaturas, municipalidades y otros puestos públicos, donde cabe mencionar la victoria de Claudia López, de Alianza Verde, en Bogotá, quien tiene una postura revolucionaria en el sentido de que su candidatura, así como sus ideales, son diferentes al estado conservador que aún rige en Colombia, marcando una vía progresista en muchos sentidos. Esto se anexa al caso de los charrúas, que tuvieron la primera vuelta de elecciones presidenciales, dejando en el limbo la continuación de la izquierda en la máxima plataforma política, aunque se espera el 20 de noviembre, en la segunda vuelta, cierren su victoria, dejando una marca izquierdista en América Latina, en contraste al ascenso de la derecha en varias partes del mundo, especialmente en Europa.

Finalmente, lo de Chile se puede explicar no con una respuesta simplista de que la serie de protestas y manifestaciones de la sociedad se debió al aumento considerable en el precio del transporte público, sino que viene de hace unos ocho años cuando el gobierno chileno decidió dejar de sufragar gran parte del costo de la educación pública (“los indignados de Chile”), y también viene de años atrás cuando se adoptó el neoliberalismo de forma errónea sin considerar las condiciones económicas y sociales del país andino, y también viene desde que tras la caída del dictador Augusto Pinochet, no se haya transformado de manera adecuada la constitución política de Chile; viene de todo esto y más.

El hartazgo viene no de hace unas semanas o meses, no, sino de años y décadas atrás que conforme pasó el tiempo libró poco a poco un descontento social que acabó en las imágenes que hemos estado viendo desde octubre. Protestas sociales puede haber si es de derecha, si es de “centro” (si es que existe eso) o si es de izquierda, no hay duda, pero la manera en que se desarrollaron y sobre todo los argumentos que se dieron para realizarlas muestran un sentimiento caracterizado por un ideal de izquierda permeado en la sociedad chilena, lo que evidencia un claro cambio de perspectiva política que abunda o que se une a las ya descritas en Sudamérica y que continúan, de cierta manera, en nuestro país. Si bien América Latina estuvo convulsionada en octubre por unas prácticas desleales, otras marcan el cambio que paulatinamente pienso que tendría el resto del subcontinente en los años próximos, contrastando de forma ineludible el escenario político y social en Europa.

Escritor, historiador e internacionalista
niels.rosas@gmail.com
@NielsRosasV (twitter)

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