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Karla supera su discapacidad y se inserta en el mundo laboral

Reportaje: Betsabé Guzmán/EnLaLupa.com

Fotos: César Gómez Reyna/EnLaLupa.com

 

Cuando tuvo frente a sus ojos las instalaciones de la universidad, Karla miró a su mamá y le dijo: “aquí se me va a quitar la discapacidad”.

Karla Álvarez es una chica de 25 años, sueña con tener su departamento para vivir ella sola, sus cantantes favoritas son las hermanas Ha-Ash; practica el arte marcial capoeira, dos veces por semana con su maestro Hugo Reyes y está por concluir su periodo de prueba para conseguir su contrato definitivo en Cielito Querido Café.

A los seis meses de edad le fue detectado retraso psicomotor, el diagnóstico fue desalentador pues se desconocía la magnitud de su condición. El pediatra no aseguraba que pudiera hablar, incluso que llegara a caminar.

Karla forma parte de un programa denominado “Inclusión Laboral” creado por Francisco Teutli, licenciado en Educación Especial, en el área de Discapacidad Intelectual, quien cuenta con una maestría en Terapia Familiar y de Pareja, pero de unos años para acá se especializó en el tema de Sexualidad para las personas con discapacidad.

Teutli es director del Centro de Apoyo y Calidad de Vida CALI A.C, que fundó con su esposa Marta Elena Ramírez en 2013. Actualmente el centro atiende a 42 jóvenes con discapacidad intelectual, 13 de los cuales laboran en distintas empresas de Querétaro.

CALI nació a partir de la falta de espacios para jóvenes entre 14 y 25 años, que después de concluir la primaria, se quedaron sin acceder a la secundaria. “De pronto las escuelas ya no saben qué hacer en una etapa más elevada como es la secundaria, la preparatoria; las oportunidades de los chicos se ven muy reducidas. De hecho muchas veces los dan de baja, entonces terminan en sus casas”, señaló Paco.

Olga Ortiz, mamá de Karla, está orgullosa de su hija, se le ilumina el rostro cuando habla de ella. “Se levanta a las 6 de la mañana solita, pone su despertador sola, se pone pulcra, hace su lunch sola, es una chica autosuficiente”, comentó.

Resaltó la importancia de que los jóvenes con discapacidad cuenten con las herramientas necesarias para que no dependan de nadie. Por ejemplo, “Karla es una perfecta compañía para sus hermanos (Mariana y Luis Felipe) El día de mañana que yo no esté, que sus hermanos digan: mi hermana está ocupada en sus cosas y nosotros podemos hacer nuestra vida”, mencionó.

INCLUSIÓN LABORAL

Por razones personales y familiares, Paco y Marta decidieron vivir en Querétaro, pero con un objetivo en mente: crear un Centro de Apoyo para jóvenes con discapacidad.

Paco fue coordinador nacional de un programa de atención a personas con discapacidad por parte de la Secretaría de Educación Pública, experiencia que le permitió percatarse de la falta de espacios para los jóvenes con discapacidad intelectual.

Inspirado por un programa llamado “Construyendo Puentes” en CDMX, que consiste en incluir jóvenes que están en edad para ingresar a estudios universitarios, se acercó a la Universidad del Valle de México (UVM) campus Querétaro, para implementar un programa igual, bajo el nombre de “Contigo en la UVM”.

Al programa de la universidad ingresan jóvenes entre los 18 y 25 años de edad, quienes participan en actividades académicas como son Gastronomía, Comunicación, Diseño de Modas, Fisioterapia, entre otras, así como en actividades recreativas, sociales y deportivas.

En promedio están cuatro años en la universidad y en el último año se les instruye en competencias laborales para que más adelante puedan trabajar. Tienen un periodo de práctica en la institución educativa y luego pasan a ambientes reales de trabajo. Es aquí donde nace el programa de “Inclusión Laboral”.

“Busco que sean trabajos dignos para los chicos, que ellos lo elijan y además les guste. No son cosas que los papás o yo decidamos, sino que sean las y los jóvenes; por eso es muy padre el ambiente universitario porque se les dan varias opciones, a partir de las cuales descubren lo que les gusta y hacia dónde se pueden dirigir”, indicó Paco.

Actualmente son 13 jóvenes del programa “Inclusión Laboral” que están en empresas como Gerber, Eaton, Super Q, Fresko, Starbucks, Cielito Querido Café. Sus horarios de trabajo varían según la empresa y cuentan con todas las prestaciones de ley.

La tarea de Paco, como director de CALI y coordinador del programa de “Inclusión Laboral”, no termina en conseguir los espacios de trabajo para los jóvenes con discapacidad, sino que también realiza una supervisión, se trata de la aplicación de un modelo denominado “Empleo con Apoyo”.

“Los chicos con discapacidad Intelectual en particular, van a presentar en determinado momento una dificultad en las relaciones interpersonales, en esas altas y bajas que de pronto tienen, les ofrecemos apoyo para que puedan continuar”.

Con el modelo se trata de asegurar la permanencia del empleo para los jóvenes, por lo que al principio las supervisiones son diarias, pero en la medida en que desarrollan sus actividades solos, la supervisión se aplica de forma moderada.

EMPRESAS INCLUYENTES

“Las empresas en Querétaro han hecho una gran labor por abrirnos sus puertas, pero además se encuentran con jóvenes competentes”.

Paco no puede disimular la emoción del progreso que presentan los del grupo de “Inclusión Laboral”. Y habla de Juan Pablo, quien trabaja en una empresa líder en tecnología de productos eléctricos, ubicada en el Parque Industrial Querétaro. Lo describió como un joven proactivo, puntual, con disposición, que se relaciona muy bien con sus compañeros de trabajo.

-¿Cuál es tu sueño, Paco?, le pregunté.

A Teutli se le quiebra la voz, sus ojos brillan, respira profundo para hilar las palabras y responde: “Mi sueño es que los chicos sean independientes. Que de pronto pudieran vivir en un departamento, en pareja, entre amigos; que hagan su propia vida, moverse por la ciudad, divertirse, trabajar, llorar, que tengan una vida como cualquier otra persona.”

KARLA Y SU AMOR AL TRABAJO

Tuve la oportunidad de conocer a Karla en el café donde trabaja desde hace dos meses. Siempre está activa: limpia los vidrios, sirve los cafés, acomoda las sillas, lava el baño.

Porta el uniforme negro con orgullo, sonríe, está al pendiente de los clientes.

Fue ochomesina; luego de un parto difícil le detectaron hipotiroidismo congénito. Cuando tenía seis meses, su mamá observó que al sentarla así se podía quedar por mucho tiempo, lo cual no le pareció normal. Entonces acudió con el pediatra, quien al realizarle un mapeo cerebral le diagnosticó retraso psicomotor.

Eran nulas las esperanzas de que hablara y caminara, pero gracias al carácter de Karla, lo logró. Durante 13 años estudió en una escuela de Educación Especial y además recibió clases particulares de lectura y escritura, con su maestra Mónica Fonseca.

Una cosa llevó a la otra, pues Mónica, sobrina del director de CALI, le sugirió a Karla que continuara sus estudios en dicho centro, pues contaban con un programa para ingresar a la universidad.

Entre las materias que cursó están las de Comunicación, Expresión Oral, Expresión en Medios, Radio. Ésta última se convirtió en su materia favorita porque participaba en un programa deportivo, en donde hablaba de su equipo de fútbol: Los Gallos.

En el último año, empezó con sus prácticas laborales, primero dentro de la universidad, luego fuera de ella y finalmente fue contratada en Cielito Querido Café.

-Karla, ¿cómo te tratan tus compañeros de trabajo?

-Bien, feliz, me respondió, con respeto y me quieren.

-¿Con quién te llevas mejor de tus compañeros?

-Pues todos somos iguales. Con Paloma me llevo muy bien, porque es una buena chica; con Uriel, Richi me capacita.

-¿Cuánto tiempo llevas en el trabajo?

-Casi dos meses. Me ha gustado y por lo que veo ahí me voy a quedar. Estoy muy feliz, porque me merezco ese trabajo.

OLGA, DEL LLANTO A LA RISA

El 14 de octubre es cumpleaños de la mamá de Karla y fue el día en que la dejó por vez primera en la parada del transporte escolar de la UVM. Confiesa que lloró, lloró y lloró, pero del llanto pasó a la risa cuando Karla le llamó para avisarle que ya estaba en la universidad. –Para que no chilles, le dijo.

Después la angustia empezó por el regreso. El vehículo de la institución llega a una plaza comercial y de ahí los papás deben acudir por los jóvenes. En una ocasión, Karla se quedó dormida, no se bajó en el lugar indicado. Olga se fue tras el vehículo para esperarla en la siguiente parada y se dio cuenta que su hija se encontraba en perfecto estado.

Olga se ha dedicado en cuerpo y alma a la educación de Karla. Cuando era pequeña, la enseñó a gatear, luego a caminar. Posteriormente la inscribió en una escuela para que recibiera terapia de lenguaje, luego la llevó al preescolar, pero después desistió porque los niños y niñas en esa etapa no entienden de la discapacidad.

Estuvo 13 años en una escuela de educación especial, de ahí llegó a CALI, en donde la vida de ambas cambió. Olga se enfrentó a otros miedos, le surgieron otras dudas, que poco a poco disipó conforme el director del Centro de Apoyo le explicó de los programas que ofrecían.

Cuando Karla se graduó del programa “Contigo en la UVM”, fue emotivo. El diploma era lo de menos, para Olga significó más la inclusión, el respeto de los maestros hacia los jóvenes con discapacidad. “Y como papás, es un aliciente para decir: gracias, ya no quiero que los quieran, quiero que los respeten”.

Olga no hizo distingos en la educación de sus hijos, ni de Mariana (la mayor), Karla (la de en medio) ni de Luis Felipe (el más chico); los tres han recibido las mismas oportunidades.

Después de la universidad, el trabajo se convirtió en lo más importante para su hija. Reconoció que no le fue fácil aceptar que Karla lavara el baño de la cafetería o que barriera, pero lo ha aceptado al verla feliz.

“Para ella no representó ningún problema, pero para mí fue un choque. Después me relajé, sé que debe generar su vida, su dinero; no se sabe qué te depara el día de mañana”.

El sueño de Olga, como toda mamá, es que Karla tenga un novio, su propia casa y desde luego que sea feliz.

Como mensaje final, les pide a los papás que tienen hijos o hijas con discapacidad, que “los avienten al mundo, porque lo tienen qué hacer, así de sencillo. No tengan miedo, son jóvenes que valen mucho y dan grandes sorpresas”.

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