Niels Rosas Valdez - Procesos del Poder

La batalla de los más grandes – Niels Rosas Valdez

A inicios del año pasado, tanto China como Estados Unidos de América (EUA) fueron nota al haber hecho que la nave espacial Chang’e-4 lograra alunizar en el lado oscuro de la luna y que pudiera mantener contacto con la Tierra desde ahí, y al haber descubierto un cuerpo estelar de 33 kilómetros de largo denominado Ultima Thule, respectivamente. Meses después, a finales del año que acaba de terminar, dichos países anunciaron un acuerdo que pondría “punto final” a su guerra comercial desatada en marzo de 2019. De principio a fin de año, China y EUA se ven envueltos en las noticias estelares. ¿Qué nos espera este año?

En un mundo altamente globalizado e interconectado como lo tenemos hoy en día es casi imposible no conocer las noticias y eventos del momento. En la actualidad encontramos a dos enormes potencias mundiales como China y EUA en una flagrante disputa por la hegemonía internacional. Este escenario al inicio del segundo milenio de nuestra era no existía. Los estadounidenses junto con los británicos, líderes de la Unión Europea, eran los hacedores de la política internacional. Desde luego también existían otros agentes de suma importancia en el globo, como Japón, Alemania y Francia, y aunque los dos primeros tenían –y siguen teniendo– una mejor economía que la del Reino Unido (RU), su presencia internacional no figuraba tanto como la de Westminster.

Sin embargo, el crecimiento anual de la economía china al paso de los recientes años le permitió sobrepasar a la británica en 2006, a la alemana un año más tarde y a la japonesa al final de la década pasada (2010), imponiéndose en el segundo peldaño de la economía mundial sólo por detrás de EUA, que desde el primer tercio del siglo pasado figuraba entre las economías más grande del mundo. Pero no es lo único en lo que el país de los ríos azul y amarillo ha mejorado considerablemente en los últimos veinte años. Su academia se ha perfeccionado de una forma no vista quizá desde la de Corea del Sur en las décadas pasadas. Su milicia también ha sido mejorada y ampliada, a tal grado de superar en varios rubros a la de Rusia, aunque permanezca en el tercer lugar mundial según Forbes. Y en tecnología su despunte es abrumador, desarrollando automóviles, aviones, aparatos electrónicos, etc., y bueno, prueba de ello es la red 5G, el Chang’e-4, entre otros.

Todos estos elementos son cruciales para contemplar un país como hegemónico en el mundo y China ha sabido generar este crecimiento y perfeccionamiento en todas estas áreas, y otras más, para serlo. Esto nos lleva a la trampa de Tucídides, que dicta la preocupación de una nación hegemónica ante el ascenso vertiginoso de otra, como le sucedió a Atenas ante Esparta, en la antigua Grecia, lo que desató una guerra; o al Reino francés ante el Imperio Austriaco en el siglo XVII; o al RU ante el imperio alemán a finales del siglo XIX y principios del XX, que culminó en la Primera Guerra Mundial; o bien, lo que sucede ahora con EUA y China, que si bien no ha habido una guerra militar, sí hay muy claros mensajes de una confrontación tecnológica, económica, de seguridad y de influencia política en el globo.

En este escenario es importante mencionar que si bien las relaciones entre ambos países se tornaron más álgidas en el año pasado, se debió mucho a la política exterior librada por el mandatario estadounidense, Donald Trump, que en general ha sido muy agresiva con sus rivales, como Corea del Norte, Venezuela y la misma China, pero también con sus supuestos aliados, como, México, Francia y Alemania. A decir verdad, un presidente demócrata no habría seguido una política tan ofensiva o provocadora como lo ha hecho el republicano, pero tampoco habría dejado las cosas como están con Xi Jinping. En mi opinión, habría confrontado a China de una forma más sutil sin que escalara a una guerra comercial, es decir, parte de la razón por la que Trump lo hizo así fue por su escasa pericia política y la necesidad mayúscula de que en su nación lo vieran como un héroe y así no continuar perdiendo seguidores.

Este año permanecerá la confrontación, pero el terreno será mucho más frágil para EUA que para China, pues aun suponiendo que el impeachment de Trump no proceda, al final de este año se celebrarán las elecciones presidenciales en donde los demócratas se han visto políticamente reforzados desde hace un par de años ante la masiva crítica hacia el actual presidente por sus gravísimos errores políticos. Por lo tanto, y ante la pérdida de credibilidad del electorado, no se puede dar el lujo de cometer errores en algo tan importante como lo es la competencia contra un rival global de peso como China, y en un año tan importante como este. En cambio, Xi Jinping la tiene más fácil, pues él es el secretario general del partido comunista chino, o sea la máxima autoridad en el país, en donde hace un par de años reformaron la constitución, permitiendo que el secretario general pueda permanecer en el puesto de forma vitalicia. Así, él no estaría encaminado a ninguna elección popular y sus errores no serían castigados, considerando la muy limitada libertad de expresión y de prensa en el país. Con esto parece que China bien podría sacar ventaja en este año si juega sus piezas con estrategia y timing como lo ha hecho hasta ahora.

Escritor, historiador e internacionalista
@NielsRosasV (Twitter)
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