Eric Rosas - La onda plana

T-MEC, de mano a mente de obra – Eric Rosas

Esta semana se firmó el acuerdo modificatorio del nuevo tratado de comercio libre entre los países de Norteamérica, el llamado T-MEC. Este acuerdo modificatorio se centró en el aspecto laboral y, todo parece indicar, que su redacción final fue ajustada para satisfacer exclusivamente las exigencias de los estadounidenses, respecto de lo que ellos consideran, prácticas que, en nuestro país, favorecen la violación sistemática de los derechos de los trabajadores.

Aunque detrás de los argumentos vertidos por la administración estadounidense para justificar la necesidad de firmar este acuerdo modificatorio, en realidad prevalecen las intenciones de volver menos atractivo a México, para aquellas compañías que eventualmente puedan considerar migrar sus operaciones a nuestro país; la realidad es que esta debería convertirse en otra inmejorable oportunidad para que los trabajadores mexicanos actualicen sus prácticas y se inserten profesionalmente en un sector en el que cuentan con amplias posibilidades de mejorar.

El razonamiento desde el norte va en el sentido de que las empresas que operan en nuestro país, ahorran cuantiosos recursos al evitar el pago de diversas obligaciones que, allá y aquí, la ley les impone para con sus trabajadores, como la seguridad social, las cuotas sindicales, etc., al tiempo que también les permite pagar salarios inferiores por trabajos iguales. En ocasiones estas prácticas han sido equiparadas con un dumping, pues efectivamente se vuelven una distorsión del mercado laboral mexicano, que termina desequilibrando la balanza en favor de nuestro país, aunque en realidad, en contra de nuestros trabajadores.Aparte de los riesgos que supone que un país pueda eventualmente injerir en políticas internas de otro, por ejemplo, en lo que respecta a la regulación de la actividad laboral, como es el caso particular de este acuerdo modificatorio, y que tales argumentos puedan ser usados por los Estados Unidos de América, con razón o sin ella, para coaccionar a México y lograr lo que en su momento deseen, como imponer cuotas o multas; el reto de fondo es si México tendrá la capacidad de hacer algo que jamás antes ha podido realizar: comportarse como un país serio y maduro en materia laboral.

Durante un cuarto de siglo, mientras el Tratado de Libre Comercio de América del Norte ha estado en vigor, los empleados mexicanos han aprendido a realizar su labor con los más altos estándares de calidad, al menos en sectores como el de las armadoras de vehículos ligeros, el aeroespacial, el electrónico, etc. Sin embargo, aparte de estas actividades de manufactura, México y sus distintos sindicatos de trabajadores, nunca se han preocupado por desarrollar en los empleados, competencias creativas que les puedan realmente volver competitivos ante la emergencia denuevas tecnologías.Si el T MEC llega a entrar en vigor y, por consiguiente, el acuerdo modificatorio en materia laboral se torna aplicable, veremos muy pronto como el mercado laboral mexicano se volverá cada vez menos atractivo para las empresas estadounidenses. Tendremos empleados capaces y experimentados de inicio, pero se quedaránobsoletos con el paso del tiempo; sin nuevas competencias en el espectro creativo; con regulaciones laborales que en efecto serán las que apliquen o convengan a los Estados Unidos de América; con salarios que irán en aumento hasta lograr la paridad con sus colegas en los países del norte; y con deficiencias profundas para innovar en sus puestos de trabajo.

Ante este escenario, las empresas que ya se encuentran en México, tendrán que poner en la balanza la posibilidad de capacitar, entrenar y – lo que se parece incosteable – desarrollar nuevas habilidades en sus plantillas de trabajadores; o buscar alternativas a la mano de obra mexicana, que podrían llevar a la introducción de robots o al traslado de sus operaciones, ya sea a otro país menos regulado y con mano de obra más barata, o a su país de origen, que es lo que al final busca Trump. El reto para México, su gobierno, pero principalmente las jóvenes generaciones de trabajadores, está en entender que nuestras ventajas deben residir en nuestra mente de obra, y ya nunca más en nuestras precarias condiciones laborales.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

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