Julio Figueroa - Vistas

Enseñanzas del guerrero / Sidi (III y última) – Julio Figueroa

–Se equivoca quien hace la guerra con la única esperanza de vencer siempre. Hay que educarse también para la derrota.
–Cuatro cargas… Y hasta la última no creí que ganaríamos. (p. 350).

–Si un guerrero va a morir y está dispuesto a ello, actúa como si ya estuviera muerto. (p. 291).

–Arrodillado junto a moribundos moros y cristianos, confortándolos camino del paraíso de cristo o del jardín del profeta. Hermanándolos en el último viaje. (p. 359).

–Sidi, con la humildad del guerrero, no del pordiosero. Paciencia, saber esperar, saber hacer, saber morir, saber vivir. “Prometer menos de lo que se puede lograr” (p. 354).

–No hay hombre más cobarde que yo en vísperas de la batalla. (p. 354).

–Los hombres no son ideas; si los pierdes, no tienes más. (p. 292).

–No había querido esa batalla, pero ya no estaba en sus manos evitarla. (p. 288). Las cosas de la guerra son inseguras. (p. 269). El azar y la vida juegan sus propios naipes. (p. 61).

–Enemigos hablándose, en busca de un pacto, negociando términos para no acuchillarse en los próximos días. (p. 276).

–Un hombre justo no puede pensar en la victoria o la derrota, sino en combatir valerosamente hasta el fin. Morir es una pérdida; vivir, una ganancia. De poco sirven los hombres justos o valientes cuando están muertos. (p. 369).

–Eran hombres sencillos y rudos, capaces de matar sin remordimiento y de morir como era debido. (p. 254).

–En cuestión de afectos, la guerra es el país de los hombres solos. (p. 131).

–Alfonso VI me ha desterrado, pero él sigue siendo mi rey. (p. 82).
Sidi, leal a su señor, a su idea, a su creencia, a su conciencia.
–Mi nombre es el único patrimonio que tengo. (p. 123).
–Eso no está escrito en ninguna parte.
–Sí que lo está.
–¿Dónde?
–En mi conciencia. (p. 122).

–Las ideas deben cocinarse despacio, y no sólo en la cabeza propia sino en la del otro. Darles tiempo. (p. 144).

–El silencio reforzaba su autoridad. (p. 37).

Arturo Pérez-Reverte es un escritor profesional moderno. Sabe exponer limpiamente sin mancharse. Poner todo en una frase. Rotunda, precisa, expansiva. Sentado en su butaca, ve la película panorámica y nos invita a verla. Las palabras no vuelan, caminan y, a veces, galopan.

–El Cid luchó contra musulmanes y contra cristianos y se alió con musulmanes. Esa ambigüedad del personaje es lo que he querido marcar. Pero también he reflexionado sobre su liderazgo y su don de mando y cómo se ejerce. No sólo tenía valor sino también inteligencia y talento. En aquel tiempo las ideas no valían nada si no se actuaba. Cuando uno necesita comer, las ideas son secundarias. Mirar el mundo (y actuar) es fundamental para sobrevivir.

Las enseñanzas del guerrero y del novelista.

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