Querétaro

32 años después madre centroamericana se reencuentra con su hijo

Historia y fotos: Jesús Arriaga/EnLaLupa.com

Tuvieron que pasar 32 años para que Santos Omar Cázares abrazara a su madre, Margarita Reyna Lainez. La mujer decidió viajar a México desde Honduras para reencontrarse con su hijo, en Tequisquiapan. Margarita se unió a la Caravana de Madres Centroamericanas de Migrantes Desaparecidos, y fue afortunada.

La caravana, que se realiza desde hace 15 años, llegó a Tequisquiapan, en su camino a Monterrey, Nuevo León. No pudieron llegar a la frontera de Tamaulipas, pues no existían las condiciones de seguridad, dice Martha Sánchez, del Movimiento Migrante Mesoamericano.

La 70 mujeres arribaron a Tequisquiapan en un autobús, que las dejó en la entrada del turístico pueblo. De ahí caminaron hacia el centro, en la plaza frente a la parroquia de de Santa María de la Asunción, donde se llevó a cabo una ceremonia religiosa.

El contingente avanzó. En la plaza hicieron un círculo. Por un costado entró Santos y se puso frente a su madre. La mujer, adulta mayor, caminó titubeante a donde estaba su hijo. Se abrazaron. Las otras madres se emocionaron. Lloraron, abrazaron a madre e hijo que se vuelven a ver, luego de más de tres décadas de ausencias. Para ellas, que aún tienen a sus vástagos ausentes, esto es un logro, una victoria que la alienta en medio de la desolación.

Luego de la reunión, se dirigieron a una posada en Tequisquiapan, donde la Estancia del Migrantes Gutiérrez y Martínez, que dirige Martín Martínez, les preparó una comida y un lugar para descansar de la jornadas que ya cumplen ocho días desde la frontera sur de México.

Caminaron por las calles del pueblo. Son un par de cuadras hacia la posada. Santos y Margarita lo hicieron abrazados, rodeados de las mujeres y de los voluntarios que hicieron un cerco a su alrededor.

Al llegar, tomaron asiento en una mesa, donde madre y hijo siguieron charlando. Tienen muchas cosas que decirse.

Margarita recordó que pasaron 18 años para que tuviera noticias de su hijo, desde ese lejano 1987, cuando Santos, con 17 años de edad, decidió dejar Honduras para probar suerte en el norte.

Comentó que fue a través de una llamada telefónica que recibió en 2005 que volvió a saber de Santos. No pudo hablar en esa ocasión, no paraba de llorar. Santos le decía que se tranquilizara, para poder charlar. Para Margarita era imposible. Volvía a saber de su hijo, al que creía que ya no existía.

La emoción le impidió controlarse

Para Margarita no saber de su hijo le hacía sentir un dolor muy grande, pero cuando le llamó fue un consuelo. “Yo pensaba que él ya no existía, por el tiempo que no me llamaba. Pero cuando llamó me agarró una lloreta. Me decía, madre contrólate, quiero platicar contigo”. Pero no podía controlarse. En esa época no podía platicar por el llanto. Al siguiente sábado le llamó. La comunicación fue constante por un tiempo, hasta que nuevamente se perdió el contacto.

Margarita se enteró a través de un familiar de las caravanas de madres. Su pariente también tiene un hijo desaparecido desde hace un año. Margarita comenzó a acudir a las reuniones, donde les explicó su caso. Por eso, decidió viajar a México.

Santos trabajó un tiempo en Chiapas, a donde viajó con una familia, de quien se separó ya en territorio mexicano para seguir por su cuenta. Se traslado a la Ciudad de México, donde ha vivido hasta la fecha.

Santos subraya que a través de unos compañeros de trabajo supo que era buscando por su madre. Así sucedió el encuentro.

Por fin, unos días juntos

Madre e hijo pasarán unos días juntos en la Ciudad de México. Margarita explica que estará en la capital mexicana hasta el 29 de noviembre, cuando la caravana de madres pase por la ciudad en su regreso a la frontera sur. Uno de los requisitos que se ponen a las mujeres es que no pueden quedarse en territorio mexicano.

Martín Martínez ordenó que se sirviera la comida. Las voluntarias comenzaron a servir y repartir los refrescos, así como los platos con arroz, frijoles y carnitas para la recién llegadas y los activistas que acuden en apoyo. Santos y Margarita comparten los alimentos con las demás mujeres.

Ana Enamorado, antes de la comida, agradeció la bienvenida a Tequisquiapan. Dice que ella como madre de Óscar Antonio López Enamorado, “me siento muy orgullosa, muy feliz de tanto amor, de tanto cariño con que reciben ustedes. Sabemos también que contamos siempre con su presencia. Siempre nos han recibido con mucho amor.

Con todos los logros que hemos obtenido a lo largo de estos 15 años, y sobre todo con los que hemos tenido con este recorrido. Ya son más de ocho días de estar recorriendo varios lugares de México, haciendo búsqueda, haciendo reencuentros, visitando cárceles, es una gran alegría estos reencuentros a todas las madres nos motiva y al mismo tiempo nos entristece porque no han aparecido los nuestros, pero sabemos que los vamos a encontrar”, precisó.

Invitó a motivar a seguir en la búsqueda. Dijo que se puede recurrir a las redes sociales para facilitar la ubicación de sus seres queridos.

Para encontrar a sus hijos no tienen más que el apoyo de las organizaciones civiles y su entereza para no perder la esperanza, para poder abrazar a sus hijos una vez más, como Margarita hizo con Santos. No pierden la fe.

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