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Van ya siete limpiezas del río Querétaro, pero la suciedad persiste y el optimismo a veces flaquea

Crónica: Carlos P. Jordá/EnLaLupa.com

Fotos: cortesía de Habitantes del Río

 

Eran las nueve en punto de la mañana y el cuerpo no me respondía, el ambiente festivo decembrino se respiraba, comía y bebía desde antes de comenzado el mes. Con tres horas de sueño encima no lograba recordar el porqué del incesante vibrar de mi celular. No era una invitación a desayunar de algún familiar; era mi alarma. Tampoco era un error, ni un castigo autoimpuesto; el primer día de diciembre 2019 tocó en domingo y ello significó, para casi 200 queretanos, limpiar el río una última vez este año.

Ana Victoria Ezeta ,voluntaria en Habitantes del Río, se confiesa sorprendida por la asistencia registrada. “Pensábamos que, por las fechas, mucha gente no iba a venir”, esa es la razón por la cual el área de esta limpieza fue menor a las anteriores. Ana coordinó en esta ocasión; tuvo que estar al tanto de todo lo que pasa con las diferentes cuadrillas ciudadanas, aunque prefiere estar en contacto directo con la recolección de residuos físicos.

De siete ediciones, Ana sólo faltó a la primera limpieza ciudadana, igual que este narrador. Sin embargo yo me había limitado a observar lo que sucedía y contarlo en este portal desde mayo del presente año. Correr la voz era mi exclusiva tarea, pero hoy, aguas arriba, en La Cañada, fue diferente.

Llegué tarde —las citas para este movimiento suelen ser a las 9 am—, por ello no alcancé a tomar prestadas un par de botas de hule. Afortunadamente pude hacerme de unos guantes, de lo contrario, probablemente no me hubiese animado a levantar más de la mitad de la basura que recolecté y vacié en un costal. La falta de calzado adecuado me impidió entrar en el caudal, mas el trabajo no faltaba en las laderas.

“¡Que nadie se quede sin verlo! ¡Que nadie se quede sin conocerlo! Niños y adultos 10 pesos”, se anunciaban las últimas fechas del circo con un perifoneo al tiempo que yo me arrepentía de las pocas horas de sueño. Por su parte, lo que sí agradecí fue no haber desayunado, pues temía que mi estómago fuera incapaz de retener algo a causa de las pestilencias e inmundicias con las cuales estuve en contacto.

“¿Desde cuándo los perros usan papel higiénico?”

Fue casi una meditación. “Plástico eres y en plástico te convertirás”, pensé al darme cuenta de la ridícula cantidad de bolsas, botellas y envoltorios enterrados en la tierra y ocultos entre la hierba. “¿Desde cuándo los perros usan papel higiénico?”, me pregunté irónicamente, más bien para protegerme de la nauseabunda realidad. Y: “ojalá no vaya a ser yo quien se tome un consomé preparado con aquella oveja”, deseé cuando un reducido rebaño de borregos se alimentaba de la pastura que crece en la orilla del río y saciaba su sed con el mismo. La actividad fue cansada y en cada momento puso a prueba mi compromiso con la causa. Eso sí; lo preferí y lo sigo prefiriendo sobre cualquier clase de ritual religioso dominical.

“Puedes estar echado en tu casa un domingo en la mañana o venir a hacer algo que ayuda a tu ciudad”. Ana Victoria considera que lo más importante para lograr un cambio es la acción directa, “mucha gente sabe de la importancia de no tirar basura o de cuidar el medio ambiente, pero hasta que no lo estás viviendo o haciendo algo no te das cuenta. Falta mucho la conexión de lo pienso y lo hago”. Ella es activa y positiva, por ello se divierte recordando los artilugios inverosímiles, como un refrigerador, que ella y sus compañeros han encontrado en limpiezas pasadas.

Trato de contagiarme con ese optimismo, a pesar de no ver un gran cambio en esto que, mes con mes, intento relatar. El río sigue sucio y el sector juvenil es el más abundante en cada episodio de estas limpiezas ciudadanas. Los olores son los mismos, más o menos intensos, y siempre existe la posibilidad de hallar objetos que jamás se hubieran imaginado propios de un caudal.

Como propósito de enero me planteo narrar la próxima limpieza desde las aguas del caudal. Después de haber trabajado en las orillas concuerdo con Ana; no hay mejor forma de enterarse de la situación actual del río que entrando en contacto con él y ver en qué se ha convertido aquello que solía ser un vergel. Un deseo para 2020, también: que mucha más gente pueda acercarse y comprender que no necesita de un evento publicado en Facebook para salir a proteger el agua que desde siempre nos han dicho que se va a acabar y que, no obstante, nos hemos dedicado a ensuciar y despilfarrar.

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