Jorge Luis Montes - Psique Parlamentaria

Yerros imperdonables – Jorge Luis Montes

Un gobernante es proclive a cometer errores y por ende no es dable la crítica a la comisión de yerros. Sin embargo, siendo que las decisiones del gobernante impactan positiva o negativamente en la vida de los ciudadanos y estos pueden contarse por cientos, miles o millones, es indispensable entonces una reflexión profunda en torno a la toma de cada decisión que asuma como autoridad.

Tal reflexión debe maximizarse al momento de la designación del equipo que ha de acompañarle en el desahogo de las tareas; siendo que de ella dependerá el éxito o el fracaso de su agenda fijada.

Hay que reconocer que la condición humana hace carecer de la virtud de la ubicuidad a un gobernante, obligándole a delegar muchas de sus principales facultades en los funcionarios designados por él.

De ahí la necesidad apremiante de rodearse de un equipo con conocimiento en la materia y con la suficiente experiencia; dos cualidades indispensables y una tercera que quizás deba ser prioridad en la balanza, un cúmulo de valores como lealtad, honorabilidad, honestidad, sensibilidad entre otras.

Muchos ejemplos hay en la historia del cómo influyen los funcionarios de segundo nivel en el éxito o fracaso del proyecto presidencial. Una mala decisión en la designación de los puestos claves puede ser, sin exagerar: catastrófica.

Para ejemplificar mi teoría, del cómo una mala decisión en el nombramiento de un determinado funcionario puede llevar al fracaso a toda una agenda de gobierno, tomaré el caso de García Luna como secretario de Seguridad Pública, designado por el entonces presidente Felipe Calderón. La principal bandera del efímero gobierno panista fue el combate a los cárteles de la droga.

El primer sexenio de ese partido en el poder, presidido por Vicente Fox, García Luna fue designado para la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) y con Calderón Hinojosa, fue nombrado secretario de Seguridad Pública. En los dos puestos claves en el combate al narco designaron a García Luna que cumplía con los dos primeros requisitos, experiencia y conocimientos en las áreas de seguridad, pero absolutamente carente del tercer requisito, pues era un funcionario sin valores y sin escrúpulos.

Dando el beneficio de la duda a los líderes panistas, pero sin exonerar a nadie, quiero pensar que sí tenían la intención de combatir ese «cáncer que acaba con la sociedad», como lo decía el propio Calderón y para ello nombraron a Genaro García Luna, quien hace algunos días fue detenido por el gobierno de Estados Unidos por brindar protección al Cártel de Sinaloa.

La detención de García Luna por parte de Washington responde a la protección que desde sus cargos en el gobierno dio al cártel de Sinaloa, lo que explica el fracaso rotundo en el combate a la delincuencia organizada, pues no sólo protegió a cárteles de la droga, todo indica que también lo hizo con secuestradores.

El error de los ex presidentes panistas ha costado a nuestro país miles de vidas humanas, una guerra sangrienta que lejos de llevar al éxito, desembocó en un fracaso por demás vergonzoso. Designar a un mercenario en tareas estratégicas de seguridad nacional fue la peor de las decisiones de ambos presidentes. Hay voces que aseguran que ambos mandatarios tenían conocimiento de los nexos de García Luna con la delincuencia. De ser cierto esto no pueden perdonarse tamaños errores y se deben pagar las consecuencias de sus yerros.

Hay quienes afirman que esos errores huelen más a complicidad y viniendo de los panistas, todo se puede esperar.

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