Qro, Tierra de Artesanos

Con sus manos, Martín convierte el mimbre en arte

Historia: Carlos P. Jordá /EnLaLupa.com
Fotos: Guillermo González/EnLaLupa.com

¿Qué distingue a un artista de un artesano? Usar el diccionario de la Real Academia Española (RAE) para descifrar esta discrepancia puede resultar contraproducente. Empezando porque una de las seis acepciones que presenta para la palabra artista es el sustantivo artesano. Para artesano, la segunda definición que se lee es: “persona que ejercita un arte u oficio meramente mecánico”. Del arte dice que es una actividad humana que plasma lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. Y de artesanía declara que es “el arte u obra de los artesanos”. He ahí la dificultad para hacer una referencia precisa de Martín Cruz González, un artista o artesano de Tequisquiapan, cuyo sustento económico son los productos que vende en un mercado, aunque a lo que más tiempo le invierte es a las piezas únicas bordadas con mimbre que inscribe a concursos cada que tiene la oportunidad.

La recámara de Van Gogh constaba de dos sillas, una cama, un buró, múltiples cuadros pegados a la pared y una ventana; Jorge Luis Borges jamás habitó un lugar que no albergara una vasta biblioteca; Martín teje desde un sofá cubierto de piel que mira de frente a una pantalla plana cuyo uso verdadero, en este taller, bien podría ser reemplazado por el de un estéreo. A su derecha hay rollos de mimbre, a su izquierda una cubeta con el agua donde sumerge y suaviza su materia prima. El maestro Cruz habla para EnLaLupa.com mientras le da forma tridimensional a uno de los personajes de su siguiente obra: El calendario azteca.

“Yo soy artesano”, dice cuando se le cuestiona cómo se definiría a sí mismo, “nacimos con padres y abuelos artesanos; mis dos padres y mis cuatro abuelos. De mi esposa igual”. Bukowski dijo que amar podía ser un arte, pero Lucina, la esposa y socia de Martín desde hace 35 años, asegura que el matrimonio no es cosa fácil. La pareja se admira mutuamente, son un buen equipo. Ella se encarga del hogar —de la crianza y la comida— y se sienta a tejer, cada que tiene tiempo, a lado de su marido, quien solamente se levanta de su asiento para cubrir sus necesidades fisiológicas. Él se ha llegado a tardar hasta un mes en una sola pieza, como fue con La Gran Tenochtitlán, merecedora de un segundo lugar nacional. Lucina Rosario Mejía Mejía confecciona elefantes, globos aerostáticos, guacamayas y más figuras para satisfacer los pedidos de La Casa Queretana de las Artesanías y surtir su propio local en el mercado Telésforo Trejo, en el centro del municipio. Ambos son el sustento de esa casa y ese taller en la colonia La Magdalena, Tequisquiapan.

Son muchos los artistas que han muerto en la miseria; son pocos los que reciben créditos post-mortem. Cruz usa su talento para vivir, “yo lo que necesito es dinero para los gastos”. No lo dice con pesadez, considera que sus trabajos se venden a buen precio —3 mil pesos en promedio—, el cálculo lo hace “al tanteo”, sabrá él si está considerando las 12 o 14 horas que trabaja al día. Nunca le ha dolido dejar ir sus obras ganadoras mientras le paguen, a pesar de que algún día pretendió formar una colección de sus propios productos. Sancho Panza en su burro acompañando a Don Quijote, montado en su corcel, embistiendo un molino de viento, Guerreros Águila y Jaguar, Villa y Zapata, Aldama y Allende, la Corregidora y hasta su propia versión en mimbre de El pensador, son algunas de las figuras que ha vendido tras obtener premios estatales y nacionales y, una que otra, como pedido especial.

¿Vendrá implícito en el concepto de arte la innovación? No según la RAE, sin embargo resulta mucho más fácil considerar una pieza como “artística” cuando es algo nuevo, cuando es único. Para el matrimonio Cruz-Mejía, la innovación fue consecuencia de las inquietudes de Martín y una estrategia mercadológica que explica Lucina: “la gente siempre regatea, pero si uno innova, ya le pone el precio a lo que hace. Si lo pagan se lo llevan, sino no. Porque no hay nadie que haga esto, nuestras piezas son únicas.” A decir verdad, cualquier artista o artesano con el mínimo ímpetu por vender su trabajo diría que en ningún lugar se va a encontrar un producto similar. Y con razón, pues la mano humana no replica nunca nada a la perfección y, a pesar de ello, el detalle que esta alcanza sería difícil de lograr mediante una fabricación maquinaria. Además, los personajes, animales y objetos de mimbre en 3D que se elaboran en el taller Clarita, ciertamente son algo que rebasa lo ordinario, por lo menos en Tequisquiapan, donde la mayoría de las artesanías hechas con el mismo material son cestos y canastas.

En ocasiones, el taller se convierte en el sitio idóneo para la convivencia intergeneracional. Alberto Cruz, el tercero de cinco hijos, no tiene dudas: Martín es un artista. “Mi papá nació con el talento, hasta parece fácil todo lo que hace”, dice, mientras que de su madre expresa que ha perfeccionado su técnica con base en la perseverancia y el esfuerzo. “Yo no heredé el don”, se lamenta. Él, al igual que sus hermanos, apoyan al proyecto de sus padres con lo que pueden y cada que les sobra un poco de tiempo. Todos tuvieron la oportunidad de estudiar (los dos más jóvenes aún cursan una carrera universitaria) gracias al negocio familiar de artesanías. Los progenitores, al contrario, solamente cursaron la primaria.

Es artesano; por herencia familiar o por genética, por autodenominación, por necesidad y por convicción. ¿Qué caso tiene, entonces, inscribir su trabajo en un concurso si su última finalidad es recaudar dinero? Cruz titubea antes de contestar: “la verdad… porque me gusta ganar los concursos. Me pongo el reto de hacer piezas diferentes que sean difíciles, quiero hacer lo más que pueda”. Un orgullo muy digno de un artista.

Mientras habla con nosotros, Martín trabaja en El calendario azteca, una obra en la cual tres figuras humanas labran el monumento prehispánico mientras otro da cuentas al emperador, distinguido por su gran penacho. Es un trabajo riguroso, difícil de imaginar teniendo en cuenta que todo está hecho a base de mimbre y del cual se nos pide no hacer retratos puesto que está próximo a concursar. La RAE dicta que arte puede ser, también, “la capacidad o habilidad para hacer algo”. ¿Artesano o artista? Miguel Cruz se identifica más con lo primero, sin embargo su obra en proceso denota mucho arte en sus manos.

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